Giovanni Sartori es, sin lugar a dudas, uno de los investigadores más importantes a nivel internacional en el campo de la ciencia política, su fascinante capacidad argumentativa y la brillante claridad con la que plantea sus hipótesis, hacen de todas sus obras verdaderos deleites que se convierten en referencia inobjetable cuando de estudiar la política se trata.

De entre los múltiples aportes que ha hecho, se encuentra su estudio acerca de los partidos políticos y los sistemas de partidos. Con racionalidad, este pensador italiano propuso diversas clasificaciones para categorizar a los partidos y a los sistemas políticos en donde compiten, para luego trazar escenarios de comportamientos de ellos durante las contiendas electorales y en consecuencia, plantear cuáles serán los roles que podrán desempeñar dentro del péndulo del poder.

Rumbo a las elecciones de diputados federales del año que está por comenzar, en días pasados feneció el plazo para que todos los partidos políticos, en su carácter de jugadores de la contienda electoral, informaran al Instituto Nacional Electoral su decisión de contender en coalición total o parcial con algún otro partido, o lo que es lo mismo pero al revés, enterar tácitamente que postularán a sus propios candidatos.

Luego de la lluvia de declaraciones, conjeturas y especulaciones, al final del día se informó que para el caso de Aguascalientes, todos los partidos políticos postularán candidatos propios.

Para alegría de algunos y coraje de otros, el PRI no jugará ni con el PVEM ni con Nueva Alianza; por su parte y de la misma forma, el PAN optó por no aliarse con su antítesis ideológica: el PRD; Movimiento Ciudadano y PT no encontraron coyunturas viables para establecer algún frente común desde la trinchera de la izquierda en su versión mexicana; y los tres nuevos competidores por el poder: Encuentro Social, Frente Humanista y MORENA, igualmente contenderán solos, tal vez no por falta de ganas, sin por falta de posibilidad jurídica en razón de ser partidos que lucharán por primera ocasión.

Así, echadas las cartas, ahora cada partido debe trazar, en razón de sus condiciones y aspiraciones, la estrategia óptima para la consecución de sus metas: el PRI, lograr la mayoría en la Cámara; el PAN y el PRD, lograr consolidarse como segunda fuerza política en el país, y el resto, por principio de cuentas, garantizar su existencia y ya después, obtener el mayor número de espacios plurinominales y prerrogativas posibles.

Resultaría digno de considerar para la formulación de cada una de las estrategias de los partidos, el capítulo quinto de la obra de Sartori Partidos y Sistemas de Partidos, en donde el autor advierte la importancia de considerar en un análisis político electoral, el número de partidos que entrarán en disputa, pues lo único cierto es que el poder es uno solo y en el caso mexicano, al pasar de 7 a 10 competidores, se incrementa sustancialmente la posibilidad de que éste quede fragmentado o disperso. Adicional, es de considerar que el aumento en el número de jugadores generará un aumento en el número de interacciones, es decir, cada partido podrá hacer política con nueve competidores, lo que arroja un total, si mis torpes matemáticas no me fallan, de 44 interacciones simultaneas posibles.

Otro factor con incidencia será la pulverización del voto y las ganancias y pérdidas que arrojará esto para los contrincantes. En este punto con lógica elemental, se concluye que en razón del grado de similitud de la oferta política será la proporción en la que un partido político habrá de compartir los votos con alguno de sus enemigos, en otras palabras, en un mercado político con partidos que tengan la misma propuesta, estos estarán condenados a compartir sus dividendos. El otro elemento para el análisis de la atomización del sufragio, será la distinción ideológica, en el caso mexicano, considerando el matiz de las corrientes existentes y la ausencia visible de radicalismos dogmáticos, este factor puede lastimar notoriamente a los partidos de “izquierda”; al menos yo, no encuentro diferencias sustanciales entre el PRD, el PT, MORENA y Movimiento Ciudadano.

Para concluir con este análisis apresurado, valdría la pena que los estrategas de los partidos políticos nacionales se plantearan también la pregunta que se hace Sartori en la obra citada: ¿Qué partidos importan? Al respecto, el italiano supera la tradicional teoría de que un partido importa en razón del número de votos que tiene y propone que, adicional a esa distribución relativa del poder, la importancia también radica en función de la posición que ocupa en el espectro de las interacciones políticas, así, las posibilidades de coalición o de chantaje, son las dos normas que propone el autor para darle valor a un partido. Volviendo a ejemplificar, el PT, al ser un partido tradicional de rechazo hacia el PRI y el PAN, se coloca en uno de los extremos de la línea por donde transita el poder y con ello, se niega la posibilidad de incidir políticamente (nula posibilidad de coalición), en cambio, MORENA aun cuando se sitúa en el mismo plano y por ello tampoco pueda jugar activamente en el proceso político, considerando sus características, sus conductas sí pueden incidir o alterar la dirección (alta posibilidad de chantaje).

En fin, reconociendo los límites de la ciencia política, considerando que no goza de las perfecciones del rigor empírico (mi maestro César Cansino, de hecho me dijo que ya se murió esta ciencia), siempre es interesante considerarla para ver la realidad con otra lupa.

@licpepemacias

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