Reconoce el rector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Francisco Javier Avelar González, que pese a su formación académica, bachilleres y universitarios, entre otros grupos de la sociedad, suelen ser racistas.

“Quizá las instituciones educativas no hemos sabido ser enfáticas y efectivas al tratar este tema en los salones de clase o en las diversas cruzadas de concientización y educación social”, agregó.

Por ello, es conveniente replantear las estrategias al respecto e impulsar medidas que hagan ver a las nuevas generaciones los terribles resultados que nos ha dejado la discriminación, no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo.

En una reflexión del tema Discriminación, en ocasión de la conmemoración reciente del día contra este fenómeno, expuso que en México pese a ser un país cuyo color típico de piel tiende a ser moreno, solemos discriminar a los de este tono o uno más oscuro que el propio.

En ese sentido, indicó que nuestro racismo es peculiar justo por eso, ya que mientras en otros países el rechazo es a quienes no representen lo inherente a sus genes y su cultura, en el nuestro la aversión es, hasta cierto punto, hacia nosotros mismos.

“Este desprecio parece exacerbarse en contra de los indígenas, quienes siguen teniendo menos oportunidades de crecimiento académico, profesional y artístico que el resto de la población”.

Consideró triste comprobar que incluso entre bachilleres y universitarios, que en teoría tendrían una formación sólida de respeto y dignificación de los seres humanos, más allá de su color, credo y preferencias, suelen darse comentarios o chistes que lanzan ideas racistas.

Abundó en que más allá de lo dañino que ha sido para la humanidad proponer agendas públicas, programas educativos o movimientos bélicos basados en la supremacía o la inferioridad de una raza, debe saberse que de acuerdo con estudios recientes del genoma, es imposible hablar de razas, dada la inmensa similitud genética de todos los humanos.

Laboratorios especializados en el tema, sostienen que el concepto de raza basado en una percepción del color, es de orden estrictamente social o cultural, porque no tiene soporte alguno en el genoma humano.

“Así, en independencia de los resultados de estudios genómicos en curso, hay que entender que todos integramos una misma especie y que el color de piel, lugar de nacimiento o historia de antepasados, no nos predetermina como personas de primera, segunda o tercera; en estricto sentido todos somos iguales y merecemos ser tratados con respeto y dignidad”, concluyó.