1ª Función
“EN EL TORNADO” (“INTO THE STORM”)
Otra historia coral que involucra desastres naturales, pero ahora con el añadido del ya gastado recurso del falso documental. En un pequeño pueblo de Oklahoma convergen varias historias, donde el nodo narrativo será una sucesión de tornados, siendo los elementos centrales del discurso: un grupo de cazadores de tormentas llamado Equipo Titus, dedicado a fotografiar y grabar tormentas y fenómenos climatológicos de esa índole, y unos adolescentes que ven su vida y la de toda su escuela comprometida cuando un tornado de colosal magnitud arriba a su liceo el mismo día en que celebran su graduación de la preparatoria. Todo será registrado mediante incontables cámaras en mano, so pretexto de documentar este impresionante evento natural. La trama peca de extrema sencillez y la estructura narrativa de la cinta invita a una reflexión por demás obligada a la altura de este juego chapucero llamado “neo verité”: ¿Hasta cuándo la credibilidad o madurez de una estructura narrativa se va a ver comprometida en aras de la espectacularidad y el efectismo barato, como el que supuestamente debe producir una trama que involucra incontables sujetos que deciden registrar en video o vía celular acontecimientos inverosímiles, terroríficos o catastróficos, cuando el sentido común siempre encenderá esa fulgurante luz roja en el cerebro que indica cuándo conviene tomar imágenes de algo y cuándo simplemente podemos mandar todo avance tecnológico a la “#$%&/ en una simple cuestión de supervivencia? Retórica aparte, el que una película siga fundamentando sus premisas en un mero truco de tan obtusa naturaleza y que constriñe las posibilidades dramáticas de un relato sólo porque se adecua a la sensibilidad plástica y visual de los usuarios de Facebook, ya no puede considerarse válido, pues tal subterfugio técnico se ha agotado debido a su repetición mediática “ad nauseam” y las incontables rascaduras de cabeza que produce en el espectador, pues existe -o debería definirse- un límite para la cantidad de veces que un personaje se siente propulsado a grabar incluso los momentos más pueriles como conversaciones y reacciones para sugerir historia donde no debería haber una o simplemente narrar la cinta con profundidad, madurez y honestidad, sin tener que justificarlo a través de un elemento que pierde efectividad tan sólo porque se encuentra tan a la mano. Y esto a su vez habla de la escasa potencia para entretener del filme, el cual produce este tipo de reflexiones mientras se revisa en cines en lugar de atender a su endeble trama, reírse de las memas ocurrencias de sus protagonistas o siquiera involucrarse en sus dilemas, pues lo hemos visto ya demasiadas veces, demasiados años, en demasiados lugares. La labor de Steven Quale (“Destino final 5”) se queda en lo más elemental y para esas gracias, ni cómo justificar el gastar lo que cuesta acudir a las salas hoy día. Puede reír si quiere, pero prefiero quedarme en casa y ver obras más serias sobre desastres naturales que involucran corrientes de aire adversas que se transforman en tornados con más cuota de entretenimiento que esta cinta, como “Sharknado”, por ejemplo.

2ª Función
COLUMNA CORTE“MI GRAN OPORTUNIDAD” (“ONE CHANCE”)
Basada en una historia real que acaparó la atención del público inglés hace pocos años, este filme narra la odisea en vis cómica de Paul Potts (James Curden), un rollizo londinense con una sola meta y sueño por realizar: ser un cantante de ópera. Desde el prólogo de la cinta, vemos cómo su rotunda anatomía y gusto por el bel canto le origina un sinfín de problemas, desde el desdén que le prodigan sus compañeros al abusar física y verbalmente de Paul, hasta su padre (Colm Meaney), curtido británico que ama a su hijo, pero no entiende su predilección musical. Su tesón lo llevará a perfeccionar su técnica hasta llegar a las filas del programa de talentos improvisados “Britain’s Got Talent”, donde su destino se sellará y su vida cambiará por siempre. Bajo los esquemas de una narrativa de ficción, esto podría semejar un cuento de hadas, pero ocurrió y eso torna al relato de cierta trascendencia. Si le sumamos un reparto actoral notable y un compromiso por parte del director David Frankel hacia su protagonista, el resultado es muy paladeable. Ayuda el que un afectuoso y certero sentido del humor permee la historia, dotándola de cierta entraña carismática que pone a la audiencia a favor de nuestro gordito héroe. Disfrutable y, por qué no, inspiradora, sin llevarnos los chascos melosos y moralmente manipulados del clásico cine hollywoodense.

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