Por Octavio Díaz García de León.

La idea: Existe una forma de discriminación de la que se habla poco. Me refiero a la discriminación laboral que sufren las personas de más de 50 años. Ahora que los colaboradores de AMLO, incluyéndolo a él, pertenecen a la tercera edad, quizá se podrían implementar programas para revertir esta discriminación injustificada.

Hace unos días el experto en seguridad, Alejandro Hope, publicó un tuit (https://twitter.com/ahope71/status/1023465465119686656) en donde daba la edad de las personas propuestas para formar el gabinete de AMLO. Tan fuerte y extensa fue la respuesta recibida al tuit,que luego escribió un artículo al respecto.

Hope mencionaba que los nuevos integrantes del gabinete tenían en promedio 59.7 años y se preguntaba si era el gabinete más viejo de la historia; él mismo respondió que no, ya que el último gabinete de Porfirio Díaz fue el de mayor edad. (http://www.eluniversal.com.mx/columna/alejandro-hope/nacion/un-tuit).

A pesar de que sólo manifestó un hecho, hubo todo tipo de respuestas, algunas acusándolo de gerontofobia y otras lindezas. Lo que concluye Hope es que aun los simples hechos pueden ser usados como un argumento a favor o en contra de alguna creencia. Los hechos no son inocentes para los habitantes de la selva tuitera.

Pero me parece interesante que Hope lo haya señalado, porque ciertamente la edad de los colaboradores es parte del perfil de las personas que rodean al presidente. Por un lado, es lógico que los colaboradores del presidente electo sean cercanos a su edad, después de todo él tiene 64 años y resulta entendible que sus personas de confianza sean sus contemporáneos o incluso mayores.

Por otra parte, desde 1913, con Victoriano Huerta, no teníamos un presidente de la edad de AMLO que tendrá 65 años cuando tome posesión. Con excepción de Ruiz Cortines quien tenía 62 años cuando tomó posesión, en general, desde entonces, ha habido presidentes que se encuentran en sus cuarentas.

Lo cierto es que la edad de los futuros miembros del gabinete se ha convertido en tema de discusión. Hace unos días veía una nota donde se criticaba la edad de los que serán colaboradores del nuevo secretario de Comunicaciones y Transportes, indicando que la primera plana de dicha Secretaría tendrá 67 años en promedio (el futuro titular tiene 81).

¿Debe ser la edad un criterio para formar un gabinete o, en términos generales, para la contratación de personal? Por un lado, efectivamente no se debería contratar a menores de edad, pero por otra parte no debería ser una limitante el ser de edad avanzada, si cumple con los requisitos del puesto. Y eso es lo que hay que analizar respecto a los futuros colaboradores de AMLO.

El gobierno ha sido más o menos inmune a este tipo de discriminación laboral y es frecuente encontrar personas de más de 70 años trabajando en el gobierno soportando bien horarios y cargas de trabajo excesivos como los que suele haber en algunos puestos.

Esto puede deberse a dos aspectos. Uno es la falta de un sistema de pensiones que permitan a los jubilados tener una vida digna, especialmente en el caso del ISSSTE, lo cual obliga a personas de la tercera edad a seguir trabajando hasta edad avanzada. Este problema se acentuará al desparecer el seguro de separación individualizado y la cancelación del seguro de gastos médicos.

Otro es que, si cuentan con un ingreso digno, los jubilados no encuentran qué hacer con su tiempo libre. Si las personas están sanas, debería haber esquemas de trabajo que les permitieran dedicarse a lo que les gusta y seguir aportando a la sociedad de forma remunerada.

En la iniciativa privada las prácticas son peores que en el gobierno, respecto a los mayores de edad. Es prácticamente imposible encontrar un empleo en el sector privado si se cuenta con más de 50 años. Hace unos días observaba en un anuncio donde buscaban empleados para la empresa Cinépolis, en el cual ponían como límite de edad, 50 años.

Otras empresas son más discretas y aunque no lo anuncien abiertamente, lo primero que observan los reclutadores, sin siquiera ver el resto del currículum del candidato, es si la persona rebasa cierto límite de edad. Otra práctica que es frecuente en el sector privado es que, pasando determinada edad (entre 45 y 50 años), las empresas despiden a sus empleados sin importar antigüedad o méritos.

Ojalá que el nuevo presidente y una buena parte de sus colaboradores cercanos, quienes pertenecen a la tercera edad, puedan implementar mecanismos para evitar la discriminación laboral por motivos de edad.

Con la generación del “baby boom” envejeciendo y la pirámide poblacional invirtiéndose, urge tener estrategias de atención a adultos mayores: pensiones dignas para quienes ya no puedan o quieran trabajar; oportunidades de empleo para quienes tengan las habilidades y el deseo de seguir trabajando; capacitación para adultos mayores en materia de nuevas tecnologías; y, sobre todo, servicios de salud adecuados para atender a quienes contribuyeron con su trabajo la mayor parte de su vida. Es lo menos que la sociedad puede hacer con quienes ya dedicaron casi toda su vida al trabajo productivo y habría que seguir el ejemplo de AMLO, quien sí contrata personas de edad avanzada.

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