RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Me enterneció escuchar a José Antonio Meade cuando dijo el domingo pasado, al reunirse con la plana mayor del PRI, en lo que se considera un relanzamiento de su campaña por la presidencia de la república, “voy derecho, no me quito, ¡Hasta la victoria! Y vamos a ganar y nos vamos a batir todos los priístas a morir”. El cambio de presidente nacional del PRI, René Juárez Cisneros, ex gobernador de Guerrero, por Enrique Ochoa Reza, para algunos es un relanzamiento, lo cual por las fechas es muy difícil relanzar una campaña pero lo que vemos es que se está ajustando su campaña, lo cual es una buena noticia para los priístas. La mala noticia es que para que se ajuste algo lo tienen que desajustar, porque nadie afina un piano que suena bien, si se llama a un afinador para que afine el instrumento es porque el piano no estaba sonando bien y eso confirma lo que muchos dijeron, algunos de buen a fe y otros con ánimo destructivo cerca de las cúpulas del partido que no estaba funcionando ni la presidencia ni la dirigencia y tampoco la coordinación de la campaña. ¿Ahora cual es la estrategia? Según la secretaria general del PRI, Claudia Ruiz Massieu, es ir a lo que verdaderamente le dio fuerza histórica al PRI que es su movimiento en tierra, se trata de ir por todos los distritos y estados arrasando no en el sentido de pujar al ras sino a ras de tierra y recorriendo todos los puestos posible desde regidores hasta la Presidencia de la República, ir construyendo rápidamente la estructura piramidal que le permita al PRI llegar al final del proceso electoral en una mejor posición. El asunto es que esto se viene presentando simultáneamente con la designación de candidatos para puestos menores e intermedios, desde alcaldías, gobiernos estatales, etc. por lo que el PRI tiene una labor muy complicada de persuasión y de arrastre interno y es bien sabido que solamente con la gente un partido puede producir el entusiasmo de otra gente. Si ellos no son capaces de llenar con “su” gente los auditorios, las plazas, los centros de concentración y adhesión política, nadie los va a seguir. No hay nada más contagioso que la multitud. Si alguien va por la calle y una persona se pone a ver para arriba, como si mirara algo en la azotea de un edificio y llegan otros dos y después llegan otros cuatro, en menos de media hora va a haber una gran cantidad de personas viendo la nada y eso es un poco el espejismo de las concentraciones políticas. La gente se puede reunir porque ve gente reunida. Y esa es una manera de ir atrayendo y de ir haciendo lo que el PRI quiere hacer, quiere ir “jalando” gente, esto es como estas “campañas de tierra” que ellos les llaman, es un poco tirar la red en el mar, jalar y que caigan todos los peces, los de ellos y los del barco vecino. La realidad de las cosas es que René Juárez la tiene muy difícil y sobre Enrique Ochoa ¿qué podemos decir? Que a menos de una semana ya nadie lo recuerda. Así mismo este reajuste en el equipo de campaña del candidato priísta, que no es priísta, será verdaderamente inútil, su destino ya está señalado, es una candidatura que murió desde el primer día que nació.

ENTRE LA LIBERTAD DE EXPRESION Y EL LIBERTINAJE

 

Pues resulta que luego de un tuit que fue muy criticado en las redes por incitar al odio y que publicó el periodista Ricardo Alemán  quien conservaba una columna en el diario MILENIO, en dicho tuit recordaba los asesinatos de personajes famosos en clara referencia a los simpatizantes de López Obrador, lo que provocó que se dieran por terminados sus contratos en la Empresa Televisa, en el Canal 11 de Televisión y en el diario Milenio. En otro tuit Ricardo Alemán  dijo que había ganado el linchamiento y el reclamo de censura de los demócratas de MORENA. Sin duda el ambiente está calientito y más se va a poner.

EL DESATINO EN LAS DESIGNACIONES

 

Gran polémica causaron las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador al mencionar que a él le gustaría que el Padre Alejandro Solalinde fuere el próximo Ombudsman nacional, en caso de ganar las elecciones. Y la verdad sorprende mucho la aparente ignorancia del candidato de MORENA y digo aparente ignorancia porque él sabe perfectamente que el Ombudsman, que es un hombre que defiende a los otros hombres contra los abusos de la autoridad, así nació en Escandinavia esa figura del defensor de la gente, y ese defensor no puede ser un empleado, ni un amigo, ni un válido, ni un sugerido o propuesto por alguien que quiere ser presidente de la república. Si lo estuviera proponiendo una organización de derechos humanos, como ha ocurrido con los Ombudsman anteriores, excepto Carpizo a quién puso Salinas porque estaba naciendo la Comisión y fue un invento de Carpizo, pero a partir de ahí hay una absoluta distancia entre el poder y el hombre que vigila la legalidad humanitaria en el ejercicio del poder. Entonces decir que Solalinde será el Ombudsman presidencial es un contrasentido de la naturaleza del cargo. Creo que esto dicho por López Obrador fue una manera de llamar la atención al decir: “A mí me gustaría que el Padre Solalinde fuese el encargado de la defensa de los derechos humanos. Yo quiero el apoyo de gente buena, de gente con buenos sentimientos”. Pero el presidente de la república no puede designar a un Ombudsman y tampoco lo puede proponer porque exhibiría un nexo con él y ese nexo iría en contra de la autoridad moral del ministerio moral que debe tener un Ombudsman, aunque en este caso el candidato de MORENA lo está haciendo de buena intención. La respuesta de Solalinde fue inmediata y dijo en su cuenta de twitter: “Si acepté participar en el procedimiento competitivo para elección de Ombudsperson, porque es Ombudsperson, como una oportunidad de servir a México al lado del que considero será el mejor presidente, no formaré parte del gobierno, la CNDH es autónoma, los derechos humanos son compatibles con mi ministerio”. Y aquí hay varios errores: uno es cuando dice Andrés Manuel: “Yo quiero el apoyo de gente de buena voluntad” y no, el Ombudsman no está para apoyar al presidente de la república ni al gobierno, el Ombudsman está para defender a la gente, eso que él llama el pueblo. Pero hay otra cosa igual de grave: la ley que le da posibilidades a alguien dice que de preferencia debe ser un abogado, un hombre que haya estudiado Derecho, porque se habla de derechos, por eso la Constitución en su primer artículo, que es una materia del Derecho, está dedicada a los derechos humanos, es una colección de derechos humanos no una colección de apoyos al presidente. Y enseguida nos enfrentamos con que Solalinde es un Ministro del Culto, que si bien la ley no dice que es imposible que un sacerdote sea Ombudsman, no es lo mismo ser Ombudsman nacional constitucional autónomo que ser el encargado de un refugio para migrantes, son cosas totalmente diferentes, entonces  la Iglesia se quedaría con un órgano constitucional en una constitución de un  país laico.  La pregunta es ¿En verdad Andrés Manuel no sabe todo esto? Creo que sí, pero si no las sabe él las sabe Olga Sánchez Cordero que es su consejera en lo jurídico, y tantas personas de enorme sabiduría que lo rodean y que no le impiden que al amparo de una popularidad salga con esto, y lo más importante de todo: la manera tan veloz como se apuntó Solalinde, pues más se tardaron en decirle que él en decir “!Aquí estoy!” pasando por encima que una cosa es el Derecho Canónico y otra cosa son los Derechos Humanos.

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