Comprar y vender facturas es lavado de dinero y si la acción involucra a tres o más personas se convierte en delincuencia organizada, lo cual sucede a diario en México hasta convertirse en una industria que anualmente “mueve” más de mil 500 millones de pesos, señaló el especialista fiscal, Ernesto Manzano García.

Al participar en el Congreso sobre “Puntos Medulares de la Actualización Fiscal”, aseguró que la compra-venta de facturas es el ocultamiento del origen del dinero, lo cual es lavar fondos y la práctica es tan común y multimillonaria que hay empresas de todo tamaño y giro, así como entidades gubernamentales de todo nivel “metidos hasta el cuello en eso”.

Y es que el lavado de dinero se ha asociado básicamente con actividades de narcotráfico, secuestro o ilícitos de alto impacto, cuando su definición es tan simple como “ocultar el origen del dinero”, y de eso está lleno el país, pues ganar dinero sin pagar impuestos a través de operaciones simuladas se ha constituido como un “virus” que tiene contaminado todo tipo de actividades productivas.

Durante el evento organizado por la Asociación Nacional de Especialistas Fiscales, Manzano García advirtió que lavar dinero tiene repercusiones administrativas y legales que pueden ser terribles, ya que no sólo se afectan los dos o tres directamente involucrados.

Aquel negocio que vende o presta servicios al público, pero además vende facturas, genera que en su detección sean anuladas no sólo las simuladas, sino también aquellas que pudieran ser reales, porque la investigación no discrimina y la sanción tampoco.

En ese sentido, sostuvo que se requiere ética empresarial y conciencia gubernamental de los alcances del fenómeno de lavado de dinero que está expandiéndose en el país como una práctica recurrente y aparentemente fácil para ganar dinero “libre de polvo y paja”.

Recomendó la verificación puntual de las facturas que se reciben a fin de cotejar que sean emitidas por la persona física o moral con que se está tratando, debidamente identificada a fin de constatar que existe y que no es una simulación, pues recibirla de buena fe nos puede involucrar en situaciones no deseadas y ni siquiera imaginadas.

En ese contexto, recalcó la necesidad de conducirse con responsabilidad en los sectores público y privado y apostar a los principios de legalidad y certidumbre, convenciéndose de que “si somos mexicanos y producimos, pues hay que pagar impuestos”.