Por: Itzel Vargas Rodríguez

Todavía no pisábamos el año nuevo cuando la amenaza de la elevación en los precios de la gasolina era ya algo inminente. Primero se había gestado como un casi-rumor derivado de la escasez de este combustible en las gasolineras de varias partes del país, y eso hizo renacer el “sospechosismo” de que eso se debía a un próximo aumento.
El asunto es que analistas como Denisse Dresser tienen razón en apuntar que, el hecho que marcará el sexenio de Peña Nieto no será Ayotzinapa ni la Casa Blanca, sino más bien este “gasolinazo” con el que nos estrenamos en el año.
Y es que el Gobierno Federal se ha estado encontrando desde hace tiempo en la más incómoda de las situaciones, debido a su bajísima popularidad e incredulidad por parte de la ciudadanía, y esto viene a mermar aún más.
Las acciones comunicativas para contrarrestar la ola de disgusto que se han emprendido, tienen prácticamente nulo alcance porque más temprano que tarde, surge otro hecho que descontenta más a la ciudadanía. Y prácticamente así se la ha llevado la Presidencia, nadando de “muertito” entre escándalos, de los que no puede salir bien librado.
La rueda de prensa que dio ayer el Presidente, volvió a ser materia para mucha más crítica y descontento. Sobre todo porque regresó al gobierno Luis Videgaray, quien había sido cesado de su cargo literalmente por haber traído a Trump hacía unos meses atrás, y ahora, surge en este acto también un “sospechosismo” al percibirse como un premio por haber gestionado “bien” aquella visita ante los ojos de Peña Nieto, la Presidencia y Trump, y así este personaje ahora se queda de titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Un acto que ha sido calificado por analistas como “la primera colocación del Gabinete de Trump”, es decir, Videgaray fue el vínculo entre Peña Nieto y Trump y lo seguirá siendo acorde a los intereses del país vecino.
Pero mientras este nombramiento se gesta cuando en las calles hay muchas movilizaciones que nacen desde el desencanto popular reflejado, intercomunicado y organizado en gran medida mediante las redes sociales, pareciera que al Gobierno Federal le sigue dando lo mismo lo que piense la ciudadanía o al menos, esa ha sido la continuada retórica que han manejado ante crisis sociales.
Vemos por ejemplo cómo el “gasolinazo” ha sido tomado por distintos entes sociales como una causa de lucha social y protesta, pero también vemos, cómo en muy poco tiempo también se ha prestado por intereses ajenos para sembrar sentimientos de caos derivados de los asaltos a tiendas comerciales y siendo violentos retenes en las casetas de cobro de distintas carreteras.
El asunto de cómo ha ido reaccionando la gente es sólo reflejo de esta “bienvenida” al año, la forma en cómo el Gobierno Federal cometió el grave error de proclamar como un beneficio de las reformas el no aumento de la gasolina ni la luz… justo cuando no pasaron ni dos años para que ocurriera todo lo contrario.
Un hecho realmente preocupante es la forma tan insensible en cómo el Gobierno Federal justifica sus actos. Comunicativamente hablando no menciona los porqués, cuándos y para qués, ofrece ralas explicaciones a las acciones que como el “gasolinazo” eminentemente afectarán el bolsillo de toda la ciudadanía de forma muy significativa, y que apele a justificaciones al estilo de “echar la bolita” a las causas internacionales.
Con la sensación de inestabilidad social podemos deducir que han sido erradas muchas de las acciones emprendidas por el Gobierno Federal, pero también ha sido un constante error la forma en cómo maneja sus crisis y brinda explicaciones: de una forma fría y cínica. La comunicación política, social y gubernamental no debe ser causa de “sospechosismos”, mayores crisis sociales y mucho menos gestar un mayor clima de incertidumbre, incredulidad y caos. Al contrario, debiera mostrarse como un compañero y aliado del desarrollo social.
Feliz año nuevo, aún con estas desalentadoras circunstancias.

[email protected] / @itzelvargasrdz