Noé García Gómez 

La lamentable situación que padecen por los eventos de la naturaleza los hermanos de Oaxaca y Chiapas tanto por el terremoto como por los huracanes, generó la solidaridad y cooperación de la sociedad mexicana, de manera espontánea, personas e instituciones de todos los rincones del país, convocaron, organizaron donaciones para acercar ayuda a los afectados. Centros de acopio, colectas y donaciones fueron los mecanismos utilizados por la población y la sociedad civil.

Con honrosas excepciones, surgieron los funcionarios con ansias de candidaturas, los partidos con apetito de votos, políticos ávidos de atención y aspirantes deseosos de medios y reflectores, que vieron en la desgracia la oportunidad idónea para mostrarse como parte del pueblo bueno. Funcionarios de primer nivel con aspiraciones presidenciales se arremangaron su camisas scapinno o salvatore ferragamo para salir a las calles; Gobernadores que citaron a todos sus funcionarios para ver si ya estaban repartiendo ataúdes y “saludos” de su parte; primeras damas que “todas despeinadas” dejaron a un lado conciertos y presentaciones para recolectar víveres; Diputados y senadores que sacrificaron, uno y hasta dos días de sus salarios, para los damnificados. Todo lo anterior, por supuesto, acompañado por videos, fotografías, boletines de prensa, reforzado por su respectivo “chayote” para que la nota sea primordialmente difundida en medios de comunicaciones y replicada en redes sociales. Sin respeto al luto de las familias, los oportunistas colocaron sendas mantas en los centros de acopio con nombre y logotipo, entregaron apoyos con alcamonías y mensajes donde se rinde tributo al funcionario que con los recursos que administra del erario público, más no los propios.

Octavio Paz en 1978 publicó “El ogro filantrópico”, refiriéndose a la dualidad del Estado-gobierno, que Andrés L. Mateo describe “habían engendrado los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI); y al despliegue hegemónico de esa maquinaria en la política mexicana.  Desde entonces, la forma de dominación que se concreta en el Estado que subsidia, ayuda, asiste y anestesia la pobreza, por una parte; pero por otra parte genera acumulación originaria de capital por medio de la corrupción, financia al partido con fondos públicos, propicia una atmósfera de degradación moral, y golpea con impuestos a la clase media; se le denomina Ogro filantrópico” así esa dualidad que pareciera por un lado un gobierno bueno, sensible, atento a las necesidades, pero por el otro aprovecha la desgracia y los problemas para alimentar su poder, y permanecer en él a toda costa.

Vemos a los diputados y senadores que nos venden como actos de voluntad y solidaridad las migajas que reparten, pero los altos salarios, bonos y canonjías son una brutal ofensa no solo para los afectados, sino para la sociedad en general. Por otro lado están el Poder Judicial, y órganos autónomos que convocan a recolectas mientras reparten, por ejemplo, el INE miles de millones de pesos para campañas y funcionamiento de partidos.

Bien lo dice Elman Rosado, “escudarse en la filantropía para obtener logros políticos es una práctica común, mentirosa y despreciable, que han utilizado siempre los políticos, ante su incapacidad de dar respuesta a los cuestionamientos de la sociedad” y continúa “usando la filantropía para comprar votos a precio muy bajo, humillando a los que requieren”. No hay nada más detestable  que usufructuar con la desgracia, y cuando veo a un político oportunista repartiendo migajas eso nos tiene que indignar.

Es obligación de los servidores públicos atender las emergencias; para eso se les paga y se les paga muy bien. Por eso se les llama servidores. Entiéndalo la tragedias no son para salir en la foto presumiendo la entrega de apoyos y víveres. Quien apoya sin condiciones al final se le reconoce de algún modo.

Hoy por ello, invito a que todos apoyemos, pero sobre todo que el gobierno no deje de lado su responsabilidad y cuando la cumpla no lo presuman ¡por favor!. Tengan respeto ante la tragedia.

 

 

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