Saúl Alejandro Flores

A modo de continuación de mi pasada colaboración respecto a la gestión del agua me permito complementar los conceptos abordados bajo un escenario de que se implementen los componentes que se mencionaron la semana pasada, en ese caso me preguntaría y lo hago del conocimiento de mis amables lectores, el qué seguiría y qué podríamos esperar.

Debo aclarar que con lo que he escrito de ninguna manera he pretendido descalificar el trabajo que han venido realizando las instancias gubernamentales competentes con el agua, tanto municipal, estatal y federal, puesto que han realizado su trabajo dentro de los ámbitos que les marca la ley, sin embargo, por ello a lo largo de mis publicaciones he mencionado la importancia de hacer una nueva ley, no se necesita reformar, se necesita un marco jurídico diferente desde sus conceptos básicos, hasta los más complejos en los mecanismos, directrices y políticas a emprender, y al hablar de ley me estoy refiriendo tanto a la ley de competencia federal como estatal.

Insisto en esa ley que estamos esperando los interesados en el sector agua en el país, porque con ella se daría ese paso en la gestión del agua que demanda la realidad actual, por supuesto también será necesario el contar con su correspondiente reglamento y otros instrumentos jurídicos que se desprenderían.

Esa nueva ley nos dará una nueva arquitectura institucional por construir, en ese tenor con el interés de mantener el marco legal alineado al federal, se deberá elaborar la legislación local y comenzar con el diseño de esa arquitectura institucional que he venido mencionando durante todo este tiempo que he compartido en este espacio en el periódico.

Es primordial a nivel estatal tener la ley, luego su reglamento y a la par estar diseñando todo el esquema operativo y los modelos que deberán implementarse, en otras palabras, es oportuno pensar y definir lo más pronto cada uno de los componentes de esa arquitectura institucional estatal, porque el esquema con el que se cuenta está desfasado, y no podría llamarse “arquitectura estatal”, no la tenemos, existe una estructura institucional con sus aciertos y defectos; como mencioné al inicio de esta columna, existen aciertos y esfuerzos en el desempeño de los funcionarios, personal de las dependencias, sociedad civil y organizaciones que se han involucrado que deben reconocerse, pero eso no basta, se quedan cortos por más esfuerzos que hagan, por ello se requiere otra estructura jurídica y operativa más sólida, actual y de visión cuyo efecto sea el potenciar los esfuerzos de cada uno de los agentes que intervienen en la gestión y administración del agua.

Aguascalientes en efecto, como algunas ciudades de México es sabido que el agua es un severo problema al corto plazo, si ya hay problemas con el abasto, en un futuro ni tandeos habrá, simplemente no habrá agua que abastecer. Por ello la solución no es desde una perspectiva de la ingeniería, que de alguna manera podría ayudar el diseño de infraestructura para eficientar el abasto, la recolección y saneamiento de aguas residuales y por último su correspondiente reutilización. Pero debemos también enfocarnos en una nueva concepción del uso agrícola, diseñar nuevos esquemas de aprovechamiento, conducción y uso, pero más allá de la simple producción es momento de diseñar esquemas de distribución como también lo he señalado aquí que debemos ponderar la seguridad hídrica sobre la seguridad alimentaria, en el sentido tradicional de consumir más agua, debemos buscar el equilibrio de producir con menos, y menos y cada vez menos agua.

Juega un papel importante en este rubro la adaptación de una nueva metodología basada en el comercio de agua virtual y huella hídrica, componentes que dentro de una política hídrica local serían emblemáticos a nivel mundial.

Recapitulando, es de suma importancia tener en claro qué se quiere para Aguascalientes en materia de agua, y cómo se pretenden resolver los problemas existentes, con la finalidad de ir visualizando la política hídrica a construir, determinar sus componentes y qué características tendrán éstos, por que deberán diseñar modelos propios de desarrollo en gobernanza, realizar los estudios propios para alinear en materia de regulación las reglas y condiciones con la federación y establecer un marco regulatorio de los servicios de agua sólido, y esto es también importante porque es necesario para garantizar mejores condiciones de servicio a los usuarios, así como establecer y definir las atribuciones del ente regulador estatal.

Mencioné en el párrafo anterior la gobernanza, que no es la primera vez que lo hago, ya he hecho referencias a ella en otras ocasiones, porque es uno de los componentes básicos para articular a los usuarios de los servicios de agua, quienes desempeñarían un papel fundamental en la política hídrica, no sólo avalando o legitimando como ha sido tradición, sino desde la consulta hasta la participación y evaluación en las políticas públicas en materia de agua, no sólo en abastecimiento, sino hasta en saneamiento, conservación y preservación, reutilización y diseños normativos. En efecto ¿qué sigue? Estar atentos a la publicación de la ley general de aguas, como consecuencia emprender el diseño de todo ese andamiaje para ahora sí construir una verdadera política hídrica local, estos comentarios son tan sólo algunos aspectos sobre las acciones necesarias para que en México y en Aguascalientes el agua nos alcance.

Comentarios: [email protected] twitter: @saul_saalflo