RODRIGO AVALOS ARIZMENDI

Hoy quiero comentar sobre la nota relacionada con el señalamiento planteado por algunos periodistas, activistas de Derechos Humanos, Organizaciones no Gubernamentales, etc. Acusando, a partir de un artículo aparecido en The New York Times, sobre algunos mexicanos que han sido espiados por el aparato estatal a través de un software muy especial. Esta nota ha causado conmoción de uno y otro lado, así como opiniones de los señalados, demandando ante la Procuraduría General de la República una investigación a fondo a partir de la nota del diario estadounidense. Haciendo memoria recordaremos que el 29 de mayo se dio un anuncio de este grupo de activistas pro derechos humanos, pro transparencia, contra la impunidad, etc. señalando que ellos se separaban de lo que se denominaba “Plataforma Gobierno Abierto”. ¿Por qué? Porque se decían víctimas de actos de espionaje por parte del aparato del Estado, citando lo mismo que publicó The New York Times. Las ONG’S estaban acusando en ese momento, hace casi un mes, al gobierno de espionaje y abandonaron esta alianza tripartita por el llamado “Plataforma Gobierno Abierto”, que es un proyecto en donde colaboran autoridades del Estado, Organizaciones No Gubernamentales, etc. para buscar mayor transparencia en el gobierno. Estas organizaciones firmaron un pronunciamiento en donde se pusieron en contra de las supuestas prácticas de espionaje que realizó el gobierno federal, y solicitaron una respuesta por parte de las autoridades. El lunes pasado apareció este artículo que ha generado reacciones de diferentes organizaciones que manifiestan que la información publicada por The New York Times es de la mayor gravedad porque constituye obviamente una invasión en la privacidad de defensores de los derechos humanos y de los periodistas.

La nota original de The New York Times la primera vez se publicó el 11 de febrero de este año, con información de The Citizen Lab, institución canadiense que asegura que el software con el que se está espiando es de origen israelí y solamente puede ser vendido a gobiernos bajo la condición de que se utilice para indagar e investigar a terroristas o a criminales organizados o no organizados, en fin, gente peligrosa, pero no para espiar a derechos humanistas, activistas y mucho menos a periodistas. Esto, como le menciono, ya venía de tiempo atrás. Fue el 29 de mayo, cuando luego de haber alzado la voz en su momento el grupo de integrantes del Secretario Técnico Tripartita de la Alianza para el Gobierno Abierto dijo: “Nos paramos de la mesa”, y si, después de 5 años de haberse integrado se pararon y se fueron acusando al gobierno y solicitando una respuesta que nunca se dio directamente del gobierno, sino que apareció el lunes pasado en The New York Times.

Mi opinión sobre la nota del diario estadounidense es que me parece que es un refrito, pues es algo que ya se sabía, que ya produjo consecuencias políticas serias en éste país y que ellos mismos ya habían dado a conocer y que lo habían dado a conocer otros periódicos en Canadá; también lo había dado a conocer Urbi et Orbi, por ello creo que es una noticia ya vieja pero no por eso su contenido deja de ser importante. La naturaleza en sí de éste asunto del espionaje tiene dos ramas: Una, el hecho mismo de que un grupo de defensores y activistas de los derechos humanos y de informadores de diferente estatura se dicen espiados. Van con el gobierno mexicano y le dicen que la PGR no ha atendido las quejas que ellos han presentado por saberse espiados ilegalmente. Solamente es legal el espionaje cuando un juez así lo determina. Si la autoridad o si la fuerza policiaca necesitan ir viendo los pasos de una persona sospechosa de estar cometiendo delitos, entonces tienen que ir con un juez para que ese juez autorice que le pongan como se dice técnicamente: Pájaros en el alambre”, que lo escuchen, que lo graben, que lo sigan, que hagan todo lo que tengan que hacer para conocer sus movimientos y anticiparse a lo que viene y evitar que eso suceda, así como evitaron hace algunos años en el CISEN que mataran a Ricardo Monreal, que fue un caso muy conocido, ya que había unos sicarios zacatecanos que querían ejecutar al ex gobernador de Zacatecas. Y así como en este caso para eso sirve el espionaje, para evitar la comisión de delitos. Pero quienes no han cometido delitos, como los activistas de los derechos humanos dicen: “¿Y a mí porque me están espiando? Yo no soy un enemigo del régimen, ni enemigo del Estado.” O como en el caso de Juan Pardinas que le filtraron perversamente a su familia que él tenía una relación extramatrimonial. Él ya había alertado a su familia de que lo estaban calumniando y lo estaban espiando por lo que él hacía en el IMCO –Instituto Mexicano para la Productividad- y por la transparencia, y por estar en contra de la corrupción, en fin, todo lo que hace y no hace Pardinas.

Ahora la gran queja fue que 10 organizaciones importantes se retiraron ésta plataforma del gobierno abierto, dijeron nosotros no vamos a convalidar la transparencia de un gobierno que por un lado juega con esta aparente participación ciudadana y por la otra nos está espiando por el ojo de la cerradura; y ojalá y nada más fuera por el ojo de la cerradura, porque también se investigan cuentas bancarias, conversaciones telefónicas.

La segunda rama es que dicen: solamente el espionaje lo pueden hacer con éste software, lo cual yo dudo, pues los pueden espiar con varios más, porque no hay nada más fácil que el espionaje en los tiempos cibernéticos. Hay quien dice que en estos tiempos es más seguro dejar un papelito debajo de una piedra en algún parque público, que estar mandando mensajes encriptados porque todo está desencriptado. Nada se puede mandar por la red, y la red implica ya la telefonía inteligente, porque todo se sabe, porque todo se oye, porque todo se ve.

Claro que es indebido lo que se está haciendo, lo esté haciendo quién lo esté haciendo, y también me parece un poco exagerada la reacción de quienes se saben espiados. ¿Quiénes están siendo espiados? ¡Todos! para no equivocarnos. Todos, y hay que actuar en consecuencia porque si no los espía una competencia industrial, le está espiando el gobierno o le está espiando otra organización no gubernamental que quiere echarle la culpa al gobierno del espionaje a los demás, y todo mundo sabe lo que está haciendo el otro. Vivimos en los tiempos del exceso de información y mientras exista este exceso informativo y este flujo y tráfico de datos ya sea por facebook, por twitter, por los whatsapps, instagram, etc. es mucho más fácil que cualquiera se cuelgue de la información de otros y se la venda o regale al gobierno o se convierta en un aliado de este gobierno o de otro gobierno que quiere hacerle guerra sucia al de aquí, no lo sabemos, vivimos el manejo de datos personales como nunca antes había ocurrido en la historia de la humanidad.

Malo desde luego que estén espiando a algunos periodistas, que mal pero eso denota la importancia que tiene su trabajo. Por otro lado es casi una condecoración saberse espiado, pues si no fuera importante el periodista nadie se metería con él. Es muy malo también que estén también espiando e investigando a las organizaciones no gubernamentales que ponen en el primer plano de la conciencia nacional los derechos humanos y las luchas contra la corrupción. Muy malo. Pero también hay que saber que vivimos en un mundo en donde lo muy malo ocurre todos los días, y como ocurre todos los días, pues la única recomendación a los espiados es que hay que cuidarse las espaldas.

 

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