Gerardo Muñoz

Aquel día, la recién entrante primera ministra, pronunciaba su primer discurso como tal en las hermosas calles de Downing Street. TheresaMay llegaba al Parlamento Británico como la mejor opción del Partido Conservador para suceder a David Cameron; quien salía por la puerta trasera tras la consulta del Brexit.

Desde ese momento, May manifestaba su firme intención de pelear contra las numerosas injusticas que afectaban al pueblo inglés. Controlar el flujo migratorio, consolidar una economía en crecimiento, así como mitigar la pobreza extrema, eran algunas de sus principales encomiendas. Sin embargo, todas las buenas intenciones se fueron diluyendo, gracias a la complejidad que siempre le representó el tratar de llegar a un acuerdo entre Westminster y la Unión Europea.

Conforme pasaban los días de su mandato, perdía poder en el parlamento, así como dentro de su mismo partido. De igual forma, el apoyo de la sociedad se fue contrayendo.

A finales del mes pasado, May anunció su renuncia, tras verse acorralada por el propio poder legislativo. Esto derivado del rechazo de su acuerdo con la Unión Europea en noviembre pasado, en el cual se concretaba el divorcio entre ambos.

El legado de la saliente primera ministra, siempre estará limitado por la ineficiente negociación del Brexit. Se le recordará por dejar un limbo político y económico a consecuencia de lo mismo. No olvidemos que ella llegó al poder.

El desgaste para el país por continuar con esta iniciativa, aunado al aplazamiento de las fechas límites para concretar la ejecución del Brexit por la Unión Europa, solo aumenta la incertidumbre para el Reino Unido.

Reino Unido sufre incluso antes de que el país se separe oficialmente de la UE, destino de 44 por ciento de sus exportaciones y un mercado de 500 millones de consumidores.

Las empresas multinacionales en todas las industrias se están retirando de la quinta economía más grande del mundo, que en las últimas cuatro décadas se convirtió en la principal puerta de entrada corporativa a Europa. Nissan Motor, BMW AG, Airbus SE, Sony, entre otras; han decidido detener sus inversiones en aquella región, hasta aclarar la situación.

Según un informe de Goldman Sachs Group, tres años de incertidumbre política le han costado a Reino Unido alrededor de 600 millones de libras por semana y han dejado a la economía un 2.4 por ciento más pequeña.

El futuro tampoco luce prometedor. Con base a información del Oxford Economics, para el 2030 el PIB británico seria un 5 por ciento menor y su riqueza neta 4 por ciento menor que la acumulada de permanecer en la Unión Europea.

La indecisión que se vive sobre el Reino Unido, es de tal calibre que tendrá efectos sumamente negativos sobre la creación de empresas, inversión, empleo y por ende en su crecimiento económico.

Desgraciadamente para la nación insular, el favorito para liderar el Partido Conservador y remplazar a May, es Boris Johnson; quien ha manifestado la necesidad de abandonar la Unión Europea para el 31 de octubre; última fecha impuesta por Bruselas.  En caso de no conseguirlo, ¿Optarán por dejar a un lado la implementación del Brexit? Esto luce complicado.

Comienza el mandato de un nuevo líder, con los mismos objetivos que han frenado el desarrollo económico del Reino Unido.

 

 

 @GmrMunoz