Ricardo Vargas

Esta semana volvió a ser noticia el nuevo Tratado de Libre Comercio, que ha sido abreviado en español como “T-MEC”, en referencia a un nuevo tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Bueno, pues volvió a ser noticia porque hace un par de días se celebró en Palacio Nacional un acuerdo entre estos tres gobiernos, por el cual se aceptan las últimas modificaciones al nuevo tratado, luego de casi dos años y medio de arduas negociaciones entre las tres partes.

Los principales negociadores de los tres países; Jesús Seade (subsecretario de Relaciones Exteriores México), Robert Lighthizer (representante de Comercio Estados Unidos) y Chrystia Freeland (viceprimer Ministro de Canadá), firmaron en la Ciudad de México el nuevo acuerdo que incorpora las modificaciones más recientes en materia laboral, de productos de origen y de biomedicamentos. Esta noticia es sin lugar a dudas un acierto para nuestro gobierno y para nuestra economía, pues llega en un momento de importante necesidad de inversión fija en nuestro país, tanto doméstica como extranjera.

Y creo importante mencionar el tema de la inversión fija ahora pues, como lo comenté hace una semana en este mismo espacio, la desconfianza y la incertidumbre han tenido un peso importante en la caída tan pronunciada de los niveles de inversión fija en nuestro país. Y la realidad es que, sin lugar a dudas, la ratificación del original Tratado de Libre Comercio de América del Norte trae consigo un sentimiento de certidumbre y de tranquilidad a inversionistas nacionales y extranjeros, pues muchos proyectos se han suspendido o cancelado (entre otras variables) por la falta de un acuerdo formal entre las tres naciones.

La parte más interesante de este nuevo acuerdo, y la razón principal del título de esta columna, es lo que México ha cedido en el tema laboral, que puede ser un beneficio tanto como puede ser un daño a nuestra economía en los años por venir.

México se ha caracterizado desde hace ya varios años, por ser un país con una mano de obra calificada y barata. Digo calificada porque ha sabido cumplir con los estándares de calidad de diferentes empresas trasnacionales y ha logrado acoplarse con éxito a cadenas de producción realmente complejas. Por el otro lado, digo que es barata porque relativamente representa un gasto mucho menor para las empresas multinacionales utilizar mano de obra mexicana, que de otras economías con potencial manufacturero.

Y lo que pareciera al inicio del TLCAN (1994) como una ventaja competitiva para México, se ha convertido quizá en una desventaja pues la mano de obra mexicana se ha inclinado más a ser una mano de obra barata, en lugar de buscar ser una mano de obra competitiva y que, a la postre, pudiera ser exitosa incluso sin ser necesariamente barata.

Es este tema el que me parece más relevante en el nuevo acuerdo del tratado, pues será sin duda un parteaguas para la industria manufacturera en nuestro país, la cual tendrá que volverse competitiva o comenzará a perder tamaño y fuerza. La razón de esto es que en el nuevo acuerdo Estados Unidos y Canadá abogaron por impulsar en México mejores condiciones laborales, que si bien mejorarían la capacitación de la mano de obra, la volverían sensiblemente más cara, por lo que la mano de obra en esos dos países podría competir contra la mexicana. Y no es este un tema menor, pues a pesar de que los tres países han ganado gracias al TLCAN (ahora T-MEC), es cierto que muchos de los empleos del sector manufacturero en EE.UU. y Canadá se trasladaron a nuestro país en respuesta a un costo sensiblemente menor de la fuerza laboral para las empresas.

Y frente a esta nueva condición, que ya ha aceptado nuestro país, es donde el sector manufacturero mexicano debe replantear su estrategia y apostarle a ser una mano de obra que se vuelva más competitiva, para que siga manteniéndose atractiva a nuevas inversiones nacionales y extranjeras, pues difícilmente podrá seguir gozando del “bajo costo” como su principal ventaja competitiva.

El otro escenario, y por lo que hablo de una arma de doble filo, es que en caso de que no se le apostara a la innovación, a la investigación, a la capacitación, al conocimiento, la mano de obra mexicana sería medianamente competitiva y ahora también medianamente barata, pues nos hemos comprometido a incrementar los salarios y las prestaciones en este sector.

Ojalá que como país le apostemos ahora y siempre al conocimiento y a la capacitación, que en consecuencia nos puedan volver más competitivos a nivel internacional. Mucho de nuestro desarrollo como país dependerá de ello.

Escríbame: rvargas@publimagen.mx

@1ricardovargas