Por Itzel Vargas Rodríguez

Ya han terminado finalmente las campañas electorales a lo largo y ancho del país en lo que destaca, principalmente, las candidaturas a gubernaturas de los estados de México, Coahuila, Sinaloa y también, la renovación de más de 200 alcaldías en Veracruz.

¿Por qué son significativas? Principalmente, porque el año pasado el PRI tuvo un enorme descalabro en todo el país, perdiendo 7 estados de 12. Y este año, la “plaza” del Estado de México es una enorme disputa para este partido, que tiene un récord histórico de haber gobernado la entidad durante casi 90 años. Muchos analistas creen, que lo que ocurra ahí, será prácticamente una antesala a las elecciones presidenciales del 2018.

Y justamente, Morena (un partido de relativa reciente creación, liderado por él ya dos veces candidato a la Presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador), ha ido ganando mucha simpatía y afinidad a tal grado de convertirse, por lo menos en el Estado de México, en el principal opositor del PRI.

Sin duda alguna en los casi tres meses de campaña y precampaña han desfilado una enorme cantidad de dimes y diretes, más allá de la utópica idea ciudadanizada de tener unas elecciones llenas de propuestas… y se han visto también, gran cantidad de artimañas que intentan conquistar el voto.

Las casas encuestadoras se han llevado sus buenas sorpresas. Por ejemplo, que Josefina Vázquez Mota, la que era la favorita del PAN para la gubernatura del Estado de México, ahora ha caído a los últimos peldaños de preferencia, siendo rebasada por un joven político, Juan Zepeda del PRD, que llegó en un difícil momento en que su partido se fracturaba, pero que ha ido conquistando en muy poco tiempo la preferencia del voto, comenzando con una campaña sumamente modesta (en recursos e imagen por ejemplo), pero con un discurso juvenil emanado por el que alguna vez fue integrante de un grupo de rock metalero, y que muestra propuestas progresistas que abarcan desde la aceptación del matrimonio y adopción de parejas homosexuales, hasta el uso recreativo de la marihuana… temas que por años han estado en el centro del debate público e inquietan, sobre todo a los públicos más jóvenes.

Si lo resumiéramos en narrativas comunicacionales por propuesta de candidato en la gubernatura del estado de México, tendríamos, según preferencias electorales: al candidato del PRI que representa el clásico cacicazgo de ese partido (con un liderazgo basado en fuertes nexos familiares, institucionalidad hacia su partido y una estrategia de marketing dirigida a los sectores más populares de la sociedad). Luego está la maestra de Morena que representa la oposición al PRI y por ello convierte su mensaje en “esperanza” y “cambio”. Tenemos al candidato del PRD que se ha hecho valer por su figura y propuestas, y no tanto por su partido y finalmente, a la candidata del PAN que representa la opción conservadora pero ya conocida del país.

Y mientras comienzan a resonar el redoble de tambores ante las elecciones del próximo domingo, las piezas se siguen moviendo en la política nacional, y se continúan levantando manos rumbo a las candidaturas de la Presidencia del 2018.

La que más ha llamado la atención en días recientes, es la protagonizada por María de Jesús Patricio Martínez, una reconocida médica tradicional que fue elegida por el Congreso Nacional Indígena como la candidata oficial de los pueblos indígenas para la Presidencia del 2018.

Esta ha sido, sin lugar a dudas un hecho interesantísimo con una narrativa impecable por parte del EZLN y el mismo CNI.

Después de abierta la puerta de las candidaturas independientes, que en su momento nos dieron un respiro democrático (electoralmente hablando), surge esta propuesta, desde la voz de un sector con mucha presencia en México, pero no en la vida política: el sector indígena.

Y aunado a ello, dándole voz a una persona que tiene dos de las características más vulnerables de América Latina, justamente mujer e indígena.

Un parteaguas que viene a remover la práctica de la política tradicional, buscando darle voz a la multiculturalidad y la ciudadanía, cuya participación en los comicios del próximo año ya genera muchas expectativas sobre lo que puede alcanzar. Unos lo ven como alternativa a “lo mismo de la política”, otros como una puerta a la diversidad, unos cuantos más a la presión social encabezada por el grupo que representa las raíces de México y que busca regular las enfermas prácticas de la política y sus grupos de poder como la corrupción o la impunidad, haciendo un contrapeso.

Como sea que fuere, esta sorpresiva candidatura ha causado mucha expectación y si hay algo que reconocerle al EZLN es la forma en la que narra sus historias y comunicados justamente cuando busca hacer presencia… y esta propuesta presidencial por ejemplo, tiene elementos simbólicos con muchísima fuerza, la suficiente como para encabezar una alternativa electoral en campaña que pueda marcar una diferencia democrática.

Todo esto se pone cada vez más emocionante. Ya veremos por lo pronto, cómo se acomodan las piezas el domingo.

[email protected] / @itzelvargasrdz

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