Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El mensaje, para que lo entienda la sociedad, los padres de familia y, en especial, los maestros, es en el sentido de que, en este país se puede faltar a clases por semanas, por meses, por el tiempo que se quiera, y no pasa nada, en vista de que los salarios están asegurados por disposición oficial. Y si se quieren obtener, adicionalmente, jugosas prebendas económicas, es cuestión de chantajear, coaccionar, boicotear, obstruir las vías de tránsito, tomar oficinas públicas, entorpecer la vida cotidiana de las familias, realizar marchas y mítines, entre otras cosas, pues pareciera que la permisividad será la principal característica de la “Cuarta Transformación”, toda vez que la autoridad se niega a poner orden donde hay anarquía. El trato que se ha dado a los maestros de la Coordinadora de Michoacán, así lo demuestra; y no tardarán los maestros de otras entidades (ya saben quiénes) a hacer lo mismo; porque son las huestes del actual gobierno y, supuestamente, los garantes de la “Cuarta Transformación” educativa, por lo que se sienten con el derecho de exigir las cosas con soberbia, obcecación y arrebato. ¿Qué pasará con los maestros, que no son aliados cercanos, cuando realicen un movimiento pidiendo la satisfacción de sus legítimos derechos?, ¿también serán tratados igual y se les dará, a manos llenas, lo que pidan?

Cuando se observan y escuchan estas cosas, personas que conocen y son fieles al Estado de Derecho, se preguntan con asombro, ¿la ley permite hacer desmanes en las calles, en las vías públicas y en los espacios donde las familias realizan su vida cotidiana, sin que se ponga orden?, ¿la ley permite perturbar el orden público, sin importar los  costos de la vida social, política y económica? Paradójicamente, desde preescolar, primaria, secundaria y en todos los demás niveles de la educación, se enseña que las leyes se hicieron para respetarlas y cumplirlas, y no para violarlas. Tan es así, que las autoridades, el día de su ascensión, juran solemnemente “cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen…”. Sin embargo, los hechos demuestran que el juramento a la ley se ha convertido en un simple protocolo, porque las leyes no se han de cumplir ni se harán cumplir a cabalidad. Entonces, ahora, ¿qué y cómo se debe enseñar a niños, adolescentes y jóvenes, en relación al Estado de Derecho?

A pesar de que el mensaje incita al desorden con el fin avieso de lograr beneficios o canonjías personales o de grupos; por veneración y enaltecimiento a la profesión; por lealtad a los padres de familia; pero, sobre todo, por cariño y respeto a los niños, maestras y maestros de vocación deben seguir enseñando que las leyes se hicieron para poner orden, precisamente, donde impera la anarquía; y que, pedagógica y cívicamente, los principios del Artículo Tercero constitucional siguen vigentes para “desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentar en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de solidaridad…”; sin olvidar, además, que la educación que se imparta deberá ser laica, orientada en los resultados del progreso científico, en la democracia, entendida ésta, “no tan solo como estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo… y que contribuirá a la mejor convivencia humana, a fin de fortalecer el aprecio y respeto a la diversidad cultural, a la dignidad de la persona, a la integridad de la familia, a la convivencia de la sociedad, a los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos, evitando privilegios de… grupos o de individuos”.

La educación no es un pasatiempo, es formación responsable y permanente de ciudadanos.