Josemaría León Lara Díaz Torre

Antecedido por Lázaro Cárdenas del Río y sucedido por Miguel Alemán Valdez, el General Manuel Ávila Camacho abanderado por el Partido de la Revolución, llegó a la presidencia de México en el año de 1940; cargo que habría de ostentar hasta 1946, momento en que también daba por concluida su vida política y dedicaría el resto de sus días a sus más grandes pasiones, su esposa, el campo y los caballos.
La Historia lo recuerda como el presidente “caballero”, mote que lo acompañaba desde su paso por el ejército, principalmente durante el desarrollo de la Guerra Cristera. Esto, debido a su amable y paciente carácter, así como su forma de desenvolverse personalmente en los distintos ámbitos en los que llegó a participar. Un político sui géneris para su época, evidentemente distanciado de las prácticas abusivas y autoritarias de la inmensa mayoría de ex revolucionarios como él.
Declarado a sí mismo como creyente católico, fue un hombre sencillo, con gustos y prácticas simples; que estuvo en el poder en un momento en que el país requería de acuerdos, dónde el sindicalismo demostraba los alcances de su poder, y aunado a esto, el mundo se encontraba inmerso en la segunda gran guerra. Aun así, Manuelito (como lo llamaba su esposa Doña Soledad Orozco), logró conducir las riendas de la patria mexicana con inteligencia y un evidente espíritu de servicio.
Y así como en cada historia existe un antagónico, el caso de Don Manuel Ávila Camacho no es la excepción. A pesar de haber sido criados de la misma manera, el hermano mayor del expresidente, quien tenía por nombre Maximino, no podía ser más distinto a su hermano. Sería arriesgado decir que Maximino Ávila Camacho era un dolor de cabeza para su hermano, sin embargo, es un hecho que la intachable reputación del señor presidente, siempre se verá manchada por la sombra de un hermano, bastante incómodo.
Se dice que Maximino (quien era gobernador de Puebla en ese entonces), llegó a incomodarse al enterarse de que su hermano menor, era el elegido por el general Cárdenas para ser el candidato a la presidencia; pero no desaprovechó el trampolín que esto le ofrecía. Basta con recordar que por sus “pistolas”, se hizo de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas durante la presidencia de su hermano Manuel. ¡Qué diferentes eran los hermanos Ávila Camacho! Y en el fondo quizá, reflejaban el México que fue y en el que se habría de convertir.
Un 13 de octubre de 1955, es decir hace 62 años, murió el expresidente Don Manuel Ávila Camacho; y es precisamente por qué el día de hoy, utilizo este espacio para rendir un breve homenaje a un personaje histórico mexicano, quien probablemente por su vida alejada de la polémica o el escándalo, no es recordado a menudo, pero que hoy en día, su historia podría servir de ejemplo para quienes hacen de la política una forma de vida.
Y dejando de lado la memoria del expresidente Ávila Camacho, aprovecho estas líneas para felicitar a este medio de comunicación, “El Heraldo de Aguascalientes” por la celebración de su sexagésimo tercer año de vida, del cual me siento agradecido y orgulloso de formar parte, como colaborador semanal.