Podrá haber todas las explicaciones, excusas y desmentidos sobre el número de delitos que tienen lugar en Aguascalientes, pero ningún argumento es suficiente para borrar la realidad que a diario viven los habitantes de los once municipios, con hechos que directa o indirectamente les perjudica.

Cada vez que surge una información sobre el particular, o que la percepción social es de inseguridad, de inmediato salen las autoridades a refutar los datos y denuncias al afirmar que la situación no es como se dice, inclusive recurren a las comparaciones con otras entidades para demostrar que aquí son mínimos los problemas.

De cara a esa actitud, el Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) dio a conocer que en el primer semestre de este año se registraron 19,247 delitos en el estado, 4,828 más que en el mismo período de 2017, en que hubo 14,419 actos.

Lo anterior significa que de enero a junio hubo 116 delitos diarios, esto es 4 cada hora, que vuelve nebuloso el panorama para la ciudadanía, ya que lejos de aminorar los ataques los sufren a cualquier hora del día o de la noche ante crecimiento sin paralelo.

La cuestión radica en que las noticias de lo que sucede en otras partes, como asesinatos múltiples, persecuciones y balaceras en plena vía pública entre bandas rivales y contra fuerzas del orden, incendios de vehículos y ataques a las vías de comunicación,  minimiza lo que se vive aquí, pero que no se tenga tanta confianza de que no se alcanzará ese nivel porque la experiencia señala que la lucha por la plaza comienza con el incremento de delitos del fuero común para luego pasar a una guerra abierta en donde nadie está seguro.

Lo anterior tiene como sustento en el robo de vehículos, que en el semestre del año pasado fue de 1,649 y en el presente de 1,763, apropiamiento que muchas veces se hace para utilizar las unidades en delitos de mayor envergadura, sea aquí o en otro lugar de la República, como también para desmantelarlos y vender la piezas en el mercado negro.

De manera paralela está que el asalto a transeúntes se elevó de 722 casos en 2017 a 1,257 en el presente, agresión que va desde el hurto de un celular o una cartera hasta el que sufren las personas que retiran dinero de un banco, que también entra en el ramo de delincuencia organizada ya que son dos o más individuos los que intervienen.

Se ha dicho hasta la saciedad que es materialmente imposible que cada ciudadano tenga un policía como escolta, pero sí se puede reorganizar la vigilancia en base a los lugares comunes en que se cometen los ilícitos, es el caso de calles aledañas al Hospital General de Zona Número Uno del IMSS (Clínica Uno), en donde tiene lugar un número elevado de robos de vehículos, por lo que bastaría con tener el cuidado necesario las 24 horas para evitar que esto suceda. Sería más provechoso destinar una patrulla que se dedique a vigilar, en lugar de andar arreando a los automovilistas que se estacionan a la entrada de este lugar.

Es de suponerse que el alto mando policíaco tienen un mapa de la ciudad y el estado en el que detalla cuáles son las áreas de riesgo, por lo que en base en ello que se trabaje intensamente para evitar que siga creciendo el número de fechorías, que además de lo que significa en el daño económico provoca inestabilidad emocional en la víctima.

También el robo a casas habitación está a la alza, al haber 1,439 en 2017 y este año llegó a 1,661, lo que le da toda la razón al máximo líder obrero José Alfredo González, que de manera reiterada manifiesta que la afectación patrimonial que sufre la familia obrera es recurrente y lacera más porque se llevan lo que tanto esfuerzo le costó comprar.

Dentro de toda la gama de delitos está el aumento de extorsiones, que el período anterior fueron 44 y en el presente llegó a 70, mientras que el robo de ganado pasó de 89 a 147, que se traduce en fuertes pérdidas para los hombres y mujeres del campo, principalmente para los que poseen pocos animales, delito que tiene como ingrediente que los abigeos sacrifican y destazan de inmediato a las reses, borregos y chivos con lo que evaden la inspección a que pudieran ser sometidos para conocer la procedencia, y por otra parte encuentran la complicidad de tablajeros y conocidos que les compran la carne.

Si los tres niveles de gobierno quieren que la sociedad tenga una percepción diferente de su labor deben intensificar los esfuerzos de vigilancia, lo que evitará la comisión de delitos para que Aguascalientes no entre en ese círculo rojo en que, lamentablemente, se asienta en otros estados.

NUEVOS ROSTROS

Las recientes elecciones dejaron al desnudo que el capital político de los priistas aguascalentenses se agotó, que ya no puede seguir con el mismo modelo de nombramientos de candidatos ni de campañas, por lo que cambia el chip o seguirá viajando en el último vagón del tren de la ilusión.

Basta con revisar el número de votos que obtuvo para determinar que es casi el mismo de los últimos comicios, no obstante que el Padrón Electoral tiene un crecimiento sostenido, lo que determina que el famoso “voto duro”, que en las buenas y en las malas cruza la siglas tricolores, se mantiene con poca diferencia desde principios de siglo.

Lo relatado denota que como partido no ha sido capaz de acercarse a los jóvenes, a pesar de que forman el grueso de los ciudadanos, que al no verse representados van hacia otros organismos en donde los “apapachan” y les brindan la oportunidad de ser parte del elenco de aspirantes a un cargo de elección popular o dentro de la estructura partidista.

Las voces que por años han exigido una amalgama generacional se pierde en el discurso anodino de los que detentan el control, por lo que difícilmente van a encontrar eco las propuestas que hay de un cambio real.

El ex diputado local Enrique Juárez, en su papel de presidente del CDE, tuvo a su cargo todo el proceso, en el cual, el uno de julio estuvieron en las boletas ex presidentes del mismo comité estatal que en teoría haría pensar que eran los idóneos para encabezar las fórmulas.

Fue el caso de Lorena Martínez, Francisco Guel Saldívar y Roberto Tavares Medina, lo mismo que la ex senadora Norma Esparza Herrera, los ex diputados locales Israel Tagosam Salazar Imamura López, Miguel Ángel Juárez Frías, Juan Manuel Gómez Morales y Gustavo Adolfo Granados Roldán. Asimismo, el ex líder juvenil José de Jesús Ortiz Macías y por la reelección participaron las actuales diputadas, Edith Citlalli Rodríguez González y Elsa Amabel Landín Olivares.

De las dos candidaturas a senadores y dos a diputados federales y de las 18 a diputados locales, el PRI perdió todas, por lo que en el caso local se tiene que conformar con tres diputados “plurinominales” asignadas a Juan Manuel Gómez Morales (que iba por el distrito XVIII pero alguien desde el más alto nivel ordenó que encabezara la lista de presentación proporcional para asegurar su inclusión), a Margarita Gallegos y Elsa Amabel Landín, lo que constituye el grupo parlamentario más reducido en toda la historia del priismo.

Está claro que algunos creen que la democracia es el Club de Tobi, por lo que cierran todos los caminos para ser sólo ellos los que partan y repartan el pastel. Mientras no escuchen a la militancia y abran las puertas a participación abierta, seguirá dando tumbos. El capital político tiene que traducirse en el involucramiento de la sociedad, de conocer y apoyar lo que demandan los hombres y mujeres, que son a final de cuentas los que con su voto deciden si están o no de acuerdo con lo que se hace. Nada difícil de cumplir, basta con un poco de humildad, voluntad y esfuerzo.