La poesía es una manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación. La poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad.

Irina Bokova, Directora General de la UNESCO.

Por: Daniel Amézquita

Quienes han cantado a su tierra, quienes se sienten enraizados a un lugar determinado, quienes sienten la necesidad de expresar una fricción o una alegría irresistible, recurren a una de las manifestaciones más bellas que el ser humano ha creado: la poesía.

¿Pero qué tiene tan importante la poesía? Todas y todos, y lo que nos conforma como seres sociales, hablamos y nos comportamos poéticamente, cuando pensamos, cuando interpretamos, resignificamos, cuando imaginamos y soñamos, cuando amamos e incluso cuando la ira se apodera de nosotras y nosotros, para expresar esos sentimientos y emociones usamos los materiales con los que se fabrica la poesía.

¿Qué es la poesía sino una extensión del ser humano? Los expertos dicen que las matemáticas son el lenguaje del universo, que la música es el lenguaje de la humanidad y que la poesía es el lenguaje de la naturaleza y que no existe una sin la otra.

Nuestro lenguaje se moldea a través de los poetas callejeros, de aquellos que reflexionan, crean y personalizan sus ideas, que comparten sus experiencias vitales y estas mismas son retroalimentadas por otras y así sucesivamente, una manera de hablar, de pensar y de ser, la construcción de una identidad y la apropiación de un espacio imaginario: un reino en el cielo.

¿Para qué sirve la poesía? Para vivir, para confrontar a ese mundo que a veces opone resistencia al bienestar y la paz, para que nuestro pensamiento traspase todos los tiempos y nos situemos en el mundo siempre capaces de amar lo que no se ve, de creer lo que no se siente, de tener fe en lo que nunca ha sido. Sirve para tener la posibilidad de que otras formas de vivir sean posibles, para nutrir la imaginación, que es a veces doblegada y aplastada por los tantos problemas y las circunstancias que nos aquejan diariamente.

Otro reino en el cielo es nuestra ciudad y lo que sucede en ella, un poema intenso que en ocasiones nos conmueve y en otras nos aterroriza, pero un poema constante: caminar por las calles y escuchar las vicisitudes de la gente, ver a las niñas y niños correr detrás de las palomas en la plaza, al mendigo que estira la mano, las torres de las iglesias, el olor a alcantarilla, a la gente en los cafés que llora o que ríe, a las y los vendedores que gritan su necesidad y su majadería, a las mujeres y a los hombres en su andar cotidiano, el cielo nublado o abierto, el paisaje cortado de la naturaleza y la brumosidad del concreto. Nuestra ciudad es poesía, celebrémosla atendiendo a los detalles, a la belleza y a lo horrendo, sintamos nuestra ciudad, vivámosla, ejerzamos nuestro derecho al placer de los sentidos. La poesía es un reino en nuestro cielo personal.

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