Por Itzel Vargas Rodríguez

Hace unas semanas el INEGI publicó un polémico estudio que vinculaba el color de piel con las oportunidades de desarrollo personal y laboral. El estudio que se llamó “Módulo de movilidad Social Intergeneracional” y entre los resultados que presenta, arrojó que hay una fuerte correlación entre el color de piel y el rezago educativo o crecimiento profesional.

En pocas y muy crudas palabras, este estudio se resume en el tweet que el Presidente del INEGI, Julio Santaella, emitió por aquellos días en que se publicó el texto, y que versa: Las personas con piel más clara son directores, jefes o profesionistas; las de piel más oscura son artesanos, operadores o apoyo”.

Esta investigación no sólo ha dilucidado un asunto que ya se sabía de forma empírica: el tema del terrible racismo que se vive en México, y en pequeños pero muy contundentes actos diarios aplicación de este tipo de discriminación, que contextualmente inciden, ayudan o delimitan en el futuro profesional y educativo de una persona mexicana.

Y justamente, la polémica de este estudio ha girado en torno a diversas opiniones entre las que destacan quienes consideran que este estudio no debió abordar un tema que debiera ser irrelevante como el color de piel, y quien por otro lado, confirma denuncia de la plaga de malinchismo y racismo que prolifera en la sociedad, al momento de promocionar empleos o brindar oportunidades: beneficiando a quienes gozan de piel clara, emitiendo decisiones de profesionalidad con base a cuestiones de apariencia y genética. En fin, ambas posturas son entendibles y ampliamente debatibles por la naturaleza de la polémica que el tema del racismo entre mexicanos conlleva.

Hace algunos días me encontré con un artículo, que hablaba de otra investigación que prácticamente se derivó de este estudio del INEGI, pero que fue realizado por Adrián Santuario, un físico investigador de la UNAM, quien analizó las imágenes en línea de los diputados federales y generó un pantone de colores de piel por partido para ver qué resultados arrojaba.

Por muy absurdo que pudiere sonar el estudio, increíblemente demostró el mismo racismo dentro de los partidos, destacando el PRD, como uno en donde las pieles oscuras eran las más recurrentes, pero teniendo a un PAN y PVEM con la tendencia más repetitiva de colores claros.

Un estudio superficial, que revela mucho de las tendencias, mañas, meritocracias y estilo de hacer política, al interno de los partidos de México.

Y como si fuera poco, hace tres días para ser precisos, en las redes sociales se viralizó un video en donde una joven rubia discriminaba en un casting a una mujer morena por ser “prieta bajada del cerro”, denostándola para que no pudiese protagonizar en la sesión ante las cámaras.

Ya luego de unas cuantas horas de que el debate en torno al video consolidaba un grueso de la población on-line y que además, ya se había posicionado en tendencia con el hasta #LadyPrieta, se difundió un video aclaratorio de la cerveza Victoria, que moralizaba y hacía reflexión en torno al tipo de comentarios que realiza la gente en el país y en donde al final, menciona con un mensaje conciliador que esas actitudes no son lo que caracterizan en México. Esta fue sin duda, una forma efectiva para viralizar una marca y un mensaje en las redes sociales, sin embargo, me parece la marca Victoria soluciona el embrollo dejando un sabor amargo entre muchos de los que participamos de la dinámica de viralización y más tarde recepción del mensaje último, porque juega de alguna forma, con el sentir popular e impone un tipo de moralización, que, fuera del estudio del INEGI, socialmente no exigía un mensaje del tipo. Quizá una reacción tardía de la iniciativa privada, (aunque viralmente efectiva), a las decenas de declaraciones de Donald Trump hacia los mexicanos, cargadas de racismo de por medio… y claro, la vinculación con la preferencia personal hacia la cerveza “clara” u “obscura”.

En fin, el asunto sobre el color de piel ha dado de qué hablar en los últimos días principalmente por estos tres casos en concreto, y es muy posible que comience a formar parte del argot discursivo de influencers y protagónicos políticos. Un tema que se pone de moda, dejando entrever el fenómeno que ocurre cuando los temas de la agenda pública y mediática, al ser muy repetitivos, paulatinamente forman parte de la agenda de temas de la política y el gobierno, exigiendo por ende alguna medida o acción.

Así nacen los temas en las agendas políticas, por debate y discusión de un problema contextual. A ver cómo continua creciendo o menguando la “bola de nieve” en torno a este polémico tema racial.

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