David Reynoso Rivera Río

Durante muchos años, los analistas y politólogos elogiaron el modelo gubernamental económico chileno, ya que aparentaba ser uno de los más exitosos con cifras macroeconómicas envidiables; sin embargo, hace unos días observamos una conducta similar a lo que ocurrió dos décadas atrás en nuestro país. Vimos cómo un país sostenido con alfileres detonaba grandes problemas económicos y sociales entre sus habitantes ante la desesperación y el poco crecimiento.

El mundo entero se paralizó al observar a miles de chilenos que tomaron las calles de las principales ciudades para reclamar al gobierno por el aumento de precios a servicios de primera necesidad. Razón por la cual, basta con recordar algo de la historia chilena para comprender cuáles han sido sus pilares económicos y políticos en los últimos años. En la década de los setentas, Salvador Allende se convertía en el primer socialista electo del mundo e intentó instaurar en Chile un modelo con ideas socialistas, que inclusive llevó a la nacionalización de cientos de empresas privadas; sin embargo, en 1973 Augusto Pinochet derrocó su gobierno con un golpe de Estado.

Con la llegada de Pinochet, se implementaron esquemas neoliberales novedosos para su época cuya tendencia provenía de los conocimientos de algunos estudiosos que fueron conocidos como “Los Chicago Boys” dado que provenían de la universidad de Chicago. Teniendo como rasgo característico el aumento y la promoción de la inversión extranjera directa e indirecta, siendo que además el péndulo político inclinó nuevamente a la privatización de los servicios e instituciones, los cuales evidentemente quedaron concentrados en unos cuantos afortunados.

La década de los noventas significó el regreso de la democracia en la vida de los chilenos, siendo elegido presidente Patricio Aylwin Azócar, quien se caracterizó por continuar con algunos cambios el modelo neoliberal que poco a poco continuó permeando en la sociedad chilena. Fue así que se comenzaron a implementar a través de cálculos actuariales algunos sistemas de seguros que en teoría permitirían a la sociedad gozar de salud, protección a su empleo  e inclusive pensar en un esquema de pensiones.

Los gobiernos continuaron por décadas; sin embargo, el modelo también y éste fue generando un clima de descontento mayoritario que explotó hace unos días con el anuncio del aumento a la tarifa del transporte público. Lo anterior permitió a toda una gran clase segmentada y descontenta expresar su disgusto, ya que poco a poco se empezaron a desvanecer las optimistas cifras internacionales que no evidenciaban parte de la realidad, es decir: que las pensiones no eran suficientes para cubrir sus necesidades, que los esquemas de salud pública no eran opción para atenderse y que los sueldos poco a poco se estancaron.

La marcha más grande de la historia de Chile no fue en contra del aumento al precio del metro, sino que fue una marcha en la que los chilenos expresaron su descontento frente a un modelo económico que estalló por aparentar cifras increíbles y no darse cuenta que el estado estaba perdiendo el control de su clase baja y media. Bien dice el dicho: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” y nuestro país no se encuentra nada lejano a vivir un acontecimiento similar si no nos preparamos y ponemos un buen capitán frente al timón de la rectoría en la política económica del país; recordemos que hace unas semanas, el secretario de Hacienda en nuestro país pronosticó una posible recesión económica. Habrá que estar muy atentos a este fenómeno que lamentablemente daña a nuestros hermanos latinoamericanos y sobre todo, habrá que estar muy pendientes de las acciones y pautas que marque nuestro gobierno para evitar un declive en la economía mexicana.

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