José Luis Gómez Serrano

Ganó un candidato diferente del mío, pero el pueblo ha hablado y respeto su decisión; comparto aquí lo que he reflexionado sobre este evento.

Como dice Catón, AMLO ganó porque anduvo veinte años en campaña con las tres eses: suela, sudor y saliva, visitando el país, acercándose a la gente y hablando con ellos. Aprovechó que no tenía otra cosa qué hacer que su campaña, mientras el PRI y el PAN se desgastaban en malos gobiernos. Recogió el descontento generalizado de la población y su hartazgo por la corrupción y la inseguridad. No tuvo que hacer otra cosa que hablar de lo que a todos nos molesta, decir que él también estaba harto, y hacer promesas y más promesas.

Recuerdo la campaña del 2000, cuando lo que queríamos era “sacar al PRI de Los Pinos”: Fox lo prometió y lo cumplió. No recuerdo otra promesa de Fox y su gestión fue otro desencanto: “bien, ya sacamos al PRI de Los Pinos. ¿Y ahora?”, era nuestra reflexión porque no pasó nada notable, fue más de lo mismo, ladrones y corruptos vestidos de azul en vez de tricolores. En esta ocasión también se quería sacar al PRI (y llevarse entre las patas al PAN), pero además hay un sinfín de expectativas, centradas en tres puntos: mucha gente va a recibir dinero del gobierno sin hacer nada, ya no va a haber corrupción, tampoco tendremos inseguridad. Estas expectativas, que indican una madurez del pueblo, quien no nada más quiere cambiar de gobierno sino mejorar, son el gran lastre que arrastra AMLO: llegó haciendo una lista grande de promesas, es la hora de cumplir, ya no tiene a quién echarle la culpa.

López Obrador compitió con ventaja, porque tuvo de facto una campaña durante 20 años, a diferencia de los meses dispuestos por sus adversarios; no tenía responsabilidad porque no estaba gobernando, podía dedicarse a criticar tanto como quisiera. Creo que los que lo apoyaron lo hicieron en un 50% por hartazgo del PRI y el PAN, en un 40% porque las promesas sonaban bien y el resto porque creen que cumplirá sus promesas, aunque nadie pueda precisar cómo. Todos los mexicanos, absolutamente todos, le pasaremos la factura: Peña Nieto esperará que no lo procese, los viejitos y los estudiantes querrán cobrar su beca, los que se sumaron a la cargada pedirán privilegios, la mayoría del pueblo exigirá un alto a la corrupción (aunque esperarán a que sea el gobierno el que empiece), casi todo el mundo seguirá dando mordida para evitar infracciones, y muy probablemente se seguirá entregando el diezmo de los contratos en Los Pinos o donde el jefe indique. Y todos estaremos alerta para ver si efectivamente el país ha cambiado: para el bien de México, o para nuestra fortuna personal.

La pelota está en la cancha de AMLO, ya no puede criticar, le llegó la hora de cumplir.

¿Cumplirá? Esa es la gran incógnita. En el relato La dama del perrito de Anton P. Chejov, la protagonista Anna Sergeievna es una esposa de sociedad que pasa vacaciones en Yalta y tiene una aventura con Gurov, cazador profesional de amores. Para ella es su primera aventura, y cae en los brazos de Gurov porque había salido de la casa paterna buscando una vida diferente y se presentó alguien que se la ofreció. “Я хотелась что-то другое, хотелась пожить, и пожить, и пожить…» (Yo quería algo diferente, quería vivir, y vivir, y vivir…) dice Anna Sergeievna a Gurov, como explicación y justificación de lo que para ella es su caída. Quería algo diferente, lo consiguió,  pero no resultó lo que esperaba.

Yo temo que al pueblo mexicano le suceda lo mismo con AMLO. No es el año 2000 y subieron nuestras expectativas; él lo comprendió así, haciendo muchas más promesas que Fox. En esta ocasión, ni esperamos ni nos conformaremos con sacar al PRI y al PAN del gobierno, querremos que Morena haga las cosas mejores, pero a mí se me presenta una enorme duda: Napoleón Gómez Urrutia, uno de los insignes aliados bendecidos por AMLO, ¿va a hacer cuentas con los mineros de su sindicato? ¿Manuel Bartlett es radicalmente diferente del de 1988? ¿A Claudia Sheinbaum ya no se le va a caer ninguna escuela? Menciono a estos tres aliados porque no se puede gobernar solo, tiene que ser mediante un equipo humano, y en estos tres y en los cientos o miles que consiguieron hueso o lo conseguirán en la nueva administración, no veo señales de que sean diferentes de los que estaban a punto de conseguirlo hace seis años.

Yo pienso que diputados y senadores se van a alinear con la voluntad del jefe supremo, y seguiremos sin tener representantes en el Congreso. No puedo decir que Raúl Cuadra me representó, ni tampoco creo que Toño Martín del Campo lo hará, porque discutí con él una vez sobre un asunto trivial y no obtuve respuesta satisfactoria: se trataba de ver si los fresnos son adecuados para nuestro clima, él me dijo que no; lo hicimos un día que lo embosqué saliendo de su entrevista en Radio BI. Partiendo del supuesto de que los de Morena se van a disciplinar, entonces no representarán al pueblo porque no puede servirse bien a dos amos. Creo que tendremos un Morenato en vez del viejo PRIato.

Regalar dinero tampoco es la solución, es como con las pirámides financieras: unos pocos salen ganando y el grueso de los participantes, los de abajo, pierden todo. Dicho de otra manera: que nos regale dinero a todos, está bien, pero ¿de dónde va a salir ese dinero? ¿Echarán a andar la maquinita de hacer billetes? La corrupción eliminada está por verse y los ahorros que resulten de ahí, no sé de dónde calcula que “son como 500 mil millones… o 750 mil”, y en todo caso, todavía no los vemos.

Los millennials, esa generación que votó masivamente por AMLO, creo que seguirán como están ahora, consumiendo noticias de Twitter y deseando un mundo mejor, más cómodo y divertido; durante el siguiente sexenio les llegará su hora de cumplir porque alcanzarán los 25 años de edad, pero creo que todavía no están habituados a esa palabra.

Con respecto al otro problema mayúsculo, la inseguridad, mi opinión es muy insegura. Por principio de cuentas necesitaría el presidente negociar con Estados Unidos para que detengan el flujo masivo de armas que pasan la frontera y que son el sustento de los grupos delictivos, algo que EEUU difícilmente cumplirá por aquello de la 2ª Enmienda y porque hacen dinero siendo el primer productor de armas del mundo, en ese país los negocios van por delante. Aquí habría que meter en cintura a innumerables gobernadores y presidentes municipales, que prohíjan y medran al amparo de la inseguridad. Y tendría también que dar alternativas de subsistencia a los campesinos que producen droga o mariguana, negocio mucho más rentable que sembrar maíz o frijol.

No todo está perdido en inseguridad porque la magnífica idea de perdonar a los delincuentes puede ser mejorada: yo propongo que también les otorgue una beca.

Con éste o con cualquier otro presidente, la expresión “México cambió” significa que cambiamos los mexicanos, y eso es más que dudoso. En mi opinión esta es la raíz del problema, es un asunto de mentalidad, de educación y no de expectativas acerca de los hechos ajenos, sino disposición a cambiar los hechos propios. ¿Cambiaremos?

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