Marión Altamirano
Agencia Reforma

Durante la universidad eres dueño de tu tiempo. Comes a tus horas, duermes lo necesario -a veces más o menos dependiendo de los exámenes y trabajos finales-, estás en algún equipo representativo o haces ejercicio por tu cuenta. En fin, tu rutina es estable.
Pero al momento de graduarte y entrar al mundo laboral, todo se trastoca.
Entras a cierta hora, tu tiempo para comer depende de tu horario -y tus jefes-, a veces no comes, tus horas de sueño son cambian, y dependes de otros para organizar tu tiempo.
Muchas veces esto afecta en el peso, o resulta en insomnio, estrés y falta de rendimiento.
“En mis 12 años de experiencia (como gerente de recursos humanos), considero que la adaptación a los horarios es con lo que más batallan los jóvenes recién egresados”, señaló Karina Guerrero, psicóloga organizacional.
“También el estrés. Tienen toda la vida estresados académicamente, pero hasta que entran a un trabajo real es cuando conocen el estrés laboral.
“Ese impacto o choque cultural, que no te enseñan en la escuela, genera mucho estrés y, por consecuencia, ansiedad. ¿Y qué hacen? Comer”.
Además, dijo, cuando eres estudiante, por lo regular, eres más activo, sobre todo si eres deportista.
Caminas a tus clases, no tienes carro y debes tomar transporte público, o andas en bicicleta o patineta; además, no tienes tanto dinero como para darte tus “lujos” en comida o bebidas.
“Cuando empiezas a trabajar, generalmente pasas ocho horas sentado y eso afecta mucho en diversos factores. La combinación del estrés, no tener la misma movilidad de antes, y si nos vamos más allá, lo primero que hacen los chavos es comprarse un carro.
“La vida laboral te vuelve sedentario. Hay veces que sales de la oficina y ni ganas de ir a hacer ejercicio, ni levantarte temprano para hacerlo tampoco; los cambios de hábitos y rutina son difíciles y cuestan mucho trabajo”, explicó Guerrero.

SÍ SE PUEDE PREVENIR
De acuerdo con la especialista en nutrición Pamela Cantú, el sedentarismo y el estrés son factores fuertes en el aumento de peso de los jóvenes al incursionar en el ámbito laboral, pero pueden prevenirse.
“Creo que si los jóvenes se crean el hábito de tener costumbre saludables, esto puede reducirse; pueden planear su menú semanal, por ejemplo, alimentos y snacks balanceados, y que los preparen con tiempo”, dijo Pamela.
“Darse el tiempo de desayunar y preparar su lonche desde una noche antes para no salir a prisa en la mañana. Si no se preparan con tiempo, por lo regular recurren a salir a comer, o comer alimentos altos en carbohidratos y azúcares”.
Si no hay otra opción más que salir a comer a algún restaurante, señaló, sugiere elegir una opción saludable. Por ejemplo, alimentos a la plancha o al vapor, y no fritos, evitar los refrescos y azúcar refinada, para evitar subir tanto de peso.
“Prepara snacks como fruta, yogur griego, jícama, pepino, para esos antojos a mitad de mañana o tarde que son importantes saciar, pues nuestro cerebro los necesita para poder funcionar bien y rendir mejor”.
También recomendó dos tazas de café negro al día y tomar mucha agua; y si estás en un trabajo sedentario, salir a tomar aire fresco y caminar un poco o dentro de tu edificio u oficina por lo menos tres veces al día; realizar estiramientos para relajarse también funciona.
“Es súper importante encontrar maneras de despejarse y dormir bien, porque si te quedas despierto hasta la madrugada viendo series, por ejemplo, al día siguiente tienes cero energía y tu cuerpo te pide azúcares o alimentos muy calóricos y es peor.
“Además, comer a tus horas: desayuno, comida y cena, y por lo menos dos snacks en el día porque a veces comemos más tarde o andas a prisa y sin esos snacks, al momento de comer una comida fuerte de nuevo, comes de más, y se va haciendo una cadenita de malos hábitos” explicó Cantú.

Una transición sana
Checa las siguientes recomendaciones para pasar de la escuela al mundo laboral:
– Organiza tu tiempo para preparar tus alimentos.
– Duerme tus ocho horas.
– Procura mantenerte activo, aunque sea dentro de la oficina, para despejarte y soltar el estrés.
– No saltes comidas, come a tus horas y aliméntate sanamente.