Estamos en pleno año electoral, para renovar la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, y como ya se habrá dado cuenta, la invasión de spots de radio y televisión por parte de los partidos políticos, es enorme. La supuesta democratización y equidad del acceso a la radio y televisión en época electoral, se ha convertido en una invasión al público y casi un único recurso por parte de los partidos.

Ese casi único recurso ha provocado en los partidos y sus dirigentes una pereza ideológica y política, vemos cómo quieren reducir y sustituir ideología, proyecto, programa, propuestas, debate e ideas en máximo 30 segundos, diseñados y producidos por “expertos” mercadólogos. La calidad de los actuales anuncios de los partidos ya los analizó y desmenuzó puntualmente Álvaro Cueva en su columna diaria; donde los calificó de insípidos, sin fondo, frívolos, faltos de visión y con poca idea de trasmisión del mensaje, por tanto, según su análisis, pocos se salvan de cumplir los parámetros mercadológicos profesionales; el veredicto ideológico y político es peor si cada ciudadano realiza de manera reflexiva su opinión.

Solo en el periodo de precampañas del 10 de enero al 18 de febrero se transmitirán en radio y televisión de todo el país siete millones de spots electorales; cabe hacer la aclaración que casi todos los partidos designarán a sus candidatos internamente, (“osease” casi, casi dedazo) la pregunta es ¿si la precampaña de los aspirantes es dentro de su partido, porque todos los ciudadanos nos tenemos que “chutar” sus infumables spots?

El INE posee 48 minutos en medios, 30 corresponden a los partidos políticos y 18 para las autoridades electorales (TEPJF, Organismos Electorales Locales, etc.) estos son por día y por medio, representando 3.3 spots por hora de 30 segundos; alrededor de 90 anuncios diarios, si se toma en cuenta que se deberán de transmitir a través de tres mil medios de comunicación; sin costarles un solo peso a los partidos.

Así es, pareciera un instrumento de tortura larga y sistemática que los partidos políticos idearon como una forma de fastidiar, hartar e incentivar la apatía del ciudadano. ¿Para qué? Aquí viene la otra parte de la receta, las estructuras partidistas.

Todos los partidos políticos aprendieron y replicaron del priismo, que la ideología se sustituye por pragmatismo, la formación por capacitación, las bases por estructuras y los cuadros por operadores, en síntesis, ser un partido “profesional”, no un partido ideológicamente comprometido. Por lo anterior, se desarrollan estrategias de “incentivo” del voto ¿esto qué es? acciones que faciliten al “ciudadano” votar el día de la elección, y conformaron estructuras profesionalmente pagadas para atenderlas, ya que cuentan, el conjunto de partidos, para el 2015 con una bolsa de 5mil 356 millones 771 mil 247 pesos, la cual se utilizará entre otras cosas en lo siguiente:

Cooptación: la cooptación oculta, cuando los dirigentes en funciones aprovechan el poder de sus cargos, recursos y dinero para influir decisivamente en la elección de los candidatos, aunque luego se cumplan formalmente las normas previstas para tales nombramientos. La cooptación es un claro síntoma de la oligarquización de los equipos dirigentes de los partidos.

Promoción del voto; es una forma disfrazada para convencer a ciudadanos para votar, se conforman cuadrillas de activistas para visitar casa por casa, con la finalidad de 1) desincentivar la participación de los simpatizantes contrarios y 2) elaborar una estructura piramidal en la cual se comprometen a llevar a votar los simpatizantes propios, esto da pie al siguiente acto.

Acarreo y movilización del voto: se le llama acarreo y movilización cuando para incidir en la votación se acompaña o se transporta a votantes desde su casa hasta el centro de votación, se requiere de recursos e infraestructura para realizarlo de manera efectiva, (tener autos, camiones, organizar desayunos o reuniones para aglutinar grupos) además de ofrecer un plus al votante, una despensa, un plástico o últimamente un billete a cambio de su valiosa contribución “voluntaria” al partido y candidato.

Clientelismo: este es un concepto ampliamente estudiado por la Ciencia Política y se puede conformar la siguiente definición “Sirven para el intercambio mutuo de servicios y bienes entre dos personas socialmente desiguales o entre dos grupos. Se trata de una relación en la cual una persona poderosa (político) pone su influencia y sus medios en juego para dar protección o ciertas ventajas a una persona socialmente menos poderosa (ciudadano común) que le ofrece respaldo y servicios al político de manera continua y sistemática. En resumen y el ejemplo concreto, nombrar un(a) líder que dé despensas o dinero a cambio del apoyo, de una forma constante y sistemática.

Operadores: para el buen funcionamiento de todo lo anterior, se requieren personas especializadas y en constante actualización para poder llevar a cabo las estrategias y la operación exitosa en la práctica, es ahí donde surgen los “operadores” individuos sin otro que hacer laboral, más que engrosar la burocracia de un partido político y prestar sus pragmáticos servicios. No importa si tienen compromiso ideológico y programático con el partido, lo importante son sus resultados, se dan casos de operadores que trabajan por destajo, al servicio del partido que mejor les pague.

Todo lo podemos concluir como lo dice Carlos Puig “El sistema hoy es uno que solo sirve para repartir dinero. En días de elección, por ejemplo, no conocerá usted un solo representante de casilla que no cobre de algún partido —o de dos— por estar ahí.” Quedaron en la romántica añoranza, ser militante en un partido por el compromiso y convencimiento partidario.

A casi quince años de entrar en la etapa de la alternancia en México y más de 20 años de sentar las bases para generar una incipiente democracia, los dirigentes de los partidos ocuparon su tiempo en replicar y perfeccionar los mecanismos para la competencia meramente electoral; la ideología y el proyecto es pura parafernalia para ocultar la verdadera intención, que es, la disputa pragmática por el poder a través de los spots y las estructuras partidistas.