Por J. Jesús López García

51- Óptica Matute por el Arq. Francisco Aguayo Mora (1955)Hasta el inicio del último cuarto del siglo XIX Aguascalientes se asumía, pese a su relativamente entonces nuevo estatus de ciudad capital de un estado independiente, como una pequeña población de provincia donde predominando las masas y las alturas de edificios eclesiásticos, el resto de lo construido mantenía unas proporciones más bien, domésticas.

Con la industrialización detonada por la instalación de los talleres ferrocarrileros y de la fundición, esa escala casera inició su transformación de un modo cada vez más acelerado: solares de huerta y grandes predios baldíos –correspondientes muchos a viejas haciendas– fraccionados para alojar edificios más altos, un sistema vial, y unas redes de abastecimiento de servicios, planificados para facilitar el flujo de vehículos, personas y bienes.

Al consolidarse esa visión de lo urbano como el ámbito público donde producción, distribución y mercado modernos conviven codo a codo con los espacios tradicionales de la vivienda y las actividades comunitarias, la dimensión de la ciudad se amplió de manera exponencial en pocos años. Los barrios antiguos donde los sitios para vivir y trabajar se disponían en la misma finca comenzaron a ceder lugar a favor de colonias y fraccionamientos destinados solamente al uso de la vivienda, diluyendo así los lugares que congregaban comunidades de habitantes con ocupaciones –dependientes de modos de producción– similares y con ello, usos, costumbres y experiencias sociales que les acompañaban.

Más ello fue ocasión propicia para recientes experiencias comunitarias a partir de modernas escalas edificatorias que escapaban ya a la tradicional fábrica de adobe, piedra y madera. Nuevos materiales y técnicas dieron por resultado esa proporción donde los edificios, al margen de su ocupación por usuarios tal vez no tan numerosos –de departamentos, tiendas u oficinas–, proporcionaban al entorno urbano una cara, reconocible para todo transeúnte, merced a unas mayores dimensiones y a una disposición urbanística diferente donde el aforo al sitio se daba ya por velocidades distintas y contingentes más cuantiosos.

La arquitectura en nuestra ciudad hizo suya esa escala urbana, y el discurso de la composición se adaptó a proporciones mayores y a condiciones que ellas acarrearon. Esa forma de proyectar la arquitectura fue consolidándose con el paso del tiempo. Los ingenieros y los maestros constructores iniciaron el proceso en clave Déco y en otras tendencias de diseño, pero fue con los arquitectos a mediados del siglo XX cuando los edificios incorporaron a su constitución soluciones diferenciadas para los espacios de la planta de acceso con establecimientos comerciales destinados a usuarios múltiples y variados, y para los niveles superiores locales de servicios y departamentos habitacionales, enfocados a clientes más específicos y homogéneos, todo dedicando a su contexto los rasgos de una arquitectura más extrovertida, con una vocación muy clara para transmitir a quien le percibiese, un discurso moderno de vanos horizontales amplios con elementos constructivos de trazo limpio que remitían a la ligereza de paramentos más despejados.

En las calles más transitadas del Aguascalientes de mediados del siglo pasado pueden apreciarse aún varios de los edificios que siguen siendo referencia del sitio urbano, que sin tener un nombre propio, a menudo se les conoce con la denominación del nombre del establecimiento que alojan buscando una palabra reconocible para el objeto arquitectónico bien identificado.

De entre los arquitectos que moldearon esta escala arquitectónica contemporánea para Aguascalientes destaca el arquitecto Francisco Aguayo Mora, estableciendo un campo de ejercicio para la próxima generación de profesionales que en este género de edificios encontrarían un filón de experiencia que a su vez, redituaría a nuestra ciudad un entorno espacial de mayores resonancias urbanas.

Con el tiempo, estos inmuebles han ido perdiendo lustre no debido a sus características arquitectónicas o constructivas, sino a causa de nuevas modalidades de ocupar y utilizar la ciudad donde el auto más que el espacio, condiciona su uso, aunque gradualmente hoy en día vuelve a revalorarse la riqueza de habitar en sitios consolidados donde cada edificio por sí solo –con sus capas de usos diferenciados dispuestas verticalmente– es un referente del lugar y cada uno muestra su personalidad frente a la habitación homogénea de conjuntos horizontales.

Actualmente, sin una ocupación de sus niveles superiores, podemos apreciar las perforaciones circulares en la losa de la terraza superior de la Óptica Matute en la calle Madero que sirve de referencia al negocio dedicado a la venta de lentes. Eso hace la buena arquitectura, dotar de imagen a lo que sólo sería un nombre, dotar de escala, a lo que sólo sería una calle.