Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Tuve la intención  de escribir sólo cosas agradables y felices con motivo del DÍA DEL NIÑO; pero cuando conocí el caso del pequeño Iván, opté por narrar partes de su trayecto escolar.

Especialistas dijeron a la mamá, del pequeño Iván, que su hijo tenía déficit de atención o atención dispersa, que también algunos de sus comportamientos denotaban Síndrome de Down y cierta agresividad. El padre de Iván, después de conocer el diagnóstico de su hijo, abandonó a la familia,  dejando toda la responsabilidad del pequeño a la mamá. Aparte de estar sola, a la mamá de Iván se le complicaron las cosas para los estudios de su hijo; en los jardines de niños más cercanos a su domicilio le negaron inscripción a Iván por sus capacidades diferentes. Después de muchas dificultades, logró que lo aceptaran en un jardín lejano a su domicilio. A los quince días de haber iniciado el ciclo escolar, mandaron llamar a la mamá de Iván para comunicarle que su hijo presentaba muchos problemas de aprendizaje y que le daban un tiempo razonable para que buscara alguna escuela de educación especial donde atendieran mejor a su hijo. Por más esfuerzos que hizo la madre no encontró lugar en ninguna escuela recomendada y optó por buscar espacio en otro jardín de niños. Dos meses después, el pequeño Iván ya estaba en otro jardín; pero semanas después ya estaban llamando a su mamá para que sacara del jardín, a su hijo, por las mismas razones. Esta historia se repitió en preescolar cuatro veces, hasta que en el último jardín le entregaron, al pequeño Iván, un documento que avalaba haber cumplido cinco años y que podía pasar a la primaria.

Para lograr inscripción en la primaria, al pequeño Iván lo llevaron a varias escuelas hasta que en una de ellas lo aceptaron bajo ciertas reservas. Los tres primeros grados de primaria los cursó en cuatro escuelas oficiales distintas. En la últimade éstas, la maestra de Iván le dijo a su mamá, “señora, lleve a su hijo a un colegio particular; en los colegios hay pocos alumnos y hay maestras y maestros especializados; ahí su hijo estará mejor atendido”. Tampoco fue fácil cambiar a Iván a un colegio, aunque después de varios ruegos su mamá logró incorporarlo en uno de ellos. En el colegio Iván no duró más de tres meses, pues ahí le argumentaron a la mamá que regresara a su hijo a una de las primarias oficiales, en “éstas _le dijeron_tienen maestras especialistas en terapia de lenguaje, psicólogos, trabajadoras sociales y maestras especialistas para la atención de niños con problemas de aprendizaje”. Los últimos dos años  y medio de primaria Iván recorrió cuatro escuelas oficiales; logrando que le extendieran el certificado de primaria.

En este ciclo escolar, Iván está cursando el primer grado de secundaria. De la primera escuela lo corrieron en diciembre de 2017; a partir de enero, de este año, está en la segunda escuela en la que ya han citado, a la madre de Iván, ocho veces para pedirle que retire a su hijo porque no quiere estudiar y es muy agresivo. Como la madre no ha encontrado lugar en otra, los integrantes del personal de la secundaria actual ya se pusieron de acuerdo para “todos reprobarlo” y de esta manera expulsar al adolescente por reprobar todas las materias.

Cuando conocí a Iván, me dio mucha ternura; platiqué con él, me dio la impresión que es un muchacho normal; que tiene buenos y malos ratos como todos; que aprende bien unas cosas y en otras tiene dificultades como todos los alumnos; ciertamente es agresivo, pero cuando lo agreden; si lo respetan, respeta; si lo juntan en los juegos, juega con todos. Apliqué un examen a él y a otros dos de sus compañeros de altas calificaciones. Iván obtuvo 7.3 de calificación y los otros dos 8. ¿Hay marcada diferencia?

Para Iván las escuelas han sido un calvario y pensar que éstas, por deber y equidad, deben tratar con mayor y mejor atención a los que más necesitan apoyos educativos. Deseo que Iván encuentre comprensión, cariño y amor en alguna escuela para ser feliz; con ello también su mamá sería feliz.