Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, por lo general destino las líneas de esta columna para discutir un tema de actualidad, sin embargo, en esta oportunidad considero que amerita la ocasión para hablar de uno de los más grandes héroes nacionales que ha tenido nuestro país. En lo particular, tengo una profunda admiración por la vida y obra de Don José María Morelos y Pavón, de quien se acaba de celebrar, el pasado miércoles, el 205 aniversario de su natalicio.

Don José María Morelos y Pavón nació el 30 de septiembre de 1765 en la ciudad de Valladolid, en el Estado de Michoacán. Desde 1828, Valladolid lleva el nombre de Morelia en su honor. De joven fue arriero y en 1790 ingresó al Colegio de San Nicolás, un conservatorio católico ubicado en la misma ciudad de Valladolid. Dicho colegio era dirigido por el cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, siendo éste maestro de Morelos en repetidas ocasiones. En 1802, Morelos concluyó sus estudios eclesiásticos y fue nombrado cura párroco de Nocupétaro, una pequeña población del Estado de Michoacán.

Morelos, al enterarse de que la guerra por la independencia de México había comenzado en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 y que ésta había sido emprendida originalmente por Don Miguel Hidalgo y Costilla, decide unírsele a él y a la causa independentista. El 20 de octubre de ese año, Morelos se entrevista con Hidalgo en el pueblo de Indaparapeo. Después de una conversación privada entre los dos, el cura Hidalgo nombra a Morelos “teniente” y su “lugarteniente” en las costas del sur del país, concretamente en los actuales Estados de Guerrero y Oaxaca.

En ese momento, se le unieron los tres hermanos Galeana, Hermenegildo, Juan y Fermín. El 25 de octubre del mismo año, Morelos sostuvo su primera campaña militar en Carácuaro y de ahí en adelante empezó a apoderarse de buena parte de la región sur de la Nueva España, con batallas deslumbrantes y memorables como la defensa de Cuautla en 1812. El 3 de mayo de 1811, conoció y logró fusionar a su movimiento a los cuatro hermanos Bravo, originarios de Chilpancingo. Ellos eran Miguel, Víctor, Máximo y Leonardo. A partir de ese momento, Morelos empezó a cosechar numerosas victorias. Marchó a la ciudad de México y en Izúcar se le unió el cura Mariano Matamoros. Más adelante, regresó a Cuautla.

Para el año de 1812, Morelos y su ejército empezaron a experimentar la derrota y el fracaso. Para inicios de este año, los realistas vencieron a Morelos y recuperaron el fuerte de San Diego y Cuautla, lo que desmembró al ejército insurgente. Entonces, Morelos preparó una nueva campaña y recibió una copia del decreto de amnistía expedido por el Virrey Félix María Calleja en su favor, a lo que contestó “Concedo a Calleja y sus hombres el mismo privilegio”, desafiando así a la autoridad virreinal. Con los nuevos ataques, Morelos triunfó en Veracruz y Puebla, y en octubre del mismo año ocupó tanto Tehuacán como Orizaba. Para noviembre, tomaría la ciudad de Oaxaca junto con los generales Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero.

Para el año de 1813, Morelos, haciendo uso de su genio y visión política, reunió a los principales representantes de todos los partidarios de la lucha por la independencia. Ello ocurrió en la ciudad de Chilpancingo y entonces se formaría el Congreso de Anáhuac, cuyo objeto principal era crear una Ley suprema para la nación mexicana. Dicho Congreso fue inaugurado el 14 de septiembre de ese año, momento en que Morelos da conocer el documento que resumía su pensamiento político y los principios sobre los que debía erigirse la nueva nación mexicana. Dicho documento, conocido como “los sentimientos de la nación”, enarbolaba una especie de programa de gobierno.

Por otro lado, el mencionado Congreso elaboró un acta de independencia, la cual fue aprobada el 6 de noviembre del mismo año. Para inicios del año de 1814, el coronel Agustín de Iturbide derrotó a los insurgentes en Valladolid, tierra natal de Morelos. Más adelante, el ejército de Morelos, bajo el mando de Mariano Matamoros, fue derrotado. Este último fue capturado y ejecutado. En el mes de marzo, Oaxaca fue tomada por el ejército realista. Más adelante, en abril, Hermenegildo Galeana fue asesinado en Coyuca, en pleno combate. Morelos, al enterarse de la muerte de Matamoros y de Galeana, exclamó con tristeza: “He perdido mis brazos. No soy nada”.

El multicitado Congreso, el 22 de octubre de 1814, promulgó la Constitución de Apatzingán. Dicho ordenamiento debía regir los nuevos destinos de la naciente e independiente patria mexicana, así como otorgaba a Morelos el nombramiento de Jefe del Poder Ejecutivo. A partir de aquí comenzó el declive de los éxitos de los insurgentes. Morelos se autoproclamaba como el “siervo de la nación”, dejando entrever su postura humilde, con la mira puesta en sacrificarse por sus ideales nacionalistas.

Morelos fue capturado por el general realista Manuel de la Concha, el 5 de noviembre de 1815. El ejército de Morelos fue destruido totalmente para el 16 de noviembre de ese año. Morelos fue remitido a la ciudad de México, juzgado rápidamente por el Tribunal del Santo Oficio y despojado de su calidad sacerdotal. Más adelante, fue sentenciado a muerte por el Virrey Calleja y ejecutado el 22 de diciembre de 1815 en los patios del convento de San Cristóbal Ecatepec. Así concluyó la vida y obra de un extraordinario.

Recordemos que Napoleón Bonaparte, emperador francés, y el Duque de Wellington, jefe del ejército anglo–alemán, los dos más grandes estrategas militares de su época, se expresaban de él como un personaje con una valentía y un coraje incuestionable.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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