El presbítero Carlos Alberto Alvarado Quezada expresó su consternación por los suicidios e intentos que se siguen registrando en la entidad, principalmente en niños, por lo que pidió a las familias mantenerse unidad para resolver oportunamente cualquier problema que se presente al interior del hogar.
Asimismo, les recomendó tener acercamiento con su párroco, pedir ayuda cuando la necesiten y sobre todo estar atentos al comportamiento de sus hijos; “hay signos de alerta que se pueden detectar y así evitar que alguien llegue a los extremos de quitarse la vida”.
Añadió que si las familias no pueden resolver los conflictos del hogar y no saben cómo tratar a los hijos en materia de prevención, es importante que soliciten ayuda especializada, y las autoridades de salud están obligadas a darla gratuitamente, para eso hay áreas de prevención de este flagelo.
“Es doloroso enterarse de que niños, adolescentes y jóvenes tienen poca resistencia a la frustración y optan por dañarse a sí mismos, como vía de supuesta solución a sus problemas, para llamar la atención de sus padres o “castigarlos”, de ahí la importancia de actuar oportunamente, de estar alertas con las conductas y amistades de los hijos.
Consideró que todos estamos obligados a participar en la medida de nuestras posibilidades, a prevenir estos desenlaces atormentados.
“El que un niño intente quitarse la vida, refleja el grado de deterioro del tejido social”.
Asimismo, refirió que es difícil enfrentar nuestras realidades tan mezcladas de bien y de mal; “es difícil sostenerse en el camino cuando parece que la maldad y la violencia van triunfando”.
Al respecto, indicó que la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, que se celebró ayer, se asienta en esta realidad de presencia de mal, pero de una prevalencia del bien.
“No podemos ocultar que el mal invade los ámbitos humanos, no podemos negar su presencia en nuestras vidas, pero esta fiesta nos da esperanza y certeza de que somos capaces de vencer todo mal. Tal como entendemos el Misterio de la Inmaculada Concepción, la Iglesia recoge el pensamiento que se ha mantenido a lo largo de los siglos de que María, ‘llena de gracia’ por Dios, había sido redimida desde su concepción”.
Finalmente, dijo que al mismo tiempo que le cantamos y la alabamos, adquirimos conciencia de nuestra lucha diaria contra todo el mal, asumimos su ejemplo de apertura y disposición a la palabra y nos comprometemos en la construcción de la comunidad.