CDMX.- El luto, el duelo y el llanto no fueron los grandes protagonistas ayer en el Panteón Jardín, al sur de la Ciudad de México, en el 60 aniversario luctuoso de Pedro Infante.
El ambiente se percibía festivo, alegre y musical. Aquello fue una verbena desde temprano para recordar al llamado “Ídolo del Pueblo”.
“Pedro Infante no está muerto andaba de parranda”, era el estampado de unas playeras que estaban exhibidas para su venta en uno de los pasillos del lugar.
Y es que fue la oportunidad ideal para ofrecer todo tipo de souvenirs a los cientos de fans que acudieron a recordar a su ídolo; prendas de ropa en 100 pesos, revistas conmemorativas, también en 100, o tazas, en 50.
La música del desaparecido actor y cantante no paró de sonar ni siquiera durante la misa que se realizó en su memoria, a las 10:00 horas, y en la que estuvo presente su familia, entre ellas sus hijas Guadalupe “Lupita” Infante Torrentera e Irma Infante Dorantes, que el actor procreó con Lupita Torrentera e Irma Dorantes, respectivamente.
“Siempre emocionada y con el nudo en la garganta de ver que las nuevas generaciones ahora siguen a Pedro Infante. Es un fenómeno que no se puede explicar. Me han preguntado sociólogos y psicólogos, que qué es lo que sucede”, dijo Irma.
En distintos puntos se escuchaba a la gente cantar temas como “Qué te ha Dado esa Mujer” y “Amorcito Corazón”, especialmente frente a su tumba, que estaba adornada con flores, imágenes del artista y hasta muñecos de su figura.
Hasta ahí llegaron sus dos hijas a convivir con las personas durante unos minutos, una vez que la ceremonia religiosa terminó.
“Todos somos Infante”, decía “Lupita”.
La gente se acercaba a la sepultura para tomarse la popular selfie, aunque también hubo personas que ofrecieron los servicios fotográficos casi instantáneos.
Entre los cientos de fanáticos del protagonista de “Los Tres Huastecos” algunos llegaron caracterizados de sus personajes más populares, como Raúl Díaz, quien iba como el indio Tizoc.
“Pedro significa mucho en mi vida. Si no canto alguna canción o no lo escucho no me siento bien. Es mi medicina, mi comida, mi vida”.
Fue un festejo que ni siquiera el diputado local, Adrián Rubalcava, se quiso perder y llegó con todo un séquito, algunos de seguridad y otros que documentaron el momento que después él promovió en sus redes sociales.
En el lugar se instaló una carpa, donde se ofició la misa y después se volvió el escenario donde varios intérpretes, como Jas Devael y José Julián, amenizaron la mañana y tarde.
El homenaje estaba previsto terminar a las 17:00 horas, por lo que la gente acudía con comida y bebidas alcohólicas.
Las tumbas de los otros difuntos sirvieron de asiento o como mesa para las personas que usaron de pretexto recordar al Infante y celebrar su legado.
Porque no hubo tristeza ni duelo, sino mucha fiesta porque para sus seguidores, Pedro Infante aún vive. (Fidel Orantes/Agencia Reforma)