RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El martes pasado se llevó a cabo el último debate entre los candidatos a la presidencia de la república. Y realmente estos ejercicios tienen sus variables. Fernando Purón, candidato del PRI a diputado federal en Coahuila por el Distrito 1 había dicho al salir de un debate, hace 9 días, que había estado muy contento de participar en un ejercicio democrático. Al salir del debate una persona le pidió una fotografía con el celular, una selfie, y un tipo que estaba esperando por ahí escondido salió y le pegó un tiro en la cabeza y lo mató. Esa es otra forma del debate político y ese debate político no le ha tocado solamente a los cuatro candidatos registrado por el Instituto Electoral a la presidencia de la república, sino que le ha tocado con resultados de muerte a 112 personas en este país solamente en lo que llevamos de este periodo electoral y digo solamente porque han sido muchos los alcaldes asesinados a lo largo de estos últimos años, ya son más de veinte; ha habido otros asesinados como regidores, diputados locales, en fin, la violencia ha ido marcando a todos los mexicanos independientemente de su actividad y si consideramos que los periodistas son si no actores políticos sí son factores políticos, ahí hay otro centenar de casos acumulados de personas relacionadas con la profesión o abiertamente profesionales que también han sido asesinados.

El martes pasado se pensaba que iba a haber violencia en el debate, pero violencia verbal, y quizá no debería decir el “pero” porque la violencia verbal en muchas ocasiones está fomentando, alimentando o estimulando otra violencia. Me parece muy extraño que José Antonio Meade, que es un hombre tranquilo, educado, que es un señor serio, haya caído en este juego de decirle “vulgar ladrón” a Ricardo Anaya. De Anaya no me parece que la respuesta haya sido tan excesiva al decirle al otro que era un “cínico corrupto” y si a eso le agregamos los calificativos que históricamente Andrés Manuel le asesta y le obsequia a la “mafia del poder” y a la “minoría rapaz”, pues entonces estamos en un país que ha hecho del insulto por un lado, en la parte más presentable, si así se pudiera decir, el insulto es la tónica y en la parte absolutamente impresentable e inaceptable ha hecho de la violencia mortal la herramienta del freno político o la herramienta de la imposición política. En esas condiciones se pensaba que el debate de los aspirantes a la presidencia iba a estar teñido por la majadería, por el ataque, a despecho de que tenían un temario inabarcable, el temario de la igualdad, del desarrollo, las oportunidades, la pobreza, en fin los grandes temas nacionales que por desgracia fueron abordados a través de la peor de las formas que conozco para hablar de cosas de este tipo que fue convocar a twiteros y mensajeros de las redes para que mandaran sus inquietudes y sus preguntas para después codificarlas a través de dos instituciones universitarias y que fueron presentadas en la voz de tres periodistas que condujeron y moderaron el debate y en el que ninguno de los candidatos pudo decir nada importante porque el temario era tan vasto que parecía que era para hacer un programa de gobierno, no una serie eslabonada y elaborada de respuestas rápidas ante un interrogatorio de metralleta, por la velocidad. La verdad es que el temario es demasiado grande, la forma de las preguntas era un poco superficial y la tintura nacional del debate político que no se llevó a cabo por los candidatos fue el no olvidarse por un momento de las pendencias, los insultos, las descalificaciones, pues se deseaba que se concretaran en decir lo que pensaban y sobre todo es que no ha habido ni un solo compromiso manifiesto en ninguno de los debates. Ninguno se ha comprometido a realizar algunas acciones o programas firmando sus compromisos sobre los temas que han podido decir en los debates.

