1ª Función
“OTRO DÍA PARA MORIR” (“JOHN WICK”)
Si algo hemos aprendido de las cintas de acción (en particular aquellas protagonizadas por legendarias jetas de mármol como Charles Bronson o Lee Marvin) es que jamás hay que meterse con alguien que no tenga nada qué perder. En el caso de John Wick (Keanu Reeves), el protagonista antiheróico de la cinta que ahora nos ocupa, eso incluye no robarle el auto y asesinar a su perro mascota. En efecto, la increíble violencia que se desata en este filme se detona a raíz de la muerte de su adorado can, pero la base argumental es un poco más elaborada que el iracundo berrinche de un chiquillo de casi 50 años que resulta ser una efectiva e imparable máquina de matar, pues el animal en cuestión era el regalo que su esposa, fallecida por una enfermedad, le legó “post mortem”, por lo que el chucho era el único vínculo físico que este sujeto tenía con el recuerdo de su amada mujer. Los autores del crimen son unos mozalbetes insolentes liderados por Iosef (Alfie Allen), hijo de un poderoso capo de la mafia llamado Viggo Tarasov (Michael Nyqvist), quienes descubren por la mala que John Wick tuvo nexos con Viggo, pues era su brazo fuerte. ¿Qué tan fuerte? El mismo Viggo se lo explica con inaudita frustración a su hijo: “Un día le encomendé una misión imposible de ejecutar. El reguero de cadáveres que dejó ese día fue el que nos puso en esta posición de poder… y no se detendrá ante nada para obtener su venganza”. De ahí que a nuestro protagonista se le conozca con el ominoso sobrenombre de “Baba Yaga” o, en el contexto occidental, “El Coco”. Así, Wick establece las pesquisas necesarias para encontrar a Iosef con el fin de eliminarlo, mas su gesta sangrienta se verá obstaculizada por los esfuerzos de Viggo por detenerlo, incluyendo a su ejército personal de matones y ponerle un precio muy elevado a su cabeza, movilizando a todo mercenario tras su captura y muerte. La cinta adquiere un ritmo “in crescendo” en cuanto a la aplicación de brutalidad y ferocidad y John Wick se revela como un sicario de precisión milimétrica y cuasi invencibilidad, pues como una fuerza natural resulta imposible frenarlo. La cinta posee un ritmo frenético que busca dar cierto grado de naturalidad a las secuencias violentas, coreografiadas con bastante corrección y quinesia por los debutantes cineastas Chad Stahelski y David Leitch, quienes sorprenden con un oficio sólido en cuanto al manejo de la narrativa dinámica, considerando que se trata de dos dobles de acción metidos a la dirección, pero ello sólo significa que comprenden el lenguaje de la fluidez corporal y la importancia de mantener todos los elementos posibles a cuadro sin recurrir demasiado a cuadros esperpénticos rebosantes de CGI. La otra sorpresa es Keanu Reeves en el papel de Wick, pues trabaja su personaje en varias líneas que van de lo dramático ante el tormento de su soledad y la pérdida de su esposa, hasta una creíble impasibilidad cuando se activa su modalidad homicida. Con un reparto que incluye actores solventes como Willem DaFoe en el papel de un asesino a sueldo que apoya a Wick y Adrianne Palicki como una mercenaria fría y brutal, el filme aplica como uno de los filmes de acción más entretenidos del año. Como dice el mismo Viggo en la cinta: “Las personas no cambian. El tiempo sí”, da gusto ver que las viejas fórmulas logran refrescarse a través de intentos más honestos y desenfadados como éste.

2ª Función
“PADDINGTON”
El memorable e icónicamente inglés oso de felpa llamado Paddington, producto de la imaginación del escritor Michael Bond, quien diera a conocer al personaje en 1958 mediante un libro que se transformó en un éxito de ventas instantáneo, encuentra por fin una iteración cinematográfica después de numerosas series animadas y especiales para la televisión londinense. El resultado es por demás afortunado, pues el guión se mantiene fiel a su esencia y rescata los modosos y correctos modales del simpático plantígrado antropomorfizado al adaptar varios de sus cuentos cortos en esta aventura que, si bien no está exenta de empalagos y miel narrativa, sí centra su foco de atención en una sólida construcción de historia y personajes. La cinta tiene como prólogo un supuesto metraje en blanco y negro de hace varias décadas, donde vemos cómo un expedicionario inglés conoce a una sofisticada familia de osos en los puntos más recónditos de las selvas peruanas. Al partir, el explorador le obsequia al patriarca su sombrero, invitándolos a visitarlo cuando quieran, garantizándoles una cálida bienvenida en Inglaterra. Pasan los años y el oso, ahora envejecido, le lega el sombrero a su nieto, un osezno inquieto y curioso. Mas su destino cambia cuando un terrible terremoto sacude la selva y ultima a su abuelo, por lo que parte a Londres a buscar al explorador y encontrar un nuevo hogar. Al arribar a una sociedad tan diametralmente opuesta a lo que imaginaba, logra ser adoptado por la familia Brown, la cual lo bautiza como Paddington en honor a la célebre estación que lleva su nombre. El Sr. Brown (Hugh Bonneville) no ve con agrado compartir su vivienda con el oso, pero accede ante los ruegos de su esposa (una maravillosa Sally Hawkins) y sus hijos. Así, Paddington aprenderá el estilo de vida de los ingleses a la vez que busca denodadamente al explorador, sólo para toparse con su hija Millicent (Nicole Kidman), quien anhela capturarlo y disecarlo para mantener la tradición taxidermista-cazadora de la familia. La cinta es amable en su exposición de elementos narrativos y llega incluso a ser conmovedora, pues el director y guionista Paul King utiliza la inocencia del protagonista para exponer varias de las fallas existenciales de la sociedad urbana moderna. Con actuaciones de calidad y un ritmo fluido, la cinta es una opción muy atractiva para niños y adultos, pues quita el mal sabor de boca que otros subproductos similares nos han dejado a lo largo de varios años (¿verdad, “Garfield”?).
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