Gerardo Muñoz Rodríguez

En los últimos días, observamos cómo el Banco de México, presentaba la nueva familia de billetes que serán puestos en circulación. El cajero principal y director de Emisión de Fábrica de Billetes, Alejandro Alegre, mencionó el cambio en el diseño del billete con la denominación de quinientos pesos, así como la desaparición del billete de 20 pesos.

De igual forma, se hizo alusión a la creación de un nuevo papel moneda con valor de dos mil pesos, lo que lo posicionaría como el billete con mayor cuantía en el mercado financiero mexicano.

Analicemos la nota desde dos perspectivas. La primera, es que se ve con buenos ojos que existan mayores medidas y elementos de seguridad, que salvaguarden y eviten la falsificación de los mismos. Solo habrá que cuidar que la sustitución de los mismos, se haga de manera ordenada, con la finalidad de evitar que se tenga un efecto inflacionario por el aumento de billetes en circulación.

Entrando a la segunda perspectiva, la cancelación de un billete de mínimo valor, para habilitar la creación de uno de cien veces su valor, es una idea absurda y anticuada. Indaguemos el por qué.

En la actualidad, un gran número de naciones, han tomado medidas restrictivas con la intención de eliminar el uso de efectivo como medio de pago. El parlamento de Dinamarca, por ejemplo, decidió erradicar, desde hace cuatro años, la impresión de billetes y planea no reconocer el dinero impreso para el 2030. El Banco Central Europeo, decidió dejar de fabricar su billete de mayor valor a finales del presente año. Medidas replicadas en países como Kenia, Sudáfrica, China, por mencionar solo algunos.

Esto va enfocado en los altos costos que genera el uso de efectivo. Según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad, un elevado número de transacciones en efectivo, esta correlacionado con una mayor informalidad (expresada como porcentaje del PIB), un mayor índice de corrupción, así como un menor índice de competitividad. Este uso también no permite tener un control claro y certero sobre las transacciones que se ejecutan, lo que adolece considerablemente a cualquier gobierno, por el efecto fiscal que representa.

¿Cómo va nuestro país? Desgraciadamente, muy atrasado. México, cuenta con el mayor estimado de uso de efectivo en toda América Latina. Banxico aún no tiene un precedente como los ejemplos antes mencionados, sino todo lo contrario, habilita papel moneda con una mayor denominación. Veamos al país en cifras.

Según datos del propio IMCO, la informalidad representa el 39 por ciento del Producto Interno Bruto del país. ¿Cuantas actividades ilícitas no se llevarán a cabo en esta informalidad? Esto va de la mano con el enorme déficit que representa en recaudación fiscal; se estima que, tres de cada cinco transacciones continúan realizándose en efectivo.

Sin embargo, es complejo dejar de utilizar el efectivo cuando la población no cuenta con la cultura financiera básica, así como cuando no se tiene una inclusión financiera suficiente.

Se enfrentan algunas barreras para llegar a buen puerto la erradicación del uso de efectivo como método de pago. En primer lugar, el comportamiento de consumo de los mexicanos, va enfocado a la utilización de efectivo. Mientras no se presente una regulación restrictiva, no dejara de ser así. Programas de tecnificación e incentivos fiscales para microempresarios al usar TPV, máximos diarios de retiro de efectivo más agresivos, altas cuotas de retiro de efectivo; por mencionar solo algunas.

Las altas cargas impositivas impuestas por el gobierno, son otro de los alicientes que invitan a los empresarios a continuar utilizando el efectivo como principal mecanismo para llevar el día a día de sus operaciones.

Para reducir el uso de efectivo se necesita generar políticas de inclusión financiera, definir estrategias fiscales para incentivar el uso de medios de pago electrónicos. Buscar la manera de incentivar el uso de dinero móvil y monederos electrónicos, es un gran reto financiero que enfrentará la próxima administración presidencial.

Referencias:

  • Luis Mauricio Torres, Manuel J. Molano. (2016). Reducción del uso del efectivo e inclusión financiera. México: Instituto Mexicano para la Competitividad A.C.
  • Recuperado de: http://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/discursos/%7BEEF14A76-ABB0-ED3B-230B-9F69BA352023%7D.pdf (2018). Banco de México.

 @GmrMunoz