Lo que se vio en el debate en esta ocasión, a diferencia de los anteriores, fue que ahora sí surgieron datos realmente reveladores de cosas que no sabíamos, al menos yo. No sabíamos la cercanía de Javier Jiménez Espriú, o de los familiares de Jiménez Espriú, con el grupo brasileño de Odebrecht que significa en cualquier idioma corrupción. Corrupción en las obras públicas, asociación delictuosa de los gobiernos con los empresarios del sector energético, y me sorprendió mucho, sobre todo cuando la vocera del movimiento de MORENA dijo: “bueno pues sí es así pero no es culpa del señor Javier lo que hagan sus hermanos”, y se puso como ejemplo ella misma al decir: “Yo tengo hermanos buenos, medio buenos y no tan buenos, y eso no tiene nada que ver conmigo, cada quien hace de su vida lo que quiere”. Pero esos son datos que pueden sugerir conflictos de interés, como el conflicto de interés que brotó de una manera creo yo muy inteligente por parte de Ricardo Anaya que la soltó exactamente en el momento que tenía que hacerlo para reparar todos los daños con los que había llegado, porque si recordamos el principio del debate cuando la pregunta era cualquiera de estas bobadas que se preguntan en los debates, Ricardo dijo “Yo aquí estoy pero soy víctima de una persecución del gobierno que me han hecho y me han dicho…”, etc. Y volvió a sacar la fiscalía especial en contra de Peña y en contra de quién se le ponga enfrente. Después para de alguna manera equilibrar las cosas y comprobar esa supuesta alianza no conocida y no confesada entre Peña y Andrés Manuel, le saca el asunto de José María Rioboó que era obviamente constructor, el empresario favorito, el favorecido de la administración de Andrés Manuel cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y cuyo enlace con las obras públicas no era ni siquiera el secretario de obras del gobierno de la Ciudad de México, era la secretaria de ecología que es ahora quién es candidata a la jefatura de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, tratando de suceder ahí mismo a Andrés Manuel. Y estamos viendo que si los segundos pisos fueron la fortaleza económica de ese grupo de constructores en la Ciudad de México, se espera un constructor que va a reconstruir seguramente muchas otras cosas, por eso no deberá extrañar si estos compromisos financiero empresariales y políticos solo sirvieron para darnos argumentos periodísticos en materia de investigación y en materia de comentario, pero no nos sirvió para saber cómo podrían gobernar a partir de las supuestas ideas que estaban ahí al debate. Una vez más las ideas no fueron debatidas. Lo que fue debatido fueron las conductas, las actitudes, los compromisos, la corrupción de unos de otros, la inmoralidad y la hipocresía. ¿En ese sentido sirvió para algo este debate? Sí. Para eso sí sirvió. Pero para que nos dijeran qué clase de país se puede construir o qué etapa de este país se construirá en el próximo sexenio pues no, no lo sabemos porque en parte no es posible hablar en serio cuando los están interrumpiendo a cada minuto. No se puede tener a cuatro candidatos y a tres moderadores, son siete personas, lo cual es demasiado para 120 minutos. Al final no escuchamos propuestas de plan de gobierno concretas ni ideas bien explicadas, el formato del debate definitivamente no se presta para eso. Como quiera que sea ya solo faltan dos semanas para la elección y con debate o sin debate un gran porcentaje de ciudadanos ya han tomado la decisión sobre quién votarán.

 

LOS CONTRATOS A LOS AMIGOS DE LÓPEZ OBRADOR

En lo que respecta al asunto de los contratos asignados de manera directa de José María Rioboó con el entonces Jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, por 170 millones de pesos, que fue dado a conocer durante el debate por Ricardo Anaya cuando acusó a López Obrador e incluso le dijo que si le demostraba que le había dado contratos de asignación directa ¿renuncias a la candidatura? Obviamente López Obrador dijo que no, no y no. pero resultó que sí hubo contratos de asignación directa y López Obrador lo explicó posteriormente y dijo que fueron dentro de lo que la ley contempla, es decir que dentro de la ley sí se contemplan contratos de asignación directa. Y en este caso la explicación es peor que la conducta, y le diré por qué. El señor Rioboó ha analizado la razón por la cual se le adjudicaron estos contratos sin una licitación diciendo que la ley permite hacerlo cuando se trata de alguien que tiene un desarrollo tecnológico único sin el cual no se podrían haber hecho las obras, y eso es absolutamente falso. Lo que sucede es que Andrés Manuel siempre ha tenido empresarios favoritos y favorecidos. Hoy hablamos de ese empresario, pero hace unos años hablamos de Carlos Ahumada, y de empresario a empresario cada uno tenía su forma de acercarse a las decisiones que podían favorecerlos con contratos. A diferencia de otros “moches”, los “moches” que pedía en aquel tiempo el PRD eran para la operación política, como si no fuera suficiente el dinero del Estado distribuido al partido político. Y hoy estamos viendo lo mismo. Lo que le dijo Anaya a Andrés Manuel que si estaba dispuesto a poner en riesgo su candidatura contra la verdad, simplemente fue poner la honestidad valiente en la lupa de muchas personas. Creo sin embargo que esto no va a lastimar a Andrés Manuel, quien ya vive en la coraza de la credulidad popular. Si mañana le llegaran a demostrar, no esto que es quizás un asunto venial de más de 170 millones de pesos, alguna cosa peor, tampoco le haría mella, porque él tuvo muy buen cuidado de siempre pregonar la honestidad valiente mientras los hechos lo desmintieron una y otra vez. Y ahora viene el asunto de Layda Sansores y está el asunto de Jiménez Espriú que es el futuro secretario de Comunicaciones si llega a la presidencia López Obrador y lo único que vamos a ver es más de lo mismo pero con otras personas. Quizás Andrés Manuel nunca se construya un palacio para sí mismo, pero seguirá utilizando el dinero para lo único que a él le importa en la vida que es hacer política, hacer política y seguir haciendo política. No importa si la hace para tomar el poder o para conservar el poder, como lo va a hacer si es que llega a ganar.