RODRIGO AVALOS ARIZMENDI

A principios de la semana pasada nos enteramos por medio de los noticieros nacionales sobre la detención de un asesino serial de mujeres en Ecatepec, Estado de México. Lo que informaban los noticieros era algo en verdad terrible y que causaba conmoción a pesar de que a diario escuchamos y vemos historias sangrientas.

Este hecho tiene todos los casos posibles de una patología agravada y están presentes en la historia de este hombre. La historia de la pareja de dicho individuo la conocemos menos porque a la mujer basta y sobra con haberle medido la escasa inteligencia para darse cuenta que ella es también una víctima inconsciente de una manera de vivir donde no hay elementos ni culturales, ni morales, ni axiológicos, ni de otro tipo, porque el mundo es otro mundo desde el retraso mental. Por ello cuando no hay un mínimo de inteligencia para comprender la vida, la vida se acerca mucho a un mundo primitivo, animalizado, instintivo, por lo que la mujer está por ese lado. Pero por otra parte vemos que ese hombre fue víctima en su infancia de todos los males y abusos posibles e imaginables. La madre era prostituta; del padre no hay datos obviamente, pues no se sabe quién fue de todos, y la desviación de la madre de travestirlo – vestirlo de mujer, cuando era niño- sin su autorización, obligarlo, forzarlo a mirar las escenas de su trabajo y todo este cúmulo de golpes a una sensibilidad infantil, que se tradujeron a lo que casi siempre se traduce el abuso infantil, que es casi siempre en odio y ese odio se canaliza de muchas maneras. En el caso de este hombre, se canalizó en una misoginia absolutamente llevada al extremo con elementos necrofílicos, de sadismo, de dominio, de control, de repugnancia vencida por la propia comisión de sus excesos, secuestrar a las mujeres, aislarlas, golpearlas, inutilizarlas, matarlas y luego violar el cadáver, y en ocasiones comerse su carne, en fin, todo ese conjunto de cosas no son socialmente previsibles y confirmamos con esto que no es verdad lo que opinan quienes desde las trincheras de la defensa de la dignidad de las personas creen que todo se puede resolver con políticas públicas, como el caso de los feminicidios, de lo cual se organizaron en distintos estados discusiones y mesas redondas desde la historia de Ciudad Juárez, en donde hubo casos parecidos a éste seguramente, pues hubo más de cuatro mil en el periodo de casi una década.

La patología humana no tiene límite y no tiene capacidad de ser advertida antes de que se cometa lo que los criminólogos llaman las conductas antisociales, pero de la conducta antisocial como puede ser un robo, un asesinato por alguna razón también enferma, todo tiene que pasar a estas actitudes anti humanas en donde no basta matar a alguien por venganza, por odio, por algunas razones fuera del control momentáneo de las emociones, sino alguien que hace una vida entera que va gravitando en torno de vengarse de quien no conoce, de tomar a cualquier persona del sexo femenino como objeto de una venganza contra alguien que ni siquiera se va a enterar de esa venganza. No sé el caso de la madre de este individuo si sepa que es lo que pasó después de que ella lo dejó, lo abandonó o el creció y se fue, o ese tipo de historias que van conformando el paso de estas extrañas especies por el mundo.

No se puede entender lo anterior en los parámetros de la normalidad, pero tampoco se puede aceptar que la normalidad sea la norma en nuestras vidas. No vivimos una sociedad de personas normales. Este caso es un caso excesivo, brutal, abundante, antropofágico, pero hay muchas otras conductas patológicas de las personas que son las que permiten que en muchos casos haya tanta gente muerta en este país.

Creo que esta investigación corre el riesgo de estar entorpecida por la divulgación del video, que de manera ilegal alguien grabo de la declaración del acusado y en donde se explayó totalmente narrando la manera en que mataba a las víctimas, lo cual sería muy grave si eso sirve para aminorar la condena de este hombre, al cual yo no condenaría, simplemente con casos como estos revisaría la vigencia o la no vigencia de la pena de muerte, porque este hombre estorba y no creo que haya alguien que pueda hablar de readaptación, se revisaría eso ante casos como este de flagrancia, confesión, evidencia, reiteración y conducta repetitiva. Pero independientemente de lo que digan los criminólogos, que siempre están llenos de piedad, lo que veo es que ahora cualquier caso de feminicidio que se quiere investigar en el Estado de México, en esa región ya tiene alguien a quien retribuirlo. Le echarán la culpa al “monstruo”, quien podría convertirse en la mampara detrás de la cual se escondieran otros criminales parecidos o criminales que hayan matado mujeres por razones del triste negocio de la trata de personas. Las autoridades de la investigación de este asunto deben de ser cuidadosas en saber que fue exactamente lo que este hombre hizo y llevar un buen expediente.