96. Edificio de la CFE<<Todo por servir se acaba>> reza el adagio popular, aunque en muchas ocasiones -tal vez la mayoría respecto a la arquitectura- la carencia de servicio que un edificio no presta a sus potenciales usuarios termina por destruir más al inmueble a diferencia de una vida útil de ocupación constante.

Se cree erróneamente que las fincas son levantadas para que perduren siempre, sin embargo, la indolencia y el desinterés contribuyen a su erosión, de la misma manera que los fenómenos meteorológicos o la natural caducidad de las distintas partes del inmueble.

En algunos casos el deterioro avisa y manda señales evidentes de alerta, como en el caso de la Torre de Pisa que desde su construcción empezó a inclinarse, hasta que casi 900 años después por medio de una intervención de varios lustros se logró estabilizar, garantizando al menos su estabilidad por dos siglos; en otras ocasiones esas señales no son atendidas y el colapso es sorpresivo, como en el incidente del Campanile de San Marcos en Venecia, del cual conocemos la réplica que desde 1912 ocupa el lugar del original caído tras casi ochocientos años de permanencia.

Si bien los ejemplos anteriores son inmuebles con un uso constante, la naturaleza del daño no se debió a ello, sino a la falta de atención mezclada con los factores mecánicos de su construcción. Existen ocasiones que parecen contravenir lo expuesto sobre la destrucción paulatina de la arquitectura por falta de uso, en este sentido podemos citar las grandes pirámides de Egipto que permanecieron funcionando como tumbas faraónicas durante varios siglos de los más de cuatro mil que tienen de construidas, sin embargo, su empleo original se ha mantenido ya que su objetivo fue simbolizar la permanencia en el tiempo y en el espacio físico la grandeza del patrono -inicialmente sepultado ahí- y de su reino, más que sepulcro. Por lo que podemos apreciar, el cometido fue correctamente ejecutado.

Sin embargo hoy en día, deslumbrados por el beneficio rápido, la eficiencia y la eficacia no como medios sino como fines, aquello caduco, pasado de moda o sin fácil capacidad para ser actualizado se descarta y sustituye sin más. Conocemos del problema creciente de los desperdicios de complicada reutilización. Todos aquellos que hacemos uso de un teléfono celular probablemente hemos cambiado el aparato al menos una vez. ¿Pero qué hacer cuando el objeto descartado no se retira fácilmente de nuestro entorno?

Entre esos elementos que presentan complejas formas de sustitución o descarte están los edificios, que a falta de creatividad en la posible ocupación y presupuesto para su rehabilitación; la dudosa comodidad para volverlos actuales con las maneras emergentes de reutilizarlos, terminan por presentar actividades poco sanas para una calidad de vida comunitaria en el sitio en donde se ubican. Paramentos urbanos de aspecto decadente y limitadas oportunidades para dotar a la zona de una ocupación de inmuebles y calles aledañas más amable y productiva.

Para la difícil situación económica actual, donde la construcción resulta ser uno de los sectores productivos más golpeados, la reconversión de estas fincas en desuso a edificios nuevamente aprovechados y rentables es una buena manera de emprender proyectos de diseño y construcción que además pueden contribuir a generar una nueva dinámica económica y urbana en territorios consolidados de nuestra ciudad, coadyuvando enormemente a lo que se ha dado en llamar <<re densificación urbana>>. ¿Para qué hacer nuevo si lo que ya existe puede servir? La huella metropolitana en proceso de expansión y la facilidad para construir objetos actuales dan poco espacio para una profilaxis arquitectónica-urbana. Demasiado tarde para prevenir.

Estamos en tiempo, aún se pueden rescatar cuantiosos enclaves de la ciudad con la recuperación de edificios vacíos, lo que generaría una utilidad y otorgamiento de mayor plusvalía al sitio, y sobre todo el fortalecimiento del tejido social circundante, hilvanándolo a un entramado construido que aún puede recomponer su urdimbre, no con remiendos ni parches sino con intervenciones puntuales donde pasen desapercibidas las suturas.

Lo anterior requiere una buena observación del entorno, capacidad e imaginación para concebir e implementar nuevos usos y maneras de organizar los espacios. Baste recordar el caso del loft apartment que nació en los grandes espacios vacíos de bloques fabriles que cambiaron de ubicación dejando sectores de varias ciudades norteamericanas en un estado fantasmal. Los nuevos ocupantes provistos de gran creatividad -entre otros, Andy Warhol y su Factory se establecieron ahí- pronto empezaron a imponer una forma atractiva de habitabilidad que hoy se toma como paradigma de la vivienda moderna.

En Aguascalientes existen un sinfín de fincas desocupadas; varios edificios vacíos en zonas que se han tornado agrestes. Todos ellos pueden ser espacios para concebir una Termópolis mejor.