Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Mañana se cumplirán 50 años del accidente aéreo del avión DC-3 matrícula XA-GEV de Aerovías Rojas, que cubría el vuelo inaugural de la ruta Aguascalientes México. El aparato, que salió de Aguascalientes a las 17 hrs.,se estrelló en una zona boscosa cercana a Villa del Carbón, estado de México, a unos 70 kilómetros al poniente del aeropuerto de México, ocasionando la muerte de sus 18 ocupantes, 14 pasajeros y cuatro tripulantes.

Según la página de la Internet https://aviation-safety.net/database/record.php?id=19680410-1&lang=es, la aeronave había sido construida en 1942, y el daño sufrido hacía imposible su reparación.

Ese fatídico día, El Heraldo de Aguascalientes publicó un anuncio de media página, en el que participaba a la comunidad el inicio de operaciones de la aerolínea, con servicio para pasajeros, express y carga. El precio del boleto era: sencillo $177.00 y redondo $319,00 y los vuelos serían cotidianos, únicamente en días hábiles. Las reservaciones y boletos se expenderían en la oficina que la empresa estableció en el lobby del Hotel Francia, y en la agencia de viajes Leos Internacional, en la avenida Madero.

La nota correspondiente señalaba que de esta forma se hacían realidad las gestiones llevadas a cabo por las fuerzas vivas de Aguascalientes a lo largo de 12 años, encabezadas por la Cámara de Comercio, que presidía el señor Vicente Matute. De hecho también se publicó un desplegado con el siguiente texto: “La labor continua de muchos años de la Cámara de Comercio, llega hoy a feliz realización al inaugurar Aerovías Rojas sus vuelos diarios a la ciudad de México. Felicitamos a esta empresa que ha venido a prestar tan necesario servicio a Aguascalientes”. Más allá de los desplegados (hubo otro, pequeñito, del Banco de Comercio de Aguascalientes), los empresarios adquirían el compromiso de utilizar el servicio, a fin de garantizar su permanencia.

El día del primer vuelo, miércoles santo de ese año, se esperaba la llegada del avión hacia las 11.15 hrs. Las fuerzas vivas del estado, encabezadas por el gobernador Enrique Olivares Santana, ofrecerían a los invitados un brindis en el Hotel Francia, habría una comida y luego todo el mundo retornaría al aeropuerto, para completar el periplo.

En aquel tiempo, El Heraldo de Aguascalientes se imprimía en tinta negra, pero excepcionalmente se titulaba alguna noticia en azul o en rojo, según el énfasis que se quisiera dar a la información. Pues bien, la edición nacional del 11 de abril se imprimió en ocho columnas dobles, en rojo: “Se estrelló el avión que iba hacia México”. Inmediatamente debajo, al centro, venía una fotografía del aparato, y en primer plano, tres de las víctimas: el director de Aeronáutica y del propietario de la línea aérea y su esposa. La noticia tenía tres subtítulos. En uno de ellos se afirmaba que entre los pasajeros iba un hijo del gobernador Olivares, en tanto otro señalaba lo obvio: “Se temía que no hubiera supervivientes”.

La nota tenía la apariencia de haber sido incluida en el último momento, y señalaba que en la última comunicación entre el aparato y la torre de control de México, el comandante de la nave había señalado su intención de bajar de 11,000 pies a 9,000, en el inicio de la aproximación de aterrizaje, para minutos después perderse el contacto.

De inmediato se organizó una brigada de búsqueda compuesta por más de 500 personas, pero a las 3.a.m. –seguramente la hora de cierre de la edición-, los esfuerzos no habían dado fruto.

Entre los desaparecidos figuraban César Enrique Olivares Ventura, hijo del gobernador Olivares, y un “acompañante” suyo, Ismael Landín Miranda. Sin embargo la información era errónea, porque el personaje de este nombre todavía anda por aquí, ejerciendo su profesión de médico de niños. Quien murió fue un hermano de éste, Antonio.

Ese día ocurrió una cosa rarísima en la historia del periodismo, me atrevería a decir que mundial; algo en verdad perturbador, digno de aquella serie de televisión de los años sesenta, “Dimensión desconocida”, porque mientras la trágica nueva se anunciaba en la sección nacional, en la sección local las noticias se publicaron como si el accidente no hubiera ocurrido. En las ocho columnas se informaba: “Conexión a la red aérea internacional”. Luego venían los subtítulos: “Quedó abierta ayer la nueva ruta Aguascalientes México”, “Inmediata y favorable reacción de usuarios”, e “Inauguración oficial a cargo del director de Aeronáuticas”.

La edición traía tres notas más, y una fotografía de la aeronave detenida en la tierra que entonces hacía las veces de plataforma del aeropuerto. En el pie de la gráfica se informaba que el aparato había aterrizado a las 12.30 p.m. y que “con este importante servicio ahora sólo noventa minutos separan a nuestra ciudad de la capital de la República”.

La explicación de esta incongruencia está en la nota que dio cuenta de la tragedia, una nota de la redacción que dice: En nuestra sección A, que ya estaba cerrada cuando se tuvieron los primeros informes del lamentable accidente, proporcionábamos a nuestros lectores una amplia y completísima información del acto inaugural del servicio que la compañía Aerovías Rojas ponía en marcha ayer. Las últimas fotos y las últimas entrevistas que se hicieron a los personajes que participaron en el acontecimiento y que fueron víctimas posteriormente en el trágico accidente aéreo, son las que aparecen en esta edición en las páginas 1 y 2 A.”

Como era de esperarse, el hecho impactó de manera brutal a la sociedad aguascalentense. En los días siguientes la prensa tocó el tema una y otra vez, dando a conocer informaciones nuevas, ficticias o reales, historias de quienes, por obra y gracia del azar, perdieron la vida o la salvaron.

Otro día le cuento más sobre estos hechos. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

¡Participa con tu opinión!