Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Un político pobre es un pobre político. Carlos Hank

(El último constituyente.- Casi estoy seguro de que Don Jesús Romero Flores fue el último superviviente del constituyente de 1917. Un hombre vivaz, dotado de una natural simpatía, que convirtió el servicio en su razón de vivir. Quizás por eso vivió tanto, siempre hay a qué o a quién servir. En una entrevista le preguntaron ¿Cómo se encuentra Don Jesús? – De mis males, bien, de mis bienes, mal – contestó sencillamente.)

Todos los servidores públicos tienen la obligación desde hace varios años de hacer declaración de bienes, con objeto de constatar que no se han enriquecido ilícitamente durante su función pública. Prueba muy difícil de superar porque quien más, quien menos, tiene sus busquitas y termina con un incremento en su patrimonio, es decir con un enriquecimiento explicable sólo por la venalidad y la corrupción. Aunque ciertamente no hay arrepentimiento, ni dolor de los pecados, ni propósito de enmienda, porque en su fuero interno nadie se siente culpable y si acaso siente alguna responsabilidad siempre se ve atenuada por racionalizaciones que les permiten dormir a pierna suelta, preocupados no por la forma en que se han hecho de muchos de sus bienes, sino preocupados de  protegerlos, conservarlos, acrecentarlos, disimularlos o de plano esconderlos, algunos de manera tan burda como Olga María del Carmen Sánchez Cordero de García Villegas o Javier Jiménez Espriú, la primera alegando una bobada para no declarar su departamento en Houston y el segundo maquinando un fraude a la ley que por sí solo, bastaría para que se le retirara la confianza y el nombramiento en el gabinete presidencial; pero ya se ve que AMLO tiene diferentes raseros para medir a sus incondicionales y a los otros.

LO DESQUITO.- Una gran parte de los servidores públicos justifican su enriquecimiento diciendo simplemente “lo desquito”. La manera en que me entrego al trabajo, la forma en que cada día lucho y me desangro para servir a mis conciudadanos no puede ser retribuida con el sueldo fijado en la ley correspondiente. Mi esfuerzo y dedicación son dignos de un pago mayor, pero las envidias, los partidos opositores, y en general las circunstancias impiden que pueda aprobarse en ley una percepción mayor, pero no impiden que en justicia, yo pueda hacerme del diferencial que hay entre la percepción oficial y el trabajo que realmente desempeño. Mi persona, mi tiempo, mi trabajo, valen no solo lo que percibo en sueldo, sino lo que obtengo adicional.

VISIÓN PATRIMONIAL.- No es infrecuente que el servidor público se sienta, si no propietario, al menos administrador plenipotenciario del cargo que le toca desempeñar, por lo tanto su palabra es ley. Decide cargos, decide remuneraciones, autoriza compensaciones, acuerda licencias, restringe canonjías, facilita trámites, aprueba leyes, desaprueba mociones, decide quien sí quien no, etc,. Como propietario no tiene a quien darle cuenta ni razón y si lo hace es mas por cortesía que porque se sienta realmente obligado. Sospecha de todos y a todos investiga, favorece y estorba según le convenga, estimula y reprocha a voluntad, lo que obtenga en el desempeño de mi cargo me pertenece.

SOY MUY LISTO.- En materia penal es bien conocido que el aumento de las penas para un delito, solo tiene efecto en la opinión pública que con ello parece quedar contenta, aunque en realidad no tiene una incidencia en la comisión de los ilícitos, por la sencilla razón de que el delincuente profesional no cree que vaya a ser descubierto o detenido. De igual manera el político profesional de la corrupción se asesora, consigue cómplices, maquina sus comportamientos, los enmascara, los disimula, se vale de prestanombres, hace triangulaciones, lleva diferentes asientos contables, obtiene documentación, altera licitaciones, maneja discrecionalmente algunas partidas, disimula ingresos bajo rubros distintos, etc.. Este tipo de servidor público se vanagloria de la manera en la que ha logrado engañar a los mecanismos de supervisión o vigilancia para enriquecerse impunemente.

LOS DEMÁS LO HACEN.- Un argumento apoyado en la falacia a mayoría de razón, es citado con frecuencia por servidores públicos que justifican sus ingresos ilícitos porque todos lo hacen. Sí, México es un país corrupto, y si no entras al juego de la corrupción no solamente te quedarías como botón de muestra de una especie extinta, sino entorpecerías el funcionamiento de la administración pública que se mueve precisamente en función de la corrupción, en la que todo el sistema y sus integrantes, participan en mayor o menor medida. La corrupción existía antes de que yo llegara a mi cargo, y existirá después de mí. Yo no tengo ni la posibilidad ni la capacidad de acabar con ella y antes bien si lo intento, pondré en riesgo no solo mi persona, sino la función pública que desempeño. Si intento cambiarlo seré un factor de problemas más que de soluciones. Los demás lo hacen y no pasa nada ¿Por qué yo no?.

¿PLATA O PLOMO?.- La corrupción ha alcanzado tales niveles, que en multitud de áreas de la administración pública se han infiltrado, no solo malos funcionarios, sino miembros de la delincuencia organizada, algunos que han sido cooptados y otros que han sido puestos allí. El servidor público que pretenda abstraerse de esas circunstancias y llevar a cabo su función de manera honesta, legal y con apoyo en principios de actuación morales, se enfrentará de manera irreconciliable con la realidad de un aparato corrupto que sirve a los intereses de la delincuencia. La disyuntiva que se le ofrece es clara, o acepta participar dentro de la maquinaria corrupta desempeñando su trabajo en la forma que se le indica, o se atiene a las consecuencias que pueden llegar no sólo a su persona sino también a su familia.

¿POR DÓNDE EMPEZAR?.- A las primeras de cambio ya enseñaron el cobre más de alguno de los integrantes del equipo de la 4T. ¿Con éstos bueyes hay que arar? ó ¿Buscamos otros bueyes?.

(Sufragio en efectivo y reelección.- Los que se autonombran pomposamente “clase política” se aprobaron la legislación que les permite la reelección. La que fuera bandera que tantas muertes causara, de un plumazo fue echada para atrás por la nueva hornada de políticos, que desconocen o hacen como que desconocen la historia. No sería nada malo que nomás para ver que sienten, el pueblo echara para atrás en las urnas las pretensiones de los reeleccionistas.)

 

bullidero.blogspot.com                 facebook jemartinj                twitter @jemartinj