Tan solo han pasado 51 días del año y la petrolera mexicana ha sufrido un catastrófico año, por cualquier lado que se le vea. Para comenzar, Fitch Ratings redujo la calificación crediticia a ‘BBB-‘desde ‘BBB+’. Además, mantuvo la perspectiva en negativa, lo que implica una posible nueva disminución de la nota. Una baja más, pondría la deuda de la paraestatal, en los llamados: bonos basura.

Pudiéramos desarrollar un kilométrico texto sobre la desastrosa situación financiera y estructural de la petrolera nacional. A pesar de esto, los mercados están preocupados principalmente por dos apartados: el excesivo endeudamiento y la caída en la producción de hidrocarburos.

PEMEX pasó de una deuda de 579 mil millones de pesos en 2008, a cerrar el 2018 con obligaciones financieras superiores a los 2 billones de pesos, según datos de la Auditoría Superior de la Federación. Este monto está representado por la colocación de bonos, la adquisición de créditos y de otros instrumentos con los que financia sus actividades.

Aunado a este exorbitante monto, para el término de este año deberán ser solventados pagos por 6 mil 600 millones de dólares; y para antes de que concluya el 2021, deberá liquidar una tercera parte de su deuda actual. Insostenible. Por muchos años, se ha contratado deuda adicional, solo para lograr hacer frente a sus obligaciones financieras. Es una bola de nieve que parece nunca dejar de crecer.

La otra limitante para PEMEX, es la constante caída en su producción de crudo. Para el cierre del año pasado, se alcanzó un promedio de mil 813 millones de barriles de petróleo crudo, con una caída del 6.9 por ciento en comparación con el 2019. Si nos vamos en todo el sexenio, el desplome alcanza un 28 por ciento. La caída va relacionada con la declinación de los campos productores en el país.

La poca tecnología con la que cuenta la empresa, hace imposible poder diversificar sus campos de extracción a una mayor profundidad.

Ante esta compleja situación, el gobierno federal anunció un plan financiero para rescatar a la petrolera y ponerla a nivel de sus homólogas en todo el mundo – Shell, ExxonMobile por mencionar algunas -. Sin embargo, el plan de “rescate”, quedó muy por debajo de las expectativas, generando un rechazo por parte de los inversionistas.

El rescate presentado por el gobierno federal, resulta insuficiente para combatir la crisis financiera. Se anunció la inyección de 107 mil millones de pesos para este año. De dicha cantidad, solo se pretende destinar 27 mil millones como inyección de capital para lograr aumentar la producción. El restante de la cantidad está destinado a la amortización anticipada de los bonos de gobierno recibidos para apoyo en obligaciones por pensiones en 2017 y el fortalecimiento de los bonos actuales.

Inversionistas nacionales o internacionales, calificadoras, proveedores y todos los mexicanos, están escépticos ante este escenario. Como si los problemas estructurales no fueran suficientes, se nombra a un inepto e inexperto ciudadano como director general de la empresa. Octavio Romero Oropeza, además de estar acusado de nepotismo y enriquecimiento ilícito, consta con cero experiencias, ya sea por academia o profesión, en temas energéticos.

Sumado a esto, la reforma que se impulsa por el Ejecutivo, tiene como finalidad debilitar al Consejo de Administración con la firme intención de que el director general ostente un mayor poder de decisión sobre la maltrecha paraestatal.

¿Tiene la empresa margen para equivocaciones de un inexperto? Claro, esto siempre y cuando las decisiones sean tomadas por él, y éstas no vengan directamente de presidencia. ¿No fue el ver a PEMEX, como caja chica del gobierno lo que la pone en esta encrucijada? Pareciera que estamos destinados a tropezarnos con la misma piedra.

Los inversionistas y analistas no perdonan en ninguna instancia. Si bien, se observa cómo se despliega un insuficiente plan para restaurar el deterioro financiero de años; lo que representa el mayor problema para PEMEX, es la incapacidad de sus ejecutivos de demostrar una vía que, aunque de manera muy lejana, vislumbre la luz al final del túnel.

La reunión en Nueva York a principios de año, es el claro ejemplo de la falta de liderazgo para Petróleos Mexicanos. Más vale se haga llegar de personal idóneo para el cargo y no tengamos que pagar los platos rotos. Los cuales, dicho sea de paso, vamos a pagar usted y yo, apreciable lector.

 

Referencias:

 

 @GmrMunoz