NOÉ GARCÍA GÓMEZ

La revista internacional Time cada año en su edición de diciembre nombra al personaje del año; en 2011 nombró de manera genérica a «El manifestante» como la persona más influyente de ese año, argumentando que el hombre común,  unido en protestas globales, «una vez más se convirtió en un hacedor de historia». «Protestas masivas y efectivas», repentina y sorpresivamente, se convirtió en la expresión definitiva de nuestros tiempos’, Time dice que este agente del cambio social tuvo un impacto mundial, comenzando en las manifestaciones de Túnez, que derivaron en la llamada Primavera Árabe en el Norte de África y el Medio Oriente, extendiéndose a los que se denominaron los indignados de Europa teniendo como símbolo los llamados “ocupas” en España y posteriormente en los Estados Unidos en Wall Street.

Hoy ocho años después, Sudamérica parece se contagió, movilizaciones en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú contra gobiernos con tintes ideológicos de derecha, y en el caso de Venezuela y Bolivia contra regímenes de izquierda. A todos los une una constaste, un pueblo integrador por todos los sectores y clases, pero que tiene distintos dimensiones de exigencias por ejemplo, condiciones económicas y combate a las desigualdades en Colombia, Chile y Argentina, contra la corrupción en Perú o mejores condiciones de libertades y democráticas en Brasil, Bolivia y Venezuela.

Como lo dice Antonio Caño en una nota en El País: “El pueblo en la calle ha sido siempre el instrumento fundamental para cambiar la historia. Desde la revolución francesa hasta la americana, la rusa o la mexicana, el levantamiento contra el comunismo en la Europa del Este o las marchas por los derechos civiles en Estados Unidos, el poder de los ciudadanos masivamente reclamando sus derechos ha sido una fuerza incontenible, incluso por la más brutal represión. A lo largo de varios siglos, esa fuerza ha languidecido o resurgido de forma intermitente en distintos lugares de la Tierra y en diferentes momentos”.

Pensaríamos que el padre (o madre) de las protestas actuales en Sudamérica es aquel 2011 ya madurado y consolidado en un movimiento que tiene características globales y que sus principales instrumentos de movilización y difusión son los nuevos medios de comunicación en internet y fundamentalmente las redes sociales. Pero recordemos que en los finales del siglo pasado, en la segunda parte de la década de 90´s, se generó un movimiento global que podría ser el padre del que hoy nos ocupa, aquel movimiento llamado en un primer momento los “Globalifóbicos” por estar en contra de las salvajes políticas neoliberales globales y que después se transformó en el movimiento de los “altermundistas” que tenían como lema “Otro mundo es posible”, por lo que serían en esta sintonía los abuelos de los movimientos de hoy.

Tampoco tenemos que olvidar y remontarnos dentro de nuestro país, recordemos los movimientos estudiantiles y juveniles del 68´y 71´ o en los 80´ el movimiento encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas que dio origen al FDN y la defensa de su elección en 1988; o el levantamiento y movimiento Zapatista en el primer lustro de los 90´.

La realidad es que hay una larga tradición de movimientos y manifestación, que hoy en México parece adormecida. Tal vez porque la izquierda la tenía monopolizada, y la derecha, salvo los destellos en los 80´con Clouthier o Santos en San Luis, la derecha no sale a tomar las calles,  menos el PRI que toda la vida estuvo cobijado por la sombra del poder. Por eso es difícil que en estos momentos en México se replique algo igual. La oposición no sabe sembrar conciencia y tejer redes de apoyo para que salgan a tomar y hacer suyas las calles.

Finalmente, sin duda “El manifestante” como personaje colectivo mundial, es y tiene que seguir siendo figura central en nuestros tiempos, y que los medios y revistas de este 2019 lo retomen como el personaje de la década, así lo fue en varias épocas de siglos atrás y tiene que mantenerse en los años venideros, “El manifestante” como ese ciudadano participativo, activo, consciente e indignado, que se convierte en la conciencia de la sociedad y ojala en nuestro país broten gérmenes de esperanza.

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