Érika Hernández y Jorge Ricardo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 14-Sep.- A una semana del sismo de magnitud 8.2, la crisis por el desabasto se extendió entre cientos de localidades, desde el Istmo de Oaxaca hasta los Altos de Chiapas.
Al menos 109 localidades chiapanecas y 41 oaxaqueñas fueron declaradas como zonas de emergencia. A siete días del terremoto las autoridades no han concluido el censo de afectados ni hay control sobre el manejo de despensas.
Gustavo Argyll González, Alcalde de San Pedro Tapanatepec, ubicado al sur de Oaxaca, en los límites con Chiapas, dijo que los helicópteros de la Policía Federal aterrizan en un predio, donde la gente toma las cajas con víveres.
“Sí hay un funcionario asignado y se está realizando el censo, que vamos a terminar mañana; pero no hay una buena logística para entregar los apoyos, y eso no está bien. Es un caos”, criticó el Edil priista.
Hermenegildo Santiago, Alcalde de Santa María Xadani, localidad istmeña que visitó el Presidente Enrique Peña el miércoles, aseguró que no se está actuando rápido y con la abundancia que se requiere.
“No alcanza la comida, no hay donde abastecerse, no sabemos qué hacer”, lamentó.
En el papel, el Gobierno federal encargó a la titular de la Sedatu, Rosario Robles, la elaboración del censo de viviendas afectadas, y al de Sedesol, Luis Miranda, el suministro de agua y abasto de alimentos.
En ese contexto, ayer circuló un video en redes sociales, en el que se acusa al Secretario municipal de Juchitán, Óscar Cruz, de acaparar despensas en su domicilio, pese a la necesidad entre las comunidades.
Además de la desorganización y la falta de víveres entre las comunidades afectadas, la tormenta tropical “Max” complicó el panorama.
Corporaciones de auxilio, como la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco y agrupamientos similares de Oaxaca, Guanajuato, Querétaro y Veracruz tuvieron que salir de la entidad por recomendación de autoridades de Protección Civil.
“Nos vamos decepcionados de las autoridades, están lucrando con la desgracia”, criticó César Alberto Narváez, de acuerdo con un testimonio difundido por Jorge Magariño, director del Instituto de Cultura Zapoteca.

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