Tan sólo el lunes pasado, los mercados financieros vivieron una de sus peores jornadas en más de una década.

Ese día, al comenzar operaciones las bolsas de Nueva York, decidieron suspender actividades alrededor de quince minutos, con la finalidad de mitigar el desplome de sus principales índices. A pesar de esto, para el cierre del día, Standard &Poor`s 500 cayó 7.6 %, así como el Dow Jones y el Nasdaq se derrumbaron en 7.8 y 7.3 por ciento, respectivamente. Ninguna de las bolsas de valores mundiales, pudieron librar esta fatídica jornada.

Para el caso de nuestro país, el Índice de Precios y Cotizaciones cerró en niveles inferiores a los 38 mil 700 puntos, lo que representa un desplome de 6.4%, su nivel más bajo desde agosto del año pasado, así como su caída mas pronunciada en un solo día en los últimos once años.

La razón de fondo de este declive viene originada principalmente por dos cuestiones, que, aunque parecieran ajenas, no necesariamente lo son. El debate sobre la producción de petróleo y la expansión del llamado COVID-19, han puesto una encrucijada a la economía mundial. Indaguemos al respecto.

Han pasado alrededor de diez semanas de la confirmación del primer caso del nuevo coronavirus en el gigante asiático de China. Después de permanecer varias semanas solo en este país, causando, a la fecha, más de tres mil víctimas mortales, la bacteria emigró al fastuoso territorio peninsular de Italia.

En este país, las cosas se pusieron un poco más agresivas. En tan sólo un día, se incrementaron el numero de casos del coronavirus en 57 por ciento, obligando al presidente Guiseppe Conte a cancelar todo evento público y a un total aislamiento del país. El número de defunciones oscila entre las 820 víctimas.

Al igual que Italia, muchos países han decidido incrementar sus controles fronterizos, en vías de evitar caer en una situación parecida. Las aerolíneas en picada, eventos públicos cancelados, cierre temporal de fábricas; comienza a ser un tema de urgencia en todo el mundo.

Toda esta desaceleración económica, aunado al cierre de las fronteras comerciales de China, ha ocasionado que se presente una baja en la demanda de todos los commodities del mundo, incluidos el precio del petróleo. Es aquí donde se entrelazan las dificultades para el mundo.

La semana pasada, se llevó a cabo la reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, en la cual se buscaba llegar a un nuevo acuerdo para el recorte de producción, el cual llega a finales de este mismo mes. Esta negociación, resultaba clave, ya que el mercado en la actualidad sufre de una sobre oferta, en pleno freno de la economía mundial gracias al COVID-19, y se buscaba evitar un colapso en el precio del mismo. Como es evidente, el resultado esperado no se presentó.

Esto provocó que los precios del llamado “oro negro”, se desmoronaran en una sola jornada. El barril de Brent cae más de un 6 por ciento y el West Texas Intermediate, referencia de Estados Unidos, llegó a bajar de los 33 dólares por barril.

De esta forma, se da por entendido que Rusia y Arabia Saudita consideran ampliar la producción de crudo en próximos meses. A pesar de que la disminución en el precio también les afecta a ellos, tienen cierto margen de maniobra para operarlo.

Sin embargo, existe una industria que no tiene esa capacidad: fracking. Esta metodología de extracción no convencional, necesita un precio de barril más elevado para lograr subsistir y no irse directo a la quiebra. ¿Quién es el mayor productor del mundo? Efectivamente estimado lector, Estados Unidos.

De esta forma, se observa cómo la guerra de precios tiene un principal blanco en la mira. A pesar que no se encontraban en su mejor momento, las empresas estadounidenses de esta metodología, no lograrían soportar una caída de más del veinte por ciento del precio.

El problema yace en que la mayoría de estas empresas, están sentadas sobre una enorme cantidad de deuda corporativa, la cual pudiera estar encaminada a un default, que ocasionaría efectos devastadores. Falta recordar cómo comenzó la crisis hipotecaria del 2008. Esta guerra de egos nos perjudica a todos.

¿Y México dónde queda? Desgraciadamente, en un plano poco alentador. Como se comentó la semana pasada – http://www.heraldo.mx/el-desplome-de-pemex/ -, las finanzas de Pemex, la petrolera más endeuda del mundo, se encuentran por los suelos, a un paso de conseguir una degradación en su calificación, lo que la posicionaría con bonos basuras, así como mermar los ingresos del país. Si bien es cierto que existen coberturas para el precio de la mezcla mexicana, es importante recordar que no todo el producto exportable, tiene dicha cobertura; por lo que una parte está expuesta a la volatilidad mundial.

OVERTIME

Según informes de BBVA, se estima que el paro de un día sin mujeres, efectuado el pasado 9 de marzo, tendrá consecuencias económicas de alrededor de 35 mil millones de pesos, distribuidos en la cuantía de las actividades laborales y domésticas en unidades económicas. A pesar de la fragilidad económica de la actualidad, se respeta y admira el valor de las mujeres, en busca de condiciones igualitarias en el país. Sin duda se les ha dejado mucho a deber como sociedad.

 

 

 @GmrMunoz