José Carlos Romo Romo

Estimado lector, por lo general, este espacio lo destino a comentar con Usted temas locales o nacionales, sin embargo, esta semana captó poderosamente mi atención la decisión colectiva que tomaron los escoceses para rechazar la posibilidad de ser una nación independiente y, en consecuencia, seguir cohesionados al Reino Unido. Más allá del resultado arrojado, este ejercicio democrático resultó toda una fiesta cívica para el pueblo escocés, demostrando madurez y seriedad en su actuar ciudadano. De un universo de casi 4.3 millones de electores potenciales (mayores de 16 años de edad), participaron en las urnas un total de 3.6 millones de personas, lo que representa una cifra extraordinaria del 84.6%.

Recordemos que Escocia se unió a Inglaterra para formar el Reino Unido (United Kingdom o simplemente UK) hace más de tres siglos, mediante la denominada “Acta de Unión” (“Act of Union”), suscrita por ambos países el 1º de mayo de 1707. Posteriormente, el Reino de Irlanda se les unió en 1801, sin embargo, mediante el llamado “Tratado Anglo-Irlandés” (“Anglo-Irish Treaty”), firmado en 1921 y efectivo a partir del año siguiente, se independizó la ahora conocida República de Irlanda. Actualmente, el Reino Unido lo integran cuatro países, como lo son Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, naciones con una alta tradición anglosajona, regidos por una monarquía parlamentaria encabezada, hoy en día, por la Reina Isabel II.

La historia de encuentros y desencuentros entre Escocia e Inglaterra es muy larga, basta recordar una de mis películas favoritas, “Corazón Valiente” (“Braveheart”), protagonizada por Mel Gibson y que versa sobre la primera guerra entablada por los escoceses para lograr su independencia de los ingleses, a finales del siglo XIII y principios del XIV. De unos años a la fecha, ese espíritu independentista, presente en amplios sectores de la sociedad escocesa, había venido tomando fuerza, impulsado principalmente por el Partido Nacional Escocés, el cual actualmente controla la mayoría absoluta en el Parlamento de este país.

La pregunta del referéndum era muy sencilla: Should Scotland be an independent country?, es decir, ¿Debería Escocia ser un país independiente? Las opciones de respuesta eran muy sencillas, un “sí” o un “no”, mas las implicaciones de la respuesta eran muy variadas y complejas para considerar. Los múltiples sondeos de opinión practicados de forma previa a la jornada comicial del pasado jueves, en su mayoría, se inclinaban por la negativa, posición apoyada fundamentalmente por los escoceses de avanzada edad y las mujeres, seguramente apoyados en la nostalgia que provoca el pasado y la racionalidad sin apasionamientos que caracteriza al sexo femenino.

El resultado es contundente, los escoceses optaron por seguir dentro del Reino Unido (aproximadamente, 2 millones de votos por el “no” a la independencia por 1.6 millones de votos por el “sí”, es decir, 55.3% del total de la votación válida emitida se pronunció por la negativa a independizarse mientras que el otro 44.7% por su respaldo a la misma).

Algunas de las probables implicaciones que hubiera tenido, en el corto y mediano plazo, la independencia de Escocia, serían las siguientes, hipotéticamente hablando:

  • La constitución de un nuevo Estado con su propio gobierno, seguramente bajo la forma parlamentaria y electo por los mismos escoceses.
  • La creación y circulación de una nueva moneda, dejando la libra esterlina y mirando al euro como futura moneda, en el caso de que la Unión Europea (UE) admitiera a Escocia como uno de sus Estados miembros.
  • La recaudación y ejercicio de sus propios recursos públicos, determinando libremente en qué invertir y cómo prestar los servicios públicos, asumiendo también el pago de un porcentaje de la actual deuda pública del Reino Unido.
  • La incertidumbre y desventajas que hubiese implicado quedar fuera, provisionalmente, de la Unión Europea, teniendo que cumplir con el procedimiento que, para la admisión de un nuevo Estado, establecen los tratados europeos.
  • El ingreso del nuevo Estado, casi en automático, a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
  • La integración de una nueva fuerza militar, ajena al ejército que, hoy en día, protege al Reino Unido.
  • La modificación de la bandera del Reino Unido, conocida como la Union Jack, posiblemente suprimiendo la cruz blanca en diagonal que al día de hoy tiene y que simboliza la integración de Escocia al mismo.
  • Servir de ejemplo y abrirle la puerta a futuras escisiones de Estados, comunidades o provincias con anhelos separatistas, como es el caso de Cataluña o el País Vasco en España.

Con todos estos elementos y comentarios, yo le haría la pregunta a Usted: ¿Hubiera votado a favor o en contra de la independencia de Escocia? Si me cuestiona a mí, yo le respondería que mi voto sería en apoyo a la misma, porque creo que los pueblos tienen el legítimo derecho a aspirar a mejores condiciones de desarrollo, particularmente en lo social y en lo económico, aunque en este tipo de apuestas, por supuesto, se puede perder mucho más de lo que se pretende ganar.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención.Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

Correo electrónico: carlosromo38@hotmail.com

Twitter: @josecarlos_romo

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