Itzel Vargas Rodríguez

Tanto ha explotado Hollywood y los “gringos” la imagen hacia el exterior del mexicano como aquel hombre con sombrero ancho, vistiendo calzón de manta y sentado sobre un nopal o un cactus, que está dormido, con flojera, masticando una ramita de paja… que aún con el coraje e indignación que causa saber que efectivamente se nos relaciona con eso, en cierta medida, nos la vamos creyendo con el tiempo, por la constancia con la que recibimos esa percepción de nuestra identidad viniendo de ojos extranjeros. ¿Por qué digo eso?

Una de las mayores sorpresas al comparar el entorno propio con uno de un país ajeno (por ejemplo el europeo), es el choque de conocer que el ritmo de vida es más lento, se vive con menos presiones, se trabaja pocas horas y la calidad de vida en general, suele ser mucho mejor para las mayorías trabajadoras, que, en su contraparte lo sería para las mayorías trabajadoras mexicanas o incluso, latinas.

Por ejemplo, hay algunos supermercados que cierran a las 9 de la noche o temprano los domingos y algunos hasta en las mismas horas de comer, cuando en México prácticamente cierran ya muy tarde y con horario corrido, impensable ir un domingo al súper y que éste se encuentre cerrado a las 9 de la noche.

Pero eso no sólo se ve en la cultura mercantil, sino también en el ritmo laboral de la gente, que literalmente trabaja para vivir, mas no vive para trabajar, última cuestión que a nosotros nos pudiera resultar más familiar.

Y es un choque mental conocer y comparar eso, porque viniendo de países más desarrollados que el nuestro, a ojos mexicanos estos rasgos sociales pudieran parecer más bien “actos de pereza”, porque bien sabemos que en México dormimos poco, trabajamos mucho, mal comemos o comemos si “nos da chance” la “chamba”, trabajamos más de 8 horas diarias, incluso a veces los domingos y es común encontrarse en estados de estrés laboral continuo.

Así que como conclusión a primeras comparativas de observación se deduce empíricamente que sí: “los mexicanos trabajamos mucho más”.

Acto seguido, tomaremos datos recién publicados de la OCDE, CNN Money, Bussiness Insider y el Huffington Post, donde podremos corroborar que se comprueba esa teoría: los mexicanos trabajamos mucho más que en los países de primer mundo como los Estados Unidos, tenemos el promedio de retiro más alto (a los 71 años), pertenecemos al bloque de los 10 países que trabajan más, laboramos 2,317 horas al año en promedio pero ganamos cerca de 6 veces menos de lo que ganaría una persona laborando la misma cantidad de horas anuales en EU, por ejemplo.

¿Cómo es que con todo ello sigue prevaleciendo esa deshonrosa fama del mexicano sentado en el nopal, cuando de lo que menos puede jactarse el mexicano es de precisamente no trabajar arduamente?

Habría que empezar a pasar la voz adentro y fuera del país, dejárnosla de creer que somos “perezosos” y lejos de mostrar orgullo exacerbado por ello, trabajar más bien en la cultura de la mayor eficiencia durante menos horas, porque los burocratismos y la percepción cultural del trabajo en México, eso sí, nos afecta al no ofrecer esquemas más flexibles en los que se labore a distancia lejos de la oficina, se trabaje por proyectos u objetivos o se entienda que no por estar muchas horas en un espacio limitado, signifique que se labore más.

Ahora sabiendo esto, habrá que proponer una nueva percepción de aquel mexicano sentado en el nopal dormido, ¿qué tal si en vez de dormido estuviese pensando en un plan estratégico?, ¿resolviendo largas operaciones contables?, ¿imaginándose un nuevo negocio?… A que es mejor y más acercado a la realidad…

[email protected] / @itzelvargasrdz

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