El Heraldo de Aguascalientes

El laboratorio secreto de Cupra

Son unas instalaciones modestas si se les compara con la fábrica que está a unos pasos de distancia.
El pequeño complejo contrasta con la inmensa planta de 2 millones de metros cuadrados en la que SEAT, produce 2 mil 100 unidades de Ibiza, León y Arona al día, y que parece ser el corazón de la ciudad industrial de Martorell, ubicada a 30 kilómetros de Barcelona.
Pero este taller, de sólo 16 mil metros cuadrados y ubicado detrás de una sobria fachada de ladrillos rojos, fue elegido hace casi 2 años para albergar el proyecto más ambicioso de SEAT: el desarrollo de CUPRA, una nueva marca deportiva presentada a comienzos de 2018 con un emblema propio, vehículos nuevos y hasta el patrocinio del equipo Ducati de Moto GP.
Durante poco más de 12 meses, un equipo de 25 ingenieros trabajó aquí para crear el primer auto turismo completamente eléctrico, el eRacer.
Éste integra una batería de 450 kilogramos que se reparten en el suelo de la parte trasera, donde también fueron ubicados los dos motores que impulsan cada una de las llantas posteriores. El resultado es un auto eléctrico que va de 0 a 100 en poco más de 3 segundos y con el que los pilotos deberán aprender a ajustar el frenado de acuerdo con el circuito en el que compitan.
“Aunque a máxima velocidad su autonomía es de 40 kilómetros, la idea es que los equipos construyan una estrategia para aprovechar la energía del frenado, pues se puede elegir cuánta energía generar con los frenos, lo que se traduce en distintas sensaciones de manejo, obligando a buscar un balance entre frenado y recuperación de batería”, explica Xavier Serra, director técnico del proyecto.
“Además, a diferencia de un auto turismo convencional, la distribución de pesos pasa a ser de 40 por ciento delante y 60 detrás”.
El vehículo continúa en desarrollo y se estima que para 2019 pueda dar inicio el primer campeonato de este tipo de coches.
Sin embargo, no es el único proyecto de CUPRA.
El equipo de 20 ingenieros también está a cargo de ediciones limitadas como el poderoso CUPRA R, de 310 caballos de fuerza y del cual sólo existen 799 unidades en el mundo.
Y, por si fuera poco, también son los encargados de la fabricación de autos para los equipos de la Copa Mundial de Turismos, un proceso artesanal que toma aproximadamente cuatros meses en los que se adapta el chasís, el motor y la suspensión del mismo León CUPRA que se ensambla a unos metros de allí.
“Algo que es muy importante cuando desarrollas autos para la Copa Mundial de Turismos es que el 60 por ciento del coche proviene del auto estándar”, explica Xavi Carrasquillo, encargado de la División CUPRA, durante un recorrido por el taller de motores.
“De esa forma, evitamos el aumento de los costos, porque todo costo extra va directo a los clientes, y lo que significa es que las partes de un auto normal son las más confiables; si tuviéramos que hacerlas desde cero, implicaría más dinero”.
No podía respirarse más deportividad en este ambiente, pues de hecho éstas eran las oficinas de SEAT Sport.
En las paredes cuelgan imágenes de emblemáticos autos de competencia: vehículos de rally atravesando densas nubes de polvo, coches en pleno rebase a alta velocidad u otros que, en pelotón, avanzan en el momento exacto del inicio la carrera.
Por allá, la fotografía del Ibiza Kit Car amarillo que, en 1996, ganó la Copa del Mundo de Rally; en otro rincón aparece el retrato del León 2.0 TDI que, por 2 años consecutivos, se hizo con la Copa Mundial de Turismos. Algunas imágenes, incluso, han perdido un poco de color por el paso de los años.
Lo cierto es que todos los autos retratados salieron de estos talleres. Aquí se les diseñó y se les puso a punto. No es casualidad que una nueva marca deportiva haya nacido en este mismo lugar.