Abolladuras en el cofre, raspones en los rines y marcas de llantas en el asfalto son los rastros que sigue un perito automotriz como Israel Casillas.

Éstos le permiten establecer la velocidad de los autos involucrados, la trayectoria que siguieron e incluso quién fue el responsable de que ocurriera. Es decir, son las huellas que le permiten reconstruir cómo ocurrió un accidente vehicular.

«Recabo datos y formulo una hipótesis que debo comprobar, pero para ello tengo que considerar todos los elementos de la dinámica vehicular, que son el vehículo, el conductor, la vía y el peatón; no se puede separar ninguno de éstos para entender lo que pasó», explicó Casillas.

Egresado de la carrera de Ingeniería Mecánica del Instituto Politécnico Nacional, este perito es contratado por despachos de abogados para demostrar la inocencia de un conductor o peatón involucrado en un accidente.

Por ejemplo, ha participado en casos donde mostró que las bolsas de aire de un vehículo no se abrieron tras un impacto con un camión de carga o, en otra ocasión, que una persona fingió ser atropellada.

A diferencia del ajustador de una aseguradora, su trabajo consiste en elaborar una investigación exhaustiva que demuestre las causas y el desarrollo del percance.

Incluso, debido a su formación, el investigador es capaz de determinar si, en el momento del incidente, el automóvil tuvo alguna falla mecánica que interviniera.

Eso sí, previo a tomar cualquier trabajo, se asegura de que pueda ganar la batalla legal.

«Antes de decirte que sí acepto el caso, tal vez tengo que ir a ver antes tu carro, o el lugar donde sucedió el hecho, o un video; ya entonces puedo decirte si es viable obtener una victoria», detalló.

Armar un caso toma 2 semanas en las que se levanta la evidencia y se elabora el dictamen pericial. El costo del servicio ronda los 20 mil pesos, y varía de acuerdo con el número de vehículos que hayan participado en el altercado.