Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Entre los dimes y diretes que la contienda política ha desatado, quizás los datos duros más dramáticos por su incontestable veracidad y su hondo calado en la sensibilidad de la población y la estabilidad del país, es un recuento rápido de las personas muertas o desaparecidas durante los últimos seis años. Más de 120,000 muertos en hechos violentos, más de 30,000 desaparecidos, 102 periodistas asesinados y sólo en la actual campaña electoral 120 políticos también asesinados. No recuerdo que en la era del México moderno, digamos de la Segunda Guerra Mundial para acá, ningún presidente de la República haya llegado mas desprestigiado al final de su sexenio que Enrique Peña Nieto, ni siquiera Gustavo Díaz Ordaz que, no obstante la sonada rechifla de la inauguración del Campeonato Mundial de Futbol de 1970, mantuvo fuera del Distrito Federal una mediana aceptación, ni siquiera Luis Echeverría que fue objeto de una orquestada campaña de desprestigio, ni tampoco Felipe Calderón, de quien se dice que sus decisiones terribles, como la “declaración de guerra al narco”, que después matizó como “el combate a la delincuencia organizada”, son atribuibles al delirium  tremens. Nadie como Peña Nieto para concitar el repudio generalizado de la ciudadanía de México. Nadie como él para ser el blanco de críticas y burlas, que lo peor del caso, es que tienen fundamentos reales. ¡Vamos! Ni siquiera Vicente Fox con su famosísimo “Comes y te vas”, rozó los niveles de estulticia del Presidente Peña con su ignorancia supina: incapaz de recordar tres nombres de libros, mentecato que no distingue un siglo de una década, ignorante que no sabe las capitales de los estados del país que gobierna, y eso solo por mencionar tres de las mas obvias tonterías en público. ¡Imaginemos como son las que perpetra en privado!.

Peña Nieto llegó al poder luego de dos sexenios decepcionantes de gobiernos panistas. El del ocurrente y pintoresco L.A.E. Vicente Fox, experto vendedor de cocacolas, que llegó a la presidencia aprovechando el desplome en caída libre de los gobiernos priístas a partir de  Miguel de Lo mas gris, y conjugando como decía Martín Luis Guzmán, el único verbo que se conjuga en la política mexicana: madrugar. Fox les madrugó a sus compañeros del PAN y cuando acordaron ya se encontraba en plena campaña. Calderón, por el contrario, tenía una trayectoria y una experiencia en la militancia de su partido, pero ni el madrugador ni el perseverante lograron dar un viraje al gobierno del país, que permitiera a la ciudadanía seguir pensando en Acción Nacional, como una opción esperanzadora para el gobierno del país. Esa coyuntura facilitó el arribo de Enrique Peña Nieto que encarnando plenamente la teoría de la Post-democracia, llegó al poder porque estaba guapo (ahora, el sexenio ha hecho estragos, su cercanía es experimentar la tensión y el desasosiego), porque se le construyó una imagen, porque se le dotó de una compañera popular en ese momento (que después se supo por lo que gastaba, que debió haber ganado mas que el dueño de Televisa), porque se le fabricó como un producto y se le ofreció como una mercancía con una campaña política de auténtico mercadeo, y el ciudadano decepcionado de blanquiazules volteó nuevamente sus ojos al tricolor. ¡Craso error!.

Los fines tradicionales del Estado, los que citaban los clásicos, para los que trabajaba el Derecho, son el Bien Común, la Seguridad y la Justicia. Los mínimos que un gobierno debe asegurar a su población, son: un bienestar compartido en el que los satisfactores indispensables estén al alcance de todos y cada uno de sus ciudadanos, México es un país con 60 millones de personas que no saben si el día de mañana tendrán algo que comer, frente a eso no hay cifras alegres que valgan; la seguridad y la justicia del país quedaron expresadas con mas que claridad con la cifras que cité al principio. Un país en que aún en Aguascalientes, que es una ciudad relativamente tranquila en el contexto nacional, vivimos como en estado de sitio, teniendo que soportar las patrullas del ejército y de las policías que ocultos sus rostros con pasamontañas, en sus recorridos nos apuntan a los ciudadanos como si fuéramos los delincuentes que buscan combatir. En que no falta una semana que tengamos que lamentar homicidios, levantones, encobijados, descuartizados. En que la impotencia policíaca se vuelca en maltrato y tortura, actuando en ocasiones como escuadrones negros. Pero el consuelo es que es mal de muchos.

Decepcionados de los resultados de los últimos sexenios en la presidencia de la república, por lo tanto en el país, no tiene nada de extraño que la mayoría de los que piensan votar el próximo primero de julio piensan votar por la opción que les significa Andrés Manuel López Obrador, nada importa si su esposa es nazi o la misma reencarnación de Adolfo Hitler, no es relevante que alguna vez haya agarrado papalinas al estilo Calderón, no le hace mella que le cuelguen mas milagritos que a la Guadalupana, a quién le importa que haya pertenecido al PRI y al PRD, es de risa que se le ataque porque fue un fósil universitario, no es trascendente que haya copiado de Alfonsín, el argentino, el nombre y las estrategias, etc., etc.. La realidad es que, como dice su lema, “…es la esperanza de México”.

No se si ganará López Obrador, lo mas probable dadas las circunstancias es que lo haga, lo que sí se, es que una gran cantidad de mexicanos votarán por él, simple y sencillamente porque es el único candidato que hace pensar en la posibilidad de un cambio. Porque los mexicanos viven en temor constante no les asusta el temor que les han querido infundir. Porque viven en la incertidumbre de tener un ingreso seguro, una vejez digna, una salud garantizada, una seguridad mínima. Porque sexenio tras sexenio las promesas se multiplican y los bienes se dividen. Porque la brecha entre los mas ricos y los mas pobres de México se ha vuelto insultante. Porque muchas familias ven salir a sus miembros a buscar horizontes de trabajo y de justicia y no saben si regresarán. Porque los mínimos vitales se han vuelto mas mínimos y la vida cada vez mas insoportable. Porque hay una lista interminable de “porques”.

¡Vaya! Quizás esta elección yo deje de votar por Francisco Primo de Verdad y Ramos como siempre lo había hecho.

 

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