José María León Lara

Ya lo decía en su tiempo el General Díaz: “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!”. Toda vez que obtuvimos nuestra independencia, no tuvimos la oportunidad de elegir a nuestros vecinos, pues ellos ya estaban ahí. Y aunque a muchos aún les cuesta aceptarlo, y a pesar de más fobias que filias, ser vecinos trae consigo forzosamente una relación.

Digamos que se trata de una codependencia histórica, que se ha ido fortaleciendo en ocasiones y según conveniencia también se ha debilitado. Particularmente ahora, con el presidente vecino en turno, de quien ya en otras ocasiones se ha hablado en este espacio. El hecho de haber enviado a la guardia nacional de su país, mandó el mensaje más claro que nunca; los mexicanos somos y seremos el desquite de Trump, mientras permanezca en la Casa Blanca.

Ahora bien, es digno de reconocerle a presidente Peña Nieto, el certero mensaje a la nación que dio la semana pasada; pues haciendo uso de la diplomacia que le corresponde como jefe de estado, dejó en claro el sentir del pueblo de México ante los reprobables dichos y acciones ordenadas desde Washington. Sin embargo, es probable que la presidencia de la república haya actuado demasiado tarde y no haberle puesto un alto a su homólogo estadounidense, desde mucho tiempo atrás.

Seguramente el “copetón” buscará reelegirse en 2020, para ocupar por cuatro años más el despacho oval, y para ese entonces en México ya habrá un nuevo jefe del ejecutivo. Imaginemos que resulta vencedor el tabasqueño iluminado, quien a pesar de provenir de cepa ideológica distinta a Trump, tiene más similitudes en personalidad y carácter, de las que se pueden ver a simple vista.

El discurso de ambos, disfraza al nacionalismo con el patriotismo, así como hace uso del populismo en su máxima expresión, para mentir, engañar, difamar, desacreditar, denostar, infundir resentimiento y odio en el pensar y sentir colectivo. A ambos se les considera coléricos, e intolerantes radicales en contra de quienes no compartan hasta la más mínima idea con ellos.

Pensemos ahora en la Ley de Cargas, donde los similares se repelen; aunque tanto en sentido amplio como estricto, Trump no es Andrés Manuel, ni tampoco Andrés Manuel es Trump, existen similitudes muy obvias, sobre todo patologías evidentes en su hablar y actuar. Siendo parecidos, es posible que llegarán a repelerse, lamentablemente anteponiendo al país, como pretexto para esconder conflictos de carácter personal.

No me imagino y no quiero imaginarme, una época en dónde la relación bilateral México-Estados Unidos, se vea afectada por decisiones impulsivas, por parte de dos mandatarios narcisistas, intolerantes y radicales. Estamos hablando de una lamentablemente posible realidad, donde la civilidad, pero sobre todo la diplomacia no serán más fichas de cambio, y quizás entrarían en desuso.

Entre si son peras o son manzanas, en una realidad que nos guste o no, debemos lidiar con nuestro vecino país del Norte, llegue quien llegue a gobernar este país a partir de diciembre de este año.

Estimado lector, aprovecho estas últimas líneas para ofrecer de manera sincera una disculpa; debido a que, en la entrega pasada con fecha del 6 de abril, misma que dediqué a la memoria de Martin Luther King, mencioné que se cumplía un siglo de su muerte, cuando en realidad se conmemoraba medio siglo de su partida. Agradezco su comprensión, pero sobre todo su amable lectura de cada semana.

 

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