Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Históricamente, las sociedades han buscado formas o estrategias para brindar los mejores servicios educativos a las generaciones jóvenes en aras del progreso y bienestar de su respectiva población. Actualmente, los países que han logrado vincular esfuerzos de la escuela y la familia, en el objetivo común de formar a niños y jóvenes, son los que muestran los mayores avances educativos y en todos los órdenes de la vida en sociedad. En México se ha intentado vincular a estas dos instituciones con el propósito de elevar la calidad de la educación; pero, por diversos motivos, no se ha logrado el fin. El nuevo Modelo Educativo, por tanto, retoma este objetivo justificando, “Para que el alumno logre un buen desempeño escolar se requiere que haya concordancia de propósitos entre la escuela y la casa.” Para ello se necesita que ambas partes comprendan los beneficios que se obtienen con la articulación de esfuerzos educativos y que aliñen sus acciones al mismo objetivo de mejoramiento.

La escuela y la familia, se asienta en el Modelo, al reconocer y aceptar las ventajas deben trabajaren forma mancomunada en bien de la educación: el Consejo Técnico Escolar y el Consejo Escolar de Participación Social son corresponsables en garantizar que los padres cumplan, entre otras, con las siguientes obligaciones: asegurar que niños y jóvenes asistan regularmente a la escuela, con la adecuada alimentación, con su necesario descanso y habiendo realizado y cumplido con las tareas escolares; construir un ambiente familiar de respeto, afecto y de apoyo para el desempeño escolar, en el que se fomente la debida sensibilidad para conocer las necesidades e intereses de sus hijos; conocer las actividades y los propósitos educativos de la escuela, manteniendo una comunicación respetuosa, fluida y recíproca; apoyar a la escuela de común acuerdo con el profesor, en la definición de expectativas ambiciosas para el desarrollo intelectual de sus hijos; lograr involucrarse en las instancias de participación y contraloría social que la escuela brinda a las familias para contribuir a la transparencia y rendición de cuentas de los recursos y programas; fomentar y respetar los valores que promueven la inclusión, el respeto a las familias y el rechazo a la discriminación.

Nadie puede estar en contra de lo que plantea el Modelo Educativo, en relación con el trabajo mancomunado entre la escuela y la familia para mejorar la educación; como tampoco nadie puede negar la importancia de los contenidos de aprendizaje del plan y programas de estudio en la formación de estudiantes; pero, para su cabal cumplimiento, se tendrían que superar las barreras que limitan la participación de todos los padres en apoyo a la escuela; por ejemplo, se debe asegurar que los consejos de participación social funcionen, efectivamente, conforme la normatividad que los sustenta y dejen de ser simples membretes; reconocer y aceptar que, hoy, en la mayoría de las familias trabajan papá y mamá, dejando solos a los hijos en las actividades escolares; por lo que se requieren ideas imaginativas, pero sobre todo, disposición de todas las partes para garantizar que, por lo menos, uno de los padres de familia esté al cuidado de los escolares; también se necesita dejar atrás la distorsionada creenciaque la escuela es la única responsable de enseñar y educar, cuando la formación de los niños, los adolescentes y los jóvenes, es tarea compartida entre la escuela y la familia. Y, por el lado de la escuela, es igualmente necesario superar la concepción de que los padres de familia tan sólo pueden intervenir en la escuela para aportaciones económicas y para ser enterados del mal comportamiento de sus hijos; siendo su intervención fundamental en las actividades relevantes de la escuela.

Si queremos, realmente, mejorar la educación de nuestros estudiantes hagamos que la escuela y la familia vinculen sus esfuerzos en ese propósito.