Josemaría León Lara Díaz Torre

Mientras la mayoría de los medios de comunicación de manera tradicional utiliza estas fechas año con año, para hacer recuentos de lo sucedido en el año que está por terminar; no es otra cosa que paja para llenar el tiempo aire o los espacios impresos, pues es una constante que en las vísperas del nuevo año, generalmente no suele pasar nada de relevancia digna de cobertura mediática.
Los diferentes niveles educativos en el país se encuentran ya de vacaciones, así como muchos trabajadores de diferentes ramas de sectores tanto público como privado. Es supuesto que las festividades decembrinas son sinónimo de alegría, de unión familiar y de buenos deseos, sin embargo esto es inexacto, pues no sucede para todos; ya que sin importar credos o tradiciones, los últimos diez días de diciembre pueden llegar a ser tan oscuros para algunos, como de luz para muchos otros.
La dicha de la “navidad” lamentablemente no es compartida por todos, ya se trate de la situación económica, de la falta de salud, de las carencias básicas o lo que cada vez es más constante, el alto índice de violencia que tanto lacera a las familias de este país. Muchos podrían culpar de mucho de las calamidades que suceden en este azaroso país a los “malos gobiernos” (término utilizado comúnmente por partidos de oposición, pero una vez que llegan al poder, siguen las mismas malas prácticas que sus antecesores), porque queremos responsabilizar a quien sea, menos a nosotros mismos.
Aprovechando que esta época del año se presta a la “reflexión”, no está de más hacer una inspección interna de cada uno de nosotros. Cuando juzgamos o criticamos a algo o a alguien naturalmente apuntamos con nuestro dedo índice en señal de desprecio, más olvidamos que otros tres dedos están apuntando también hacia nosotros.
Basta con poner unos cuantos casos que nos ayuden a ejemplificar lo anteriormente expuesto. Nos quejamos de los pésimos servicios públicos que presta el gobierno, pero somos parte del ese 49% de la población nacional que no paga impuestos; nos indigna la violencia y la barbarie que se vive a nivel nacional, pero seguimos viendo series de televisión sobre la “narco-cultura” y sus protagonistas; sentimos impotencia al conocer historias de corrupción como la de Javier Duarte, pero llevamos años siendo proveedores de gobierno y partícipes cómplices del “diezmo”; nos indigna la impunidad que se vive en el país, pero no respetamos la línea amarilla al momento de estacionarnos.
Todos y cada uno de estos ejemplos, se viven día con día en México y por más que llegue a despertar “sentimientos”, todos y cada uno de nosotros de alguna u otra forma somos cómplices de que el “sistema” permanezca intacto, sin importar el cambio de partido, color o “ideología” (esta última tan prostituida últimamente con las “alianzas” electorales).
Es por ello que a unos cuantos meses de que elijamos al sucesor de Peña Nieto, considero que por más que algunos candidatos nos hablen del “cambio”, la realidad es que el verdadero “cambio” está en nosotros como sociedad organizada de México y no en ideas “prehistóricas”, o mesiánicas, o en discursos que hace 18 años llegaron a funcionar; no puede ser más simple, si el pueblo de México no decide cambiar, el país nunca lo hará.
Por último aprovecho estas últimas líneas para felicitar a todo el mundo cristiano, por la gracia que representa la festividad de la Navidad. Deseando lo mejor para estas fiestas, a sabiendas que a pesar de las adversidades, el amor y la esperanza siempre darán luz.

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