Por J. Jesús López García

El cuidado de la salud, el mejoramiento de las condiciones de vida, la sanación y todo aquello que acompaña a los cuidados del cuerpo y de la mente, han sido tema para el diseño y la construcción de edificios desde hace cientos de años. Con el paso del tiempo, al irse consolidando los conocimientos médicos y sobre la fisiología, los edificios también fueron cambiando, consolidando su especialización y mejorando las características funcionales.

En la antigua Roma, los gimnasios y las dependencias de las termas -los baños termales llamados «caldarium», el «tepidarium» o baño tibio y los baños fríos, el «frigidarium»- estaban cercanas a las bibliotecas, servicios todos públicos y gratuitos haciendo eco a la frase del italiano Décimo Junio Juvenal «mente sana en cuerpo sano». Las instalaciones arquitectónicas de todo ello eran majestuosas y evidentemente reflejaban la grandeza de una civilización urbana que buscaba el bien de sus ciudadanos.

Durante la Edad Media los hospitales fueron dependencias atendidas por órdenes religiosas que proveían más que servicios médicos, una asistencia a viajeros en tránsito. Fue hasta el siglo XVIII cuando los avances y descubrimientos en materia médica comenzaron a ejercer su efecto en la manera de articular edificios hospitalarios con los centros de población. Para el siglo XIX los balnearios suizos, de Crimea o del sur de Francia eran famosos por sus afanes medicinales donde habitantes de diferentes partes de Europa planeaban dilatadas estancias para reponerse de males como la tisis o la tuberculosis, algunos de ellos como el médico, dramaturgo y escritor ruso Antón Chéjov (1860-1904) que falleció en uno en Badenweiler, Alemania. Pero incluso esos balnearios poseen una historia antigua pues de los primeros centros balnearios atribuidos a los romanos fueron los de la ciudad de Bath en Inglaterra -cuyo nombre en inglés traduce «baño»- o el del pueblo belga de Spa -de donde se presume toma el nombre éste tipo de centro moderno relacionado con el bienestar físico a través del agua-.

Como puede apreciarse, los primeros centros hospitalarios del mundo occidental buscaban la prevención de enfermedades o su mitigación a través de actividades cercanas al esparcimiento; los temazcales de origen prehispánico no están distantes de lo anterior. Sin embargo, conforme la especialización de la medicina inducía a la especialidad de la arquitectura que le acompaña, los hospitales o centros de salud también fueron haciéndose más complejos y técnicamente más rigurosos. Uno de los hospitales del siglo XX más famosos por su papel seminal en el tratamiento moderno de los padecimientos específicos fue el  sanatorio para tuberculosos (1929-1933) del arquitecto Alvar Aalto (1898-1976) en la ciudad finlandesa de Paimio para el que diseñó también la célebre silla que lleva el nombre de la metrópoli. Lo que se busca en los hospitales modernos como en los antiguos centros dedicados a la salud, es la sanación pero también el confort del paciente, aunque en algunos de ellos no lo parezca.

De entre la gran variedad de tipos de centros hospitalarios los hay dedicados a procesos naturales en la vida humana involucrados con la salud pero ante todo con sucesos propios de su crecimiento y desarrollo como lo es el nacimiento. En nuestro país, el lugar que aún ocupan parteros empíricos en muchas partes del mundo, lo han ido tomando ginecólogos y pediatras con preparación y especialización universitarias, lo que ha llevado a los hospitales a dedicar espacios e instalaciones especiales para ello, incluyendo también dependencias para los bebés y habitaciones que hacen las veces de recepción. Tal vez porque aún con sus riesgos, el comienzo de un nuevo ser se atiende con alegría, más que con la tensión con que se hace lo propio ante la enfermedad, los sanatorios dedicados a los nacimientos fueron realizados de manera separada a los hospitales generales.

En Aguascalientes sucedió así a mediados del siglo pasado y hasta hace todavía unos treinta años como es el caso del «Sanatorio y Maternidad La Esperanza»  ubicado a un costado del Hospital del IMSS número 1. De él queda el edificio completo pero ya en desuso, mostrando todavía su composición sencilla desplantada en pabellones paralelos de un solo nivel, dispuestos con un jardín circundante.

Las «maternidades» o sanatorios dedicados al nacimiento de bebés fueron un subgénero hospitalario posiblemente auspiciado por un crecimiento demográfico que de algunas décadas hasta hoy ha ido mitigándose. Los hospitales generales brindan ese servicio actualmente haciendo un uso más versátil de sus instalaciones, más aquellos sanatorios especializados tenían el encanto de utilizarse exclusivamente al nacimiento de los pequeños. Los pabellones de los hospitales actuales dedicados a diferentes especialidades médicas o pacientes van moldeándose a las necesidades del momento sin necesidad de construir todo un edificio independiente. Los sanatorios para las madres y sus bebés son ya un episodio en la historia de la arquitectura hospitalaria, de los que podemos mencionar el Sanatorio del Dr. Ávila en Álvaro Obregón, el Sanatorio Moderno en Zaragoza, la Clínica de Guadalupe en Emiliano Zapata y el Sanatorio y Maternidad La Esperanza.