Luis Muñoz Fernández

En estos días la medicina se practica, al menos en sus fronteras más avanzadas, en instituciones construidas ex profeso, bendecidas o sobrecargadas con infraestructuras complejas, burocracias, organizaciones financieras e instalaciones de apoyo. La medicina ortodoxa es impensable sin sus centros de investigación y hospitales de enseñanza atendidos por ejércitos de paramédicos, técnicos, personal auxiliar, gerentes, contadores y recaudadores de fondos, que ocupan su lugar mediante jerarquías profesionales y códigos de conducta rigurosos. La maquinaria médica tiene un programa de investigación de todo lo que es objetivo y medible al servicio de una práctica de alta tecnología, estrechamente monitorizada, que justo ahora se encuentra en un momento extraordinario.

Roy Porter. The Greatest Benefit to Mankind: A Medical History of Humanity, 1999.

 

El 14 de diciembre de 1954, la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendó que se instituyera en todos los países un Día Internacional del Niño, y le sugirió a los gobiernos que designasen el día más conveniente para celebrarlo. En México ese día, que llamamos simplemente Día del Niño, es el 30 de abril. De acuerdo con lo que expresa Wikipedia:

…en todo el país se organizan actividades culturales y de entretenimiento, así como eventos de carácter artístico para promover el bienestar y los derechos de los niños. Las escuelas de los niveles preescolar y primaria, ofrecen a sus alumnos un día lleno de actividades para conmemorar el día, tales como festivales o salidas a lugares de esparcimiento.

Este 2018, en el nuevo Centenario Hospital Miguel Hidalgo, cuyo Departamento de Pediatría es uno de los más grandes, lo hemos celebrado de una manera inédita: con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes en las propias instalaciones del Hospital. Esto ha sido posible, en primer lugar, por el factor que por sí solo constituye el detonante de una serie de efectos que la sociedad de Aguascalientes empezará a notar a partir de ahora.

Este factor son sus magníficas instalaciones y espacios que hacen del Hospital un lugar que va mucho más allá del cumplimiento de las funciones tradicionalmente asignadas a una institución pública como ésta. Los hospitales diseñados y construidos con altura de miras y visión de futuro no deben circunscribirse a ser solamente lugares para la recuperación de la salud corporal (cuando ello sea posible), sino que deben ser pensados para recuperar y fomentar la salud espiritual de los enfermos, sus familiares, del personal que presta en ellos sus servicios e, incluso, de la sociedad en su conjunto.

Un punto de encuentro, de solidaridad, de armonía y, por qué no, de alegría que por lo menos mitigue el sufrimiento derivado de la violencia de la enfermedad y de la otra violencia que se ceba en los hogares, las calles y los barrios de nuestra ciudad, como ocurre ahora mismo en tantos puntos de la geografía nacional: la violencia estructural y la del crimen que agobian a todo el país.

La idea no es nueva. Ya existen en México otros hospitales en donde, junto con el cultivo de la ciencia, el arte también tiene una presencia destacada. Pensemos, por ejemplo, en el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez y sus murales pintados ni más ni menos que por Diego Rivera, a cuyo goce estético se añade su valor para enseñar la historia de la medicina universal y mexicana. O el caso del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, cuyas instalaciones, además de albergar obras de arte, son el espacio propicio para que se celebren sesiones culturales de gran calidad.

El concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes en el nuevo Centenario Hospital Miguel Hidalgo fue un extraordinario acto de generosidad y de visión progresista que no podemos soslayar. Generosidad de los músicos participantes dirigidos por el Maestro José Areán, que nos regalaron su arte sublime. Visión progresista de la arquitecta Claudia Santa Ana Zaldívar, directora del Instituto Cultural de Aguascalientes, y del doctor Armando Ramírez Loza, director general del Hospital, que iniciaron con este acto una serie de colaboraciones que seguramente tendrán los efectos positivos a los que hemos hecho referencia.

Fue muy emocionante contemplar las numerosas cabezas infantiles, algunas acompañadas de los soportes para las infusiones intravenosas, salpicando el mar de un público sacudido en su interior por los acordes que se estaban escuchando. Personal, enfermos y familiares, todos juntos en aquel espacioso patio interior lleno de luz y que, como una sorpresa añadida, ofrecía con sus muros una especie de auditorio en el que las melodías soberbiamente ejecutadas salían proyectadas directamente al corazón de los asistentes. Y como si de los palcos de un teatro se tratara, más médicos, enfermeras, pacientes y familiares también gozaban del espectáculo asomándose desde las barandas de los pisos superiores.

Este es un ejemplo de lo que puede y debe representar el nuevo Centenario Hospital Miguel Hidalgo para la sociedad de Aguascalientes. Una obra que, como los mejores hospitales públicos, es la expresión más tangible y depurada de la justicia social a cuya concreción están obligados los gobiernos de los países democráticos en todo el mundo. Lo demás son palabras que se las lleva el viento.

¡Y qué gran compromiso hemos adquirido quienes trabajamos en él! Ya no podemos permitirnos sino la grandeza que ha salvado al espíritu humano a lo largo de la historia, incluso en los momentos más oscuros e inciertos. Parece una exageración pero no lo es. Ese debe ser nuestro horizonte: la utopía del bien y la belleza que nos permite avanzar con la cabeza en alto, con la mirada fija en nuestro objetivo más preciado para llegar a ser mucho más que un hospital público convencional.

Creo que es apropiado citar estas palabras iniciales del libro La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida humana (Acantilado, 2018), del filósofo catalán Josep Maria Esquirol:

Aquí, en las afueras, vivir es sentirse viviendo.

Aquí, en las afueras, no hay plenitud ni perfección.

Pero sí afección infinita –misterio– y deseo.

Aquí, en las afueras, lo que más importa no son los inicios inmemoriales, sino el suelo, la base.

Aquí, en las afueras, nada tiene más sentido que el amparo y la generosidad.

Aquí, en las afueras, el mal es muy profundo, pero la bondad todavía lo es más.

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