El Obispo José María de la Torre Martín, ratificó la postura y la doctrina de la Iglesia respecto a la defensa de la vida del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, y el rechazo al aborto.
Expuso que estudios científicos serios comprueban la existencia de una vida, de una persona diferente, desde el momento de su concepción, y señalan que el ser humano es una individualidad genética única, no reproducible.
Agregó que su identidad biológica se determina en el comienzo de su vida, en la concepción; los estudios enseñan que el ser humano se forma genéticamente a nivel molecular y citológico al fusionarse los dos gametos, masculino y femenino, estructurando un cigoto, célula primordial que contiene todos los genotipos originales a partir de los cuales se desarrollará la vida del nuevo ser.
“Este proceso que se desarrolla en pocas horas, como sabemos, se llama fecundación. La vida, pues, comienza en la fecundación. Desde este momento ya es una vida distinta a sus progenitores, con una carga genética propia, y tiene la potencialidad e individualidad para desarrollarse por sí misma”, agregó.
El prelado dijo que la Sagrada Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: “No quites la vida del inocente y justo”. Por lo tanto, la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción, y deben ser reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida, y que constituye un elemento constitutivo de la sociedad y de su legislación.
“La Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado, permanece invariable. El respeto a la vida no debe estar sujeto a debate, ni siquiera con un afán de apertura o de vanguardia, y menos por cuestiones de gustos o de sentimientos, como si el respeto a la vida dependiera de lo que sienten o piensan algunos”. Añadió que tampoco puede estar sujeta al arbitrio de la sola conciencia personal, porque ésta debe ser objetivamente formada, y porque lo que está en cuestión es la vida de una persona inocente.
“La vida es el fundamento, valor y derecho que, en primer lugar, se debe salvaguardar. No hay ningún derecho anterior ni superior a éste”. Señaló que el Papa Francisco recordó esta doctrina, cuando dijo: “Los que van a nacer deben ser siempre escuchados, por lo que, en definitiva, la vida siempre debe ser tutelada y amada desde la concepción a su fin natural”. Finalmente, coincidió con el cardenal J. Francisco Robles Ortega, en el sentido de que los niños, antes de nacer, tienen derechos propios. Por tanto, cuidarlos debe ser un asunto de mayor importancia y prioridad en nuestra sociedad. El primer derecho del niño es nacer.