Por Alejandro Hernández R.
Fotos: Enrique de Santiago S.

Otro lleno en la San Marcos, donde de nuevo, antes de paseíllo, alegraron los abarrotados tendidos del coso, un grupo de bellas bailaoras y niñitos vestidos de torero, bailando hermoso pasodoble, en tanto el público cada tarde, al igual que los novilleros, va mostrando más entendimiento y respeto para con los jóvenes actuantes, los que ayer, se enfrentaron a una novillada procedente de El Garambullo, sangre española de Parladé y Santa Coloma, obviamente con el fenotipo y comportamiento, muy lejano al toro mexicano, con diversos matices, yendo de la bravura, codicia y buen fondo de calidad; los dos primeros, contra la mansedumbre y listeza del tercero, la mansedumbre del cuarto y quinto, en tanto el sexto, mansurrón, se dejó meter mano.
Han actuado los acalitanos Juan Pablo Herrera (al tercio y al tercio) y José Miguel Arellano (silencio y al tercio), al lado del potosino Ricardo de Santiago (vuelta al ruedo con mucha fuerza, al negarle injustamente el juez una oreja, que bien merecía tan solo la estocada, y oreja, ante fuerte petición del segundo apéndice). Saludó dos veces en el tercio Jonathan Prado, por sendos pares de banderillas.
Como primer espada actuó el de menor estatura, pero con mucho sentido del toreo, Juan Pablo Herrera, un joven que dejó ver grandes avances, muy reposado, conociendo bien los terrenos, las distancias y denotando una buena técnica; con esa solvencia, sometió al toro con la muleta, pegándole estupendas series de redondos sobre ambas manos, encontrando rápida respuesta de parte del respetable por su buena labor, donde existió mucha verdad a un novillo bravo y emotivo, rubricando su actuación muletera con una serie de manoletinas con las plantas muy firmes, matando de una estocada delantera y contraria, negando el álco la petición popular.
Con su segundo, el cuarto, todo un toro que salió rematando a tope en los burladeros con fuerza, terminó muy parado; incluso sin ser un astado apto para banderillear, lo intentó, sin lograr entusiasmar al respetable, cuando el novillo siempre lo estaba esperando… Mal, muy mal. Ya en el tercio final, fue complicado extraerle un solo muletazo, a no ser algunos que materialmente él robo, mas siempre con mucha voluntad y decisión. Dejó una estocada contraria luego de fallar una vez, pasaportando a su enemigo al primer golpe con el verduguillo (saludo en el tercio).
El espigado y con buena percha José Miguel Arellano, vestido muy elegante, recibió con buenos lances a su primero, pero sin encontrar eco en las galeras. Su novillo, hizo la lidia del toro español, siempre volviendo pronto sobre el engaño, teniendo Arellano la fortuna de ligar buenos pases con la derecha, rapidillo, ante la exigencia del novillo, al que no le dio tregua alguna, sin darle reposo alguno, con tal de cuajar una buena faena, quitándoselo de enfrente de dos pinchazos y una entera delantera y contraria. Silencio.
Con el quinto, un José Miguel espueleado, su fue cerrado en tablas a postrarse con ambas rodillas en la arena, para darle un intento de larga, cuando se revolvió en las manos su enemigo, saliendo un tanto comprometido del lance. Durante el segundo tercio se lució en los dos pares que colocó Jonathan Prado, quien se desonteró en el tercio. Ya con los trastos toricidas en sus manos, Arellano empezó toreando por la derecha con buena técnica, después cambió de mano el engaño, toreando por naturales, denotando que torea mucho en el campo; el público, continuando por la derecha, pero sin ligar, volviéndose aquello una serie de suertes entre bernardinas y pases de pecho, yéndose abajo el trasteo, que no llegó a entusiasmar al público. Se le nota un tanto frío. Estuvo a punto de ser prendido por perder la cara al novillo. Mandó al destazadero a su enemigo, de pinchazo y estocada, acertando al cuarto golpe sin colocarse bien. Saludo en el tercio.
Finalmente, vimos la actuación del joven potosino Ricardo de Santiago, todo entusiasmo, todo entrega, pero sobre todo seriedad, sin que por ello caiga en lo frío, al contrario, él se llevó la tarde al cortar la oreja del sexto de la tarde, cuando ya en su primero, había estado muy solvente, muy pulcro en su toreo de capa, cuando para su presentación en esta plaza, le tocó primero un novillo muy provón, listo, pensando siempre lo que dejaba atrás, sin desplazarse, que pronto se paró. Muy poco duró el animal, que pronto buscó el refugio de las tablas; el novillero potosino resolvió, muy torero y con actitud, siempre intentando lucirse ante el respetable local. Mató de entera tirando sin puntilla al novillo de forma espectacular, surgiendo de inmediato la nutrida petición de una oreja, premio que bien valía la pura estocada, sin ser escuchada la solicitud generalizada. Saludo en el tercio siendo llamado a dar la vuelta al ruedo, con mucha fuerza.
Con el novillo que cerró plaza, Ricardo le recibió con una larga de rodillas, quitando después por valentinas muy vistosas y con fuerte calado en el graderío. Cubrió el segundo tercio, dejando ver su buenas facultades y variedad, clavando el primer par al cuarteo, dejando los palos en todo lo alto ante la algarabía general; el segundo fue otro cuarteo pero por el otro lado, con igual resultado para cerrar el tercio con un estupendo par al violín en todo lo alto, por demás festejado, que paró al público de sus asientos, escuchando la música y el grito de: “¡Torero, Torero!” Así en medio de un gran ambiente, ha tenido las agallas de someter a la muleta a un novillo que de principio no daba esperanza alguna, empezando en tablas con el pase de la vitolina, pisando a fondo el acelerador, sometiendo al novillo, hasta correrle la mano diestra, con temple y ritmo, situado en el centro del ruedo, alternando los lados con inteligencia, denotando que le funciona la cabeza, llegando con mucha fuerza al público que le vitoreó cada pase. Y cuando llegó la hora de ejecutar la suerte suprema, como hombre se fue tras el acero, dejándolo en la mera yema, para tirar patas pa’rriba al novillo, en medio de la alegría generalizada, otorgando el juez una oreja ante la ruidosa petición de un segundo apéndice, que no sé porqué, no fue concedido. Y así en son de fiesta, llegó a su final, este tercer festejo de novillos